Volver


Dan Lindholm

CUENTOS DE  HADA, SAGAS DE LA NATURALEZA, FÁBULAS Y LEYENDAS

Es la visión arquetípica, que la escuela puede ser comparada con respecto a sus escalones con una escalera. Sobre esta escalera los niños ciertamente comienzan a trepar desde abajo, con cada año que pasa suben más, hasta alcanzar finalmente, los escalones superiores. Luego, abandonan la escuela y salen a la vida. Esta imagen es certera, al tratarse de conocimientos referidos a la adquisición de recursos. Al tratarse empero del niño mismo, del alma del niño, nos aproximamos a la realidad, al invertir esta imagen de manera absoluta. Puesto que el niño del primer grado no ha descendido plenamente a la tierra, está ubicado todavía en la altura de la escalera. Luego, escalón tras escalón va descendiendo al mundo, donde como ser humano adulto pasará su vida.

El problema del maestro es que tiene que convivir con estas dos perspectivas. Dado que ambas tiene su validez. A menudo es el contraste entre estas dos normas, que constituyen el conflicto básico en la vida del niño: la escuela edifica la escalera de los conocimientos desde abajo hacia arriba, el niño empero viene desde arriba, o digamos, de un mundo pre-terrenal. El niño trae consigo una sabiduría, que aun no se ha convertido en “figura”, que descansa en el alma al igual como la flor en la semilla. Este ha sido asimismo el criterio de Platón, al que desarrolla en el dialogo “Menon”. La sabiduría del niño es una fuerza, es una instintiva fe en lo bueno, en los poderes que prestan ayuda en la vida. Lo mismo podemos decir de la sabiduría del CUENTO DE HADAS. Dado que el cuento siempre habla deun camino que a través de todos los peligros conduce a la meta. Por esa razón – y por ninguna otra – en el primer grado les contamos cuentos de hada a los niños. Las imágenes del cuento en su conjunto, aportan la “figura”, que se corresponde con la sabiduría, la orientación vital del niño.

Y aquello que vive en el niño mismo, lo busca experimentar asimismo en el medio circundante. Es por ello que el mundo del niño es un mundo en formación. Todo se encuentra en un proceso de crecimiento, en movimiento y en generación, nada es definitivo y cerrado. Pero el niño no fuese niño, si no necesitase la ayuda del adulto. Y no hay nada mejor que pueda prestar esa ayuda que un cuento de hada bien entendido. Dado que aquello que el niño está buscando, por lo cual está preguntando, siempre se encuentra en lo “transparente”. Esto se refiere a una vivencia que en los adultos, en la mayoría de los casos se ha desecado, convirtiéndose en símbolos; la rosa simboliza al amor, el lirio la pureza. El zorro representa la astucia, la paloma la expresión del a religiosidad, etc. Para el niño, nada es simbólico ¡Las cosas SON! Todo habla y manifiesta su ser verdadero. Es por ello que el niño tampoco piensa en conceptos secos, definibles. En el niño son inseparables el pensar, el sentir y el querer, y en definitiva confluyen en una gran acción de asombro.

Es por ello que el psicólogo puede equivocarse fácilmente. Dado que el niño piensa frecuentemente. Tiene sus “pensamientos”. Por cierto que sí, pero depende qué sentido le damos a esa palabra, aqué nos referimos al hablar del pensamiento. A lo que el niño se refiere, lo muestra de mejor manera una pequeña anécdota. Un niño de siete a ocho años cierto día estaba acostado en su cama “pensando”, vale decir, sentía asombro. De pronto se le ocurrió asombrarse, acerca del aspecto de los pensamientos. Naturalmente había escuchado debates acerca de los pensamientos, en especial, acerca de aturdimiento, irreflexión y similares ¿qué aspecto tienen los pensamientos? Para un adulto, una pregunta así, es absolutamente abstracta, tan abstracta quecarece de sentido. No para ese niño en la cama. De pronto se ve rodeado por arcos constituidos por plumas o semejantes a alas, en radiantes colores rosa-lila, que desde abajo irradian, pasando por su cabeza, en dirección al cénit. Las parábolas las conocerá más adelante ¡Hacia todos lados, luminosas parábolas! Y entonces supo, con dichoso asombro: ¡Ese es el aspecto de los pensamientos! Para él, este ha sido “el pensamiento del pensamiento” y no, un concepto, sino un “arco iris”, una imaginación. Por cierto, que el niño ve al mundo con sentidos que no se diferencian demasiado de los de los adultos. Algo empero se adiciona. De manera más o menos inconsciente, está vivenciando algo diferente. El niño siente y percibe que el mundo es transparente, es como un rostro; el rostro de Dios. En realidad, el niño tiene ansia de conocer al mundo a través de un ser humano que pueda revelarle al rostro.

Quien alguna vez les ha narrado cuentos a los niños, esto lo sabe. También sabe, cuan felices y agradecidos están los niños, cuando a través de la narración vivencian, que el mundo se abre, que ciertamente se torna transparente. Dado que en definitiva el mundo tiene que haber sido creado con la misma materia del niño. La “materia mundo” y la “materia hombre”, no pueden ser dos cosas diferentes. Solamente en la proyección externa resulta ser que mundo y Dios, almay  cuerpo está separados. En su íntima realidad, mundo y hombre son UNA sola creación, en lo bueno, como en lo malo, en lo grande y en lo pequeño. Todos nosotros somos el mismo ser todo-abarcativo, en ser-humano convertido. Desde cada criatura, hacia nosotros, resuena un eco del hombre.

Otrora esto ha sido religión. Luego se convirtió en filosofía. Hoy es sabiduría de cuento de hada. Los cuentos de hada son el mundo de las imaginaciones y de las imágenes primarias, donde el pensamiento se manifiesta a modo de ala, donde el ser humano es un niño y la vida, un peregrinaje, el alma  una princesa alejada en una montaña.

Quien está narrando cuentos a los niños, puede tener una extraña apariencia. Hasta el noveno, el decimo año de vida, el niño no puede relacionarse con una persona compuesta, complicada. La simpatía y la antipatía se dividen en un radical  una de dos. Su “idealismo es absoluto; no existe una cosa intermedia entre el bien y el mal. La princesa en el cuento, es la encarnación de toda belleza, toda bondad, el gigante, la incorporación de toda fealdad. Askeladden, el hijo menor, es el punto germinal del cuento – con él, los niños pueden identificarse,  ya que requiere de todo su amor. Per y Pal, los  hermanos mayores representan el decaimiento – promueven su alegría desenfrenada del mal ajeno. Imposible la compasión con el infortunio de los pecadores.

Lo despiadado, tan típico para el cuento de hadas, constantemente ha promovido reparos en los educadores. Se han preguntado a sí mismo, acerca de si es correcto, dejar por cuenta de los niños, la autosuficiente condena de los malos y de lo tontos. Algunos relatores de cuentos de hada han intentado, pero con poca suerte, reducir un poco la “crueldad”.

La verdad es que en el cuento de hada, el alma humana es un propio juez, juez con respecto al conjunto de disposiciones y cualidades que moran dentro de nosotros. En el cuento de hadas empero, esas disposiciones se hallan proyectadas hacia una superficie objetiva de imágenes. Al ser contemplada allí por el niño, liberada del sujeto, está recibiendo la preparación con respecto a una tarea posterior, de mayor complicación, vale decir, lo autoeducación moral, imprescindible para cada ser humano adulto.

En el cuento, la bruja que finalmente va a parar al tonel ataviado con clavos, así como los hermanos mayores, a los cuales se le cortan tiras de cuero de la espalda, no son seres humanos merecedores del perdón; son en cambio la imagen de nuestra naturaleza adversa, la resistencia, con la cual tenemos que lidiar todos los días. En definitiva, los niños esto lo saben. Cuando cierta vez se expresó una duda acerca de si existen realmente los gigantes, un niño del primer grado supo la respuesta exacta: “¡Sí, es cierto, los hay – en el país de los cuentos!”

Mirado desde un punto de vista filosófico, puede llamar la atención de que a los niños de esa edad se les torna difícil comprender un carácter compuesto, con tanta mayor razón, puesto que en el mundo circundante, jamás se presenta el bien o el mal de manera exclusiva. En realidad, el bien y el mal, la sabiduría y la torpeza, lo bello y lo feo, siempre se hallan combinados. Las imágenes arquetípicas, ciertamente se cubren las unas con lasotras, la una se introduce a la otra. Si fuese correcto aquello que a menudo se sostiene, que todos nuestros pensamientos, conceptos y representaciones, tan solo son reflejo de lo observado externamente, entonces sería un enigma sin posibilidad de solución el hecho, el por qué los niños en primer término comprenden los componentes, para relacionarse recién paulatinamente con lo más próximo: la realidad tal como está en existencia.

Para la concepción platónica de la vida, no es un enigma que el niño en primer lugar toma en cuenta las imágenes originarias, las cualidades con pureza. Dado que son justamente estas imágenes arquetípicas, las que moran enel ser humano. Desde una desconocida profundidad ascienden del interior del niño ¿Desconocida? Sí, de igual manera como nuestro origen en el mundo pre-terrenal en principio permanece desconocido para aquella parte del intelecto que crece sobre los bancos escolares.

Las imágenes arquetípicas  tienen que ser visualizadas con la mirada interior. Con esa misma mirada también tienen que ser contempladas las imágenes de lo cuentos de hadas. Esa es la sabiduría del niño que durante el relato del cuento de hadas, sabe emplear al ojo interior. Por cierto que se presupone, que el narrador pueda darle vida al cuento en su propio interior. Al ser logrado esto, rara vez se plantean preguntas acerca de que esto es “verdaderamente” así. Luego descendemos un peldaño más – hacia la tierra, donde el cueto de hada se pierde en la lejanía. Por cierto que puede seguir siendo escuchado dado que siempre es una revelación. Pero ya no posee la misma actualidad anterior. Los niños en cambio, de ahora en más pueden aproximarse con nueva atención a las SAGAS DE LA NATURALEZA, las FÁBULAS y las LEYENDAS. Ahora ya no quieren escuchar aquello solamente, que a ellos mismos se refiere, quieren escuchar narraciones referidas a la naturaleza, acerca de algo que acontece en la naturaleza, presentado empero de manera tal que los niños pueden identificarse con ello. ¡Naturaleza personificada! El límite entre el cuento de hada y estos tres, las leyendas, las fábulas, las sagas de la naturaleza, es indefinido. Habitualmente, estos últimos carecen del cúmulo aquel que contienen los cuentos de hada. Se encuentran más abajo en la escalera.

La diferencia entre la saga de la naturaleza, fábula y leyenda tampoco es tan marcada. En realidad esto no se trata de lo referido al contenido, sino en el matiz dispar. Es como si cada diferente tipo se orienta hacia tres diferentes fuerzas anímicas en el hombre. En el niño estas fuerzas del alma tan solo son comparables con capullos, que se desarrollarán recién más tarde en la vida.

La leyenda, es la que penetra con profundidad mayor a la vida anímica. Es más bien comparable al sueño, más musical que la fábula y la saga. Una leyenda auténtica, siempre tiene un motivo religioso. Recordemos tan solo, las selectas leyendas  del Cristo de Selma Lagerlöf, o en la majestuosa ronda de leyendas, tejidas en torno a las grandes festividades anuales. A menudo, la leyenda es sujetada a un acontecimiento histórico. Se apodera empero del mismo, de manera tal que lo eleva lejos, por encima de tiempo y de espacio: acontece un milagro. El milagro, vale decir la esencia de la auténtica leyenda, en nuestra época conforma el motivo del desacuerdo: esto no puede ser verdad - ¡dado que el milagro interrumpe las leyes de la naturaleza!

Para una contemplación más profunda, la pregunta puede ser formulada de esta manera: ¿Cuándo acontece el milagro? La respuesta es: siempre a modo de eco, de un hecho moral, una acción, en la cual el hombre va más allá de sus barreras. Pero ¿qué significa en realidad “moral”?, ¡a no ser un hombre que se sobrepone a su limitación, que va mas allá de necesidad natural!Si el hombre haría imperar tan solo la necesidad, aquello que obliga la naturaleza, jamás podría generarse una acción moral. El hombre, al igual como los animales se convertiría en esclavo de sus procesos orgánicos. El hecho de que el hombre puede ir más allá de su propia naturaleza, en realidad es un milagro. Y justamente a ese milagro lo representa la leyenda en imágenes. Dentro del milagro de la leyenda, el niño puede experimentar algo profético que está señalando su futuro. Otrora, el niño, como hombre libre, con accionar moral, deberá realizar el mismo milagro que la leyenda nos cuenta. Tal como lo hacía Francisco de Asís, debe encaminarse al bosque, para amansar al lobo. No, mediante el látigo, sino a través del sobre-poder de la religiosidad. Y el lobo tiene que convertirse en un obediente siervo y ayudante, un protector de los niños, un guardián de las ovejas.

No con el intelecto, más bien con el sentimiento, los niños captan el sentido de la leyenda. Podemos decir que la leyenda produce el crecimiento del alma sensible en el hombre.

La fábula, poco se orienta hacia el sentimiento. En su forma clásica, por ejemplo en Esopo, sobre todo es instructiva. La imagen en sí misma, es tan solo la ilustración de la moral. El  sentido a menudo yace a modo de un nervio desnudo, justamente debajo de la superficie, es por eso que carece de toda navidad que concede credibilidad tanto a la leyenda, como también a la autentica saga de la naturaleza.

La relación entre la fabula y la saga natural puede ser ilustrada de mejor manera, mediante el siguiente ejemplo. Tenemos un muy conocido proverbio: “Quien cava una fosa para otros, él mismo cae en ella.” ¿Cómo lo hace Esopo? Cuenta una historia, que ilustra al pensamiento: “Había una vez una laucha  y un sapo. Primero, el sapo había visitado a la laucha, donde fue objeto de agasajo. Luego, el sapo a su vez quiso agasajar a la laucha. El camino de retorno a la morada del sapo conducía empero a través de un pequeño lago. Y dando que la laucha no podía nadar, el sapo la cargo sobre su espalda. Al encontrarse a mitad de camino en el lago, el sapo de repente se sumergió en el agua, de modo tal que cuando subieron nuevamente a la superficie del agua, estaba medio-muerta. Todavía estaba en condiciones de decir: “Me has engañado, sapo. ¡Pero, la venganza es del más fuerte!”. En ese mismo instante, se precipitó un águila y huyó, llevando a los dos.

Y ahora sigue una saga de la naturaleza: “Cierta vez, el zorro se fue a los pantanos de Galgle, para robar huevo – los pantanos de Galgle están allí, donde habitan los gansos silvestres.

Al llegar al lugar, el zorro se hundió en el pantano y dijo: “pasé hambre durante tres semanas - ¡pero, por cierto debería haber pasado hambre por seis semanas!”

Aquí, en la saga de la naturaleza, tenemos una clara sensación de que la imagen es lo original: el zorro, que sigilosamente se desplaza en el pantano. La situación es viva, no imaginada, sino vista. Jamás empero, hombre alguno ha visto un sapo, nadando con una laucha sobre su lomo. A través de la saga de la naturaleza, ciertamente se genera el despertar de la percepción. La idea emerge de la situación de la realidad. En la fábula en cambio, la idea se halla en existencia desde un principio, la historia de la laucha y el sapo es tan solo un modo de narrar casual. La fábula apela al intelecto; la saga de la naturaleza emana de la fuerza de conciencia del hombre.

No tenemos empero, fijar esto de manera pedante. Las leyendas, las fábulas y las sagas de la naturaleza, en definitiva son un tejido coherente de imágenes de estados anímicos dispares, a menudo, una especie de miniaturas. Allí está dada su particularidad y su encanto, pero  asimismo, una parte esencial de su importancia pedagógica.

Mientras que el cuento de hada siempre se expande y nos ofrece una sensación de lo infinito, las miniaturas crean una correspondiente concentración, en la cual el niño tiene que concentrarse alrededor de un determinado punto.

Para el adulto, que narra cuentos de hada, sagas y leyendas, resulta ser siempre, como si estuviese bebiendo agua fresca en el manantial de la juventud. Temporariamente se vuelve a sentir niño. Dado que mediante el niño que hemos conservado en nuestro interior, comprendemos al lenguaje de los cuentos. Recordamos como ha sido alguna vez cuando cada lugar, cada casa, cada jardín, cada piedra y cada flor nos hablaban: serios, o sonrientes, severos o con dulzura – en cada oportunidad, la expresión de una imagen del alma. Era como si un rostro humano nos estaba dirigiendo la palabra. Detrás de cada creación visible para el niño no existe todavía el vacío, sino un ser infinito, compuesto, tan abarcativo, que a su vez contiene asimismo su contrapartida similar al ritmo del día y la noche, luz, como así también oscuridad.

Todos sabemos lo que significa haber podido salvar lo infantil, para seguir portándolo por la vida. De ello, sobre todo da testimonio el Evangelio. Testimonio de ello brinda a su vez todo poeta, todo artista y hasta cada ser humano creativo.

Para que el niño en el hombre no se degrade, para que en cambio reciba vida y nutrición, le proporcionamos como autentico alimento del alma, las imágenes de los cuentos de hada, de las leyendas y de las sagas de la naturaleza.

7.11.2016