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Hans Kuhn

FRANZISKUS- final del libro

Cuando los hermanos se enteraron de que se estaba aproximando el final, rodearon el lecho del padre moribundo. Como Francisco observó la pena de la despedida en sus corazones pidió pan, y al recibirlo, pronunció la bendición sobre el mismo. Como a él mismo le faltaba la fuerza, pidió que cortaran trocitos con las manos, que se repartieron entre los hermanos. Todo aconteció en silencio, en un clima solemne. Mientras que todos comían lo bendecido, se comenzó con la lectura del capítulo 13 de Juan.

“Con anterioridad a la Fiesta de Passah, siendo que Jesús se dio cuenta que para él, la hora había llegado, en la cual del mundo sensorio debía ir al mundo del Padre, se sentía embargado por el amor a los suyos, que se hallaban en el mundo. A ese amor entonces condujo a la culminación.”

Tal como si esas palabras hubiesen cobrado vida y esencia, se instalaron en el espacio: las palabras del lavatorio… de la resistencia de Pedro…, de las señales de la nueva era que el Señor les había brindado conjuntamente con el lavatorio…, del traidor… y del nuevo mandamiento, que empero ya no tenía carácter de ley, como los viejos, sino en realidad es tan solo un tomar a cargo y un dejar manar y fluir, un dejar fluir de la esencia de amor del Hijo sobre los discípulos, hacia la humanidad…

Después de la finalización de la lectura imperó el silencia durante largo tiempo. Dentro de ese silencio empero, lo escuchado no parecía extinguirse, sino por el contrario, tornarse más vivo, luminoso y esencial. Al respecto, la respiración de los hermanos se tornó claramente perceptible acompañada por la extraña sensación de que se había entrado al ámbito de la eternidad. Aquí empero aquello que acababa de ser escuchado del Evangelio por los hermanos, no era algo que alguna vez había acontecido dentro del espacio y del tiempo, sino que era expresión constante de esa eternidad de misteriosa expansión. Y  esa eternidad es Dios el padre y el Hijo y el Espíritu en la unidad. Su expresión empero consiste en el hecho de que los Tres, bondadosamente se brindan a los seres humanos en el espacio y en el tiempo. Mientras que los reunidos sobresaltados y a su vez dichosos lo experimentaron, de pronto escucharon palabras de los labios del padre: “¡Eso es,  hermanos, eso es!... a través de paciencia y de indigencia puede llegar a nosotros…”

Al atardecer del día siguiente – era el 3 de octubre y un sábado – cuando el sol con radiancia púrpura – aurea se acercó al horizonte, la respiración del moribundo se tornó tenue y más tenue.

Entonces los hermanos recordaron el pedido de su padre: “Cuando ese último momento ha llegado, colocadme sin vestimenta sobre la tierra. Dejadme en reposo allí tanto tiempo como un caminante necesita para recorrer una milla.” Cuando los hermanos vieron que había llegado ese momento, lo desvistieron y lo colocaron desnudo – tal como había llegado a la tierra, sobre los grumos.

De pronto y a una hora completamente desacostumbrada, resonó un jubiloso canto, eran las alondras que habían venido a acompañar a su amigo humano en su nuevo camino.

25.08.2016