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Claudia McKeen

El ADHS, la “ENFERMEDAD FABRICADA”

La investigación referida a ADHS, el así llamado Trastorno de la Atención – deficitario – con hiperactividad, ya está abarcando varios cientos de miles de estudios, sin que hasta hoy exista aunque fuese una claridad aproximada acerca de aquello que concierne al origen y la comprensión de esta “enfermedad fabricada” (Eisenberg). No existe correlato orgánico especifico alguno, con referencia al diagnostico de esta enfermedad, supuestamente física – los supuestos trastornos de transmisión en el cerebro no poseen comprobantes. Cada vez es mayor el número de investigadores que afirman que no se puede hablar de una enfermedad, tratándose de un espectro de comportamiento y de síntomas, que bajo determinadas circunstancias, se manifiestan asimismo en la vida de niños y de adultos comúnmente. Es así que hace poco en la Universidad de Virginia se han examinado estudiantes que no tienen ADHS, haciendo llegar durante una semana todas las noticias en su Smartphone con sonido, siendo que el aparato constantemente estuvo al alcance de su mano. En la semana siguiente, las noticias llegaron sin aviso y el aparato se hallaba distante. El resultado ha sido que lo estudiantes al cabo de la primera semana, han mostrado estar marcadamente menos atentos, no-concentrados e hiperactivos, a diferencia de la segunda semana, sin la constante interrupción a través del Smartphone ¿a quién puede causar asombro…?

Este comportamiento llama la atención de manera molesta, cuando especialmente en el caso de los niños, toma una envergadura, que ella no puede ser dominada por los niños – sobre todo cuando se les ordena participar de una actividad concentrada, de estar sentados quiero, un comportamiento educado y aprendizaje atento. No asombra entonces que el ADHS  se produce con mayor frecuencia en niños con escolaridad prematura. A estos estudios dedicados al ADHS en cantidad de varios centenares de miles, se adiciona ahora una nueva observación notoria: la atención de niños pequeños en su primer año de vida, es tanta mejor y se ocupan por mayor tiempo y más intensivamente con un objeto, cuando también la conciencia y la atención del adulto lo está acompañando. La atención plena y la concentración que el adulto dedica al niño y al objeto con el cual el niño está ocupado promueven, que el niño se oriente con mayor intensidad y concentración al objeto. La atención plena del adulto, la mirada conjunta hacia el objeto en el mundo, son condiciones previas para la concentración en el niño pequeño. La facultad para la atención se dispone en el primer año de vida, cuando el niño con sus ojos se orienta hacia diferentes objetos en su entorno, en oportunidad que el adulto muestre esa atención, cuando no hay un exceso de objetos o un rápido cambio de los mismos.

Carencia de concentración, trastornos de la atención y menguante capacidad de la memoria, son problemas de nuestra época.

La consecuencia de ello, son la inquietud y el nerviosismo y el hecho de que la incentivación en creciente medida proviene tan solo del exterior, sin tomar en nuestras propias manos la conducción de nuestra propia vida. Esto de fatal manera se transmite a nuestros niños.

26.7.2016