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Claudia McKeen

EL HERMANO ANIMAL

“Eternidades universales serán necesarias, para recompensar los servicios y beneficios que nos brindan los animales”.

Christian Morgenstern

Hace poco he leído esta frase y me ha conmovido profundamente, sobre todo porque ya han pasado más de 100 años, desde que el poeta Christian Morgenstern lo ha escrito. Cuánta más validez posee hoy, si tomamos conciencia del maltrato al cual estamos exponiendo actualmente a los animales. En películas, artículos de diarios, discusiones políticas escuchamos y leemos acerca del inmenso dolor, de las terribles condiciones que hacemos padecer a los animales, cuando por ejemplo son utilizados para las pruebas científicas o cuando los animales se convierten en productos, según criterios industriales. Lentamente estamos tomando conciencia con respecto a aquello que les estamos imponiendo, con referencia a la dignidad y la necesidad de amparo de los animales que comparten nuestra vida, y son cada vez más las personas que están luchando para la obtención de adecuadas condiciones de vida de los animales utilitarios o el desarrollo de nuevos métodos científicos, para dejar de lado los ensayos realizados con animales.

Otro problema para el mundo animal es la nueva basura que en muchos países y grandes ciudades es conducida directamente al mar. Para muchos animales, estos relictos de nuestra cultura se convierten en destino fatal. Hace aproximadamente 60 años, el material sintético hizo su entrada en nuestro mundo, en nuestros hogares. Desde entonces una enorme cantidad de bolsas, recipientes y botellas de todo tipo, redes de pesca se esparce en el mundo entero y sobre todo, llega al mar. No se descompone en el curso de siglos, sino se tritura y pulveriza y aparece en los estómagos – en todo el cuerpo – de los animales. Los peces y  los pájaros, confunden estas partes de color con alimento y mueren a consecuencia de este error. En los estómagos pueden encontrarse tapas de botellas, puchos de cigarrillo y toda clase de objetos de metal.

Otro ejemplo es la así llamada enfermedad de objetos metálicos, conocida desde hace mucho tiempo por los campesino, que afecta como grave problema a los vacunos. Las vacas en el curso de 8 horas comen aproximadamente 100kg de pasto en el campo, al cual rumian en nuevamente 8 horas, empleando 18º litros de saliva y 7 kilos de bacterias. En ocasión de esta tarea, tragan a su vez todo lo que se encentra en el campo, lo cual luego queda retenido en el estomago de la vaca: recipientes de plástico, restos de alambre con púas, clavos, etc. Estos objetos filosos pueden perforar la pared del estomago, pudiendo tener como consecuencia graves infecciones o sacrificio forzoso. En los años sesenta del último siglo se tomó nota del contexto y se intentó extraer los objetos empleando un imán, lo cual pocas veces se pudo lograr. Últimamente, se les hace tragar imanes a las vacas, en los cuales se prenden las piezas metálicas…que recién hacen su aparición en el matadero.

Estos son tan solo unos pocos ejemplo referidos a nuestros descuidos, con respecto a los caminos que puede tomar la basura producida por nosotros, los hombres, habiendo llegado el momento de asumir la responsabilidad con respecto a las materias y los productos que hemos inventado, adicionándolo a la creación.

Como humanidad, dependemos de todos estos animales, pequeños y grades, son como una parte de la creación. Les debemos una vida sana, y la posibilidad de desarrollarnos aquí, en la tierra, como así también a las plantas  y a las piedras. En su poesía ABLUCIÓN, Christian Morgenstern nos habla de la postura a partir de la cual puede producirse un cambio, un trato nuevo, diferente para con los animales, y como podemos comenzar a devolverle algo a los animales ya  la naturaleza restante: desarrollando frente a ellos, gratitud, comprensión y cuidado.

10.09.2016