Volver


Jörgen Smit

EL CAMINO FORMATIVO DEL MAESTRO

Mediante el dicho “El camino de formación del maestro”, en principio se conectan dos orientaciones formativas. Por un lado, el conocimiento exacto de la materia en cuestión, que el maestro quiere transmitirles a los alumnos; así por ejemplo, el maestro de matemática tiene que dominar su materia, tiene que haberse ejercitado en el pensamiento matemático, y constantemente tiene que seguir informándose y formándose. Lo segundo empero es que el maestro necesita un método pedagógico, mediante el cual pueda transmitirle el conocimiento a los alumnos. Al lado del exacto conocimiento de la materia, por lo tanto tiene que ser dominada  y practicada la transmisión de la materia a ser enseñada.

Fácilmente pueden presentarse dudas, al concederse importancia a una concepción del mundo y del hombre para la práctica de la pedagogía, como puede ser la Antroposofía, que va mucho más lejos que lo hasta aquí mencionado. Un vistazo realizado a las corrientes principales de la pedagogía del siglo 19 y del siglo 20, lo confirman.

Entre otras, allí hay dos corrientes, claramente definidas: por un lado, se destacan fuertemente los pedagogos aquellos que sostienen, que los conocimientos específicos, o una limitada técnica pedagógica no son lo fundamentalmente importante, sino la postura de vida en su conjunto y la ideología del maestro y la manera en la cual se introduce a la pedagogía. Esto cobra validez para muchos pedagogos, profundamente arraigados en una confusión religiosa determinada, o pedagogos tales que rechazan toda confesión religiosa, como superstición, a favor de orientaciones éticas de forma conceptual. Estos contenidos de confesión religiosa, o, los contenidos conceptuales éticos, correspondientemente no-religiosos, luego se consideran como “lo más importante”, que debería otorgar la columna vertebral a toda la actividad pedagógica. Por otra parte, se presentan pedagogos, que sostienen lo absolutamente opuesto, diciendo que la postura de vida y la visión del mundo del maestro no cobran importancia alguna en la práctica, que la misma ciertamente se encuentra “en otro piso del edificio”. Los pedagogos mencionados en último término, por ejemplo ofrecen ejemplos para testimoniar sus afirmaciones: tomemos un maestro explícitamente capaz, auténticamente dotado que no necesariamente se ha dedicado a la ejercitación y a la formación. Cuando un maestro así dotado, llega por vez primera a una clase, de inmediato tiene una relación con los niños. De hecho se puede ver que los niños quieren aprender algo de él, existe un fluir entre él y los niños. Cuando empero a un maestro de estas cualidades se le consultase con respecto a su concepción del mundo o a su imagen del hombre, de hecho sería posible que su contestación podría ser desacertada, porque no se ha formado en esa dirección ¡Así y todo, es un excelente maestro! Podemos señalar entonces que la concepción del mundo y la cognición del hombre, poco tienen que ver con la práctica pedagógica.

Otro ejemplo: un maestro que ha estudiado muchísimo, que es conocedor de múltiples sistemas pedagógicos, que ha formalizado un brillante examen universitario, etc. Llega a una clase y todo es un fracaso. Los niños no muestran interés alguno por aquello que dice. De nada le vale todo su conocimiento. No posee capacidad alguna, para la realización de una relación con los niños.

Estos son dos ejemplos, que sirven como base para la concepción de muchos pedagogos que dicen, que la concepción del mundo y el conocimiento del hombre se encuentran separados de aquello que luego en otro “piso del edificio” se agrega, como lo auténticamente práctico de la pedagogía.

Otros tal vez agregan irónicamente: la concepción del mundo y el conocimiento del hombre tienen su ubicación en discursos festivos o en artículos-guía de las revistas pedagógicas. Allí es donde debe decirse algo acerca de Pestalozzi, o acerca de la  dignidad humana, para luego ir al grano, lo propiamente practico.”

Quien se presta a un debate con estas definiciones, en principio tiene que reconocer, que contienen ideas correctas – no deberíamos desecharlas de plano. A esta postura luego empero podemos oponer lo siguiente: en los años del 80 hubo una serie de investigaciones (publicadas en periódicos escandinavos), en las cuales mediante cuestionarios y entrevistas con varios miles de jóvenes se ha preguntado: “¿qué piensas acerca del futuro? ¿Qué esperanzas tienes con respecto a lo que resta de tu vida? ¿Cómo imaginas la vida al cabo del año 2000?” allí se supo sorprendentemente, que el 75% de los jóvenes contemplaban al futuro sin esperanza alguna y decían al respecto: “No creo en el futuro, es como un abismo negro al que estoy viendo, creo que todo sucumbe, y que ya no existe posibilidades de vida en el nuevo milenio.” El 75% de los jóvenes tenía ese criterio.

Naturalmente siempre existen los jóvenes un poco melancólicos e hipocondriacos, contemplando al futuro, de modo tal que lo lógico sería suponer una contestación del 10% en esa dirección. ¿Pero, el 75%? Esto, no ha existido nunca, dado que la esperanza y el criterio positivo yacen en el ser de la juventud. ¡La exaltación es parte de la juventud! Por cierto que muchas esperanzas se desvanecen, no muestran ser desilusiones, pero luego aparecen nuevas esperanzas. Un joven ser humano sano se ubica en la vida con fuerza y entusiasmo ¡Ahora empero, entre estos jóvenes seres humanos hay un 75%, que exentos de esperanza miran un “abismo negro” en el futuro! Contra ello, nada puede el conocimiento del maestro, ni ninguna técnica pedagógica, por mas facultades diferentes que el maestro haya adquirido. El problema a yace a una profundidad mucho mayor. Afecta al núcleo vital del hombre. Un joven ser humano sin futuro, está paralizado en toda su postura frente a la vida. Esto posee esenciales consecuencias, tanto para el pensar y el sentir como así también para el querer. Cada evolución humana, de manera más o menos consciente, porta la esperanzada mirada orientada hacia adelante, la amorosa entrega al aprendizaje a través del trabajo y del trabajo con la finalidad del aprender, en ocasión de lo cual el hombre supera la posición que está ocupando en ese momento.

Entonces, el futuro es algo que se sobre-entiende – a pesar de las dificultades, los impedimentos, los fracasos que puedan producirse, luminoso y promisorio, impulsando a la voluntad, a una apuesta apasionada. Cuando empero el futuro fundamentalmente es considerado negro y exento de esperanza, la fuerza del desarrollo interior forzosamente se tiene que embotar.

¿Qué acontece con el pensar, al padecer una paralización tal? De todos modos se torna superficial, ya que a los hechos los contemplamos solamente de afuera, al suponer que todo sucumbe. No existe ya un real interés por una cosa. En el sentir, mediante el cual  en realidad siempre estamos comunicados con el mundo, confluyendo  con el mismo, el ser humano comienza a relacionarse únicamente consigo mismo, en el momento en el cual todo es negro para él. De esta manera, el sentir se enferma, teje un capullo en el cual se refugia dentro de sí mismo ¿y el querer? Ya sea que se paraliza por completo, de modo tal que no resta iniciativa alguna, o cuando se trata de una persona colérica, la voluntad se encoleriza, llegando a la brutalidad. Se producen actos de violencia brutal.

La problemática que aquí se produce está relacionada con la fuerza del desarrollo del hombre y tenemos que formularnos la pregunta: ¿acaso los maestros, padres o educadores o pueden ayudar a los niños o jóvenes a partir de fuentes profundas? ¿Pueden incentivar algo en los jóvenes seres humanos, a través de todo lo demás que debe ser aprendido?

Un campo así, seguramente tendría prioridad frente a todos  los demás conocimientos y habilidades, dentro de los cuales el maestro tiene que ejercitarse. Dado que si el maestro logra apelar a la fuerza evolutiva  más entrañable en el hombre, se promueven esperanzas para el futuro en los niños.

Contemplemos al ser del hombre: en la habitual ciencia pedagógica, existen dos grandes regiones, que se remarcan en medida más o menos fuerte en su significado para la educación. Se trata por un lado de la investigación referida a la herencia y por el otro lado se trata de la sociología.

La investigación de lo hereditario se inclina hacia la concepción: a partir de los genes, a partir de lo puramente referido al cuerpo todo ya está prefijado y tan solo tiene que desarrollarse. Los sociólogos en cambio, aunque reconocen la necesidad del fundamento hereditario, remarcan en mayor mediad las influencias provenientes del medio circundante. Lo que el hombre es, proviene directamente de las influencias de su entorno, de los padres, de la sociedad. Al emplear este criterio por ejemplo con respecto a Mozart, esto nos conducirá a la extrema aserción: cada persona podría convertirse en un Mozart si tuviese la oportunidad de crecer bajo las mimas condiciones ambientales como Mozart.

Aquí, esta concepción entra en lo absurdo, al igual como el criterio opuesto, que el hombre puramente es un producto de sus genes. En ambos casos, el hombre es reducido por completo y en realidad de hecho desaparece. En uno de los casos, se convierte en un mero cumulo de moléculas, dentro del cual empero según su cualidad, ya no está en existencia. Lo mismo acontece cuando se lo remite tan solo a las influencias del medio circundante, dentro de las cuales se ha movido.

En estas consideraciones, algo permanece sin ser tomado en cuenta, lo cual está dado en la pregunta existencial que como ser humano adulto siempre podemos formularnos: ¿qué estás haciendo ahora, en este momento, con respecto a la situación de tu vida? – una persona se encuentra en una situación de su vida, en al cual tal vez existan muchas dificultades.

Dentro de sí, naturalmente porta determinados hechos y existen además, condiciones previas externas. Si empero tan solo sumáramos aquello que actúa de manera determinante desde el interior, con aquello que desde afuera cobra efecto sobre el hombre, para promover una acción de ello, lejos estaríamos entonces de la realidad. Dado que en una determinada situación, siempre se genera la pregunta, acerca de cómo puedo  manejar yo mismo la materia de mi vida, elevándome un peldaño más, sobre mi mismo en mi desarrollo.

Naturalmente existe la posibilidad del no hacerlo, entonces sigo siendo como soy, aproximándome a ser un producto de aquello que procede del cuerpo y de aquello que posee un efecto determinante, proveniente del medio circundante. De esta manera, aproximadamente, no del todo, comienzo a convertirme en una cosa. Pierdo mi ser-humano propiamente dicho.

Tratemos de contemplar estos dos aspectos a partir del ejemplo de un niño pequeño. En la mayoría de los niños pequeños, antes de que se yerguen, estamos en una fase del arrastre. Existen excepciones, en las cuales el niño del estar sentado pasa directamente al erguirse, pero esto ocurre rara vez. La mayoría de los niños pasa por una fase más o menos larga del arrastre, en la cual se deslizan por el suelo, desarrollando una gran capacidad al respecto, antes de tomar la decisión de la erección.  Y hasta podríamos suponer que estaban por quedar allí para siempre. Pero entonces llega la erección, que empero necesita dos condiciones previas. En primer lugar, la figura humana tiene que estar dispuesta de manera tal que posibilita la erección. En el supuesto caso de una discapacidad, todo esfuerzo sería inútil. Por lo tanto existe una condición previa, desde el lado del cuerpo. Tiene que estar en existencia, una figura humana suficientemente sana. Con ello, está dada la posibilidad de la erección, pero no necesariamente se produce. El niño podría seguir arrastrándose a no ser que la fuerza de erección se inflame en esa posibilidad.

Por afuera, el niño está rodeado por personas adultas, que se mueven erguidamente y en el niño se halla en existencia una poderosa fuerza de imitación,  mediante la cual todo se percibe. Por lo tanto el niño percibe las figuras erguidas en su andar – pero ¿tiene que imitar las mismas? Desde el medio circundante y desde el cuerpo tienen que estar dadas determinadas condiciones previas, pero luego viene lo realmente sorprendente: el niño DE HECHO se yergue y da los primeros pasos. Ha alcanzado una nueva etapa frente a aquello que ha sido con anterioridad. En estos dos lados, se evidencia una enorme fuerza de desarrollo en el niño, que de ahora en mas forma una base para todo el resto de la vida.

Naturalmente muchos no podrán recordar este punto en la biografía propia, a pesar de que existen personas que en su memoria logran retornan plenamente a esta época, del primer instante de la erección, esa JUBILOSA alegría. Pero aunque no se tenga este recuerdo, podemos contemplar al os niños pequeños, sentir y vivenciar lo que acontece en este instante.

Este proceso puede ser comparado con otro proceso, aquel en el cual no dejamos que el niño se levante por su cuenta, entregándole una MAQUINARIA PARA CAMINAR, con cuya ayuda se podrá parar. A menudo – no con demasiada frecuencia, pero igualmente en demasiados casos – sucede que padres impacientes no pueden aguardar al momento de la real madurez. Entonces, le dan al niño un aparato rodante con un marco sobre rueda y con cuerdas. Sin que el niño pueda erguirse por sí mismo, es sujeto en este marco y mueve los pies, a pesar de no poder pararse ni caminar. Mediante un caminar-aparente, va rodando con ese aparato. ¿De qué se trata esto? Es una antelación al desarrollo ¡inmadurez! Esto puede ser empleado como imagen, con respecto a profundos reglamentos más adelante en la vida, tanto en el caso de los niños como también en los jóvenes y los adultos.

Siempre tiene que haber sido experimentado una determinada etapa, antes de haber alcanzado la madurez y la capacidad para ascender un nuevo escalón. Recién entonces podremos compenetrar plenamente ese nivel para desarrollarnos en dirección a la siguiente etapa. Aquí estamos contemplando al SER-FACULTATIVO EN ESTADO DE MADURACIÓN del hombre en las etapas del desarrollo. A partir de sus investigaciones, Piaget, el famoso pedagogo y psicólogo suizo, ha reunido un voluminoso material, mediante el cual pudo observar muchas de estas etapas, con relación a facultades diversas en el desarrollo del niño. Los resultados de estas investigaciones les han servido a muchos pedagogos, que de esta manera por ejemplo han podido notar, que con niños de 9 años habían hablado como si tuviesen 12 años. Habían dejado de considerar por completo al grado de evolución de los niños con respecto al pensar y al lenguaje y no habían tomado en cuenta que el niño en su decimo primer año de vida pasa por un determinado umbral en el cual se modifica la relación de su pensar hacia el habla. Hasta el 11er año, el pensar se encuentra tan fuertemente portado por el habla y entrelazado con el mismo, de modo tal que la palabra, la percepción sensoria, la representación y el concepto forman un todo pleno de vida, y no pueden ser separados entre sí en el mismo sentido nítido, como en el caso del adulto. La consciente diferenciación de la palabra y el pertinente concepto abstracto, se desarrolla recién manifiestamente, al cabo del 11er año.

En tales leyes evolutivas, naturalmente siempre existen casos de excepción, vale decir, una dispersión a través de un lapso de tiempo menor o mayor (1- 2 años). Debido a las investigaciones realizadas por Piaget, estos maestros entonces han podido tomar encuentra estas etapas evolutivas de los niños.

Otros pedagogos empero, mostraron no estar convencidos. Decían que aunque Piaget, había comprobado la existencia de ciertos umbrales evolutivos, lo cual no necesariamente tenga que impedir al maestro al bajar estos umbrales ¡ya se pueden realizar prácticas con los niños! Creo que de hecho estos maestros tienen razón. Es posible bajar estos umbrales en el desarrollo de los niños, de esa manera acontece empero algo correspondiente debido, al igual como en el caso de la maquina andadora. Se adelanta artificialmente un paso evolutivo, provocando algo muy desastroso en el ser del hombre: ¡carencia de madurez!

Saber o poder hacer algo, no significa haber adquirido ya, la madurez para realizarlo. Cuando falta la necesaria madurez, esto conduce a un conocimiento superficial, que tal vez podamos presentar en ocasión de un examen, siendo que interiormente no estamos plenamente al tanto. Naturalmente no existe un parámetro para la respectiva madurez, por el hecho de que cada persona se desarrolla de manera individual y por lo tanto posee una madurez propia. En el tipo de madurez empero, existen cualidades esenciales que adquieren importancia en cada caso.

En ocasión de cada impresión sensoria, nos abrimos frente al mundo. En realidad, en todas las impresiones sensorias existe algo de amor. Al notar un cielo azul, una verde pradera, nos sumergimos allí, nos expandimos allí, amorosamente. Luego empero nos hastiamos un poco, relegamos la impresión. Cuando una persona está hablando, inicialmente escuchamos con atención aquello que tiene para informar. De pronto empero supera nuestra capacidad, nos alejamos, queriendo separarnos de la impresión, nuestro comportamiento se torna antipático.

En todas las relaciones hacia el mundo, tenemos estas dos cualidades, de que primeramente nos abrimos y nos conectamos con el mundo para luego asumir una postura propia. Ambas cualidades se complementan. Entre estas polaridades se genera un refinado accionar compartido, a partir del cual recién se posibilita un desarrollo.

Estas dos tendencias también las encontramos en lo anímico.

Mediante una imagen algo extraña las quiero denominar la “postura de goma” y la “postura de plastilina”. Dado que si tomamos una pelota de goma y la apretamos, al soltar desaparece la impresión sin dejar rastro. Existe una tendencia de esta manera en el hombre, que le permite mantenerse firme, frente a todo aquello que desde afuera ejerce influencia sobre él.

Al tomar un cambio un trozo de plastilina, presionando sobre la misma, esa impresión permanecerá. De esta misma manera, también existe otra tendencia en el hombre de permitir una fuerte impresión sobre él, desde el mundo exterior. Naturalmente, no podemos encontrar persona alguna que dentro de sí porte únicamente lo uno o lo otro. Existen empero personas que dentro de sí portan mucho de la “postura-goma!, personas rebosantes, autosuficientes, en las cuales no deja mella ni impresión aquello que se le dice. Luego existen otros, que ampliamente son impresión de lo dicho por el padre, por la madre. Cuando alguien les dice algo, eso penetra profundamente en ellos, dejando una impresión permanente. También al adicionarse una nueva vivencia, esta se ubicará a modo de una capa sobre lo anterior. De esta manera esas personas tienen vivencias siempre nuevas, que todas se conservan.

El hombre naturalmente tiene que poseer dentro de sí, una parte de ambas partes, de otro modo, no sería persona humana. Dado que mientras que solo asume la “postura-plastilina” “el hombre no accede a un desarrollo individual”. Es entonces producto del mundo exterior. Mientras que empero se mantiene exclusivamente en su “postura-goma”, tampoco entonces permanece siendo como es. (Ver al respecto g A59)

Un desarrollo pleno de sentido puede tener lugar recién, cuando ambas cualidades se reúnen. Comenzamos con el lado, desde el cual recibimos algo desde afuera; ya con anterioridad, dentro de nosotros existen determinadas fuerzas, pero nace un interés por aquello que acontece afuera, refrenando aquello que es del dominio nuestro. En cierto modo, estamos adoptando la “postura-plastilina”. No nos detenemos en ello, sino que elaboramos la impresión mediante vigorosa actividad propia, de manera tal que se genera un triple paso: en primer término tiene que tener lugar un fuerte desarrollo propio, luego tenemos que retrotraernos y tenemos que abrirnos al mundo con entrega. No nos detenemos empero en esa apertura, sino que comenzamos a elaborar lo así adquirido. Con ello hemos llegado a un nuevo peldaño y este hecho puede ser percibido en cada desarrollo, como vigor en la persona. Así, como el niño pequeño se yergue, llegando de esta manera a un nuevo nivel, también el adulto puede erguirse, contemplarse “desde arriba” y decirse: has vivido en una determinada manera, pero así como ha sido, ya no puede seguir. Despierta y abandona el puesto en el cual estaba.

Esto empero solamente puede ser realizado a través del mencionado triple-paso, en el cual nos abrimos con respecto a lo nuevo, tras lo cual procedemos a la elaboración, el tratamiento.

Cuando más vigorosa es esa fuerza del desarrollo dentro del hombre, tanto más imposible se torna, orientar la mirada hacia un futuro negro. Hemos percibido dentro de nosotros mismos, la infinita fuerza evolutiva de la humanidad, y por más oscuridad que pueda existir a nuestro alrededor, siempre podremos afirmar: se trata tan solo de lo dado de la materia; la cuestión entonces es, qué puedo yo llevar a cabo con esto. Ahora se tiene la fuerte convicción de esa fuerza de desarrollo, por sentirla en nuestro interior, sabiendo que existe y se confirma. Existen allí, toda clase de etapas, en las cuales el hombre puede notar esa fuerza del desarrollo de la evolución dentro de sí. Puede tratarse de un sentimiento intuitivo, que empero afirma con claridad: “podrás avanzar, no está obstruido tu camino, no estás condenado a ser sometido desde afuera a través de diversas influencias, desde tu interior puedes valerte constantemente de nuevas fuerzas, para la consumación de tus tareas.”

Poco a poco, esto luego puede ser asumido con mayor conciencia. El hombre aprende a conocer su fuente eterna del ser, para la cual toda situación de la vida, tan solo constituye materia, una prueba, una oportunidad para desarrollarse de hombre incompleto, imperfecto, hacia el verdadero ser humano. Y a su vez: cuanto menos se activa esta fuerza del desarrollo, tanto más dependemos de una situación exterior, exenta de esperanza y expectativa. Entonces, de nosotros se apoderan las lúgubres perspectivas del presente, los problemas ambientales, las hambrunas en todo el mundo, las guerras, etc. Nos quitan todas las esperanzas. De esta manera se socava la energía del desarrollo en el hombre y en las comunidades humanas. En ellos consiste una de las más terribles enfermedades del alma de la actualidad. Con ello asimismo retornamos a nuestra pregunta inicial, acerca de qué puede emprender un maestro en la escuela, frente a esta ausencia de esperanza, que se va expandiendo más y más.

El maestro, por supuesto que debe haber adquirido al conocimiento de la materia, y también tiene que saber cómo transmitirlo a los niños.  Ambos elementos empero, tienen que sumergirse en el ser evolutivo del hombre. Solamente de esta manera, el maestro puede apoyar a los niños en su desarrollo. No puede simplemente introducir algo en ellos, dado que entonces los estaría tratando como la plastilina. Pero puede fomentarlos, de modo tal que en ellos se despierte el interés de elaborar ellos, lo allí presentado. Recién entonces se genera  madurez autentica, correspondiente a la edad respectiva. Esta fuerza de madurez a su vez ayuda a poder soportar dolores y resistencias, y ciertamente, otorga un clima de dicha interior. Solamente, cuando los niños y los jóvenes pueden activar esa fuerza en su interior, el maestro les puede brindar ayuda.

En este punto, se ubica la importancia central del camino de ejercitación de la Antroposofía, dado que se trata de las mismas fuerzas, que inconscientemente actúan en el niño, cuando aprende a caminar, hablar, pensar, siguiendo estando presente de esta manera en el correr de la niñez, que ahora está activando el adulto, cuando conscientemente avanza a grados superiores de su evolución y su conocimiento. El niño y el joven nada saben de la efectividad de las fuerzas del desarrollo, la persona adulta empero, puede valerse de las mismas conscientemente, cultivándolas con esmero.

La activación de la fuerza del desarrollo en el hombre, naturalmente es posible en todas las situaciones de la profesión y de la vida. Lo particular del maestro es que este elemento general-humano, se orienta hacia la tarea pedagógica ¡Contemplemos al camino formativo en ese sentido! La primer manera de ejercitación, es el incremento de fuerzas plasmadoras interiores. Esto se refiere a lo siguiente: en la vida común, por ejemplo en la ciudad, se abalanzan sobre nosotros desde afuera, miles de impresiones a través de la publicidad, la televisión, los diarios, etc. Entonces tiene que desarrollarse la fuerza interior, en la cual se excluyen todas las impresiones sensorias: se practica la edificación  consciente de una imagen interior, siendo que interiormente, la pintamos con fuerza  y nitidez, con colores y formas, con tanta fuerza y con tanta nitidez, que supera aquello que podemos ver en lo exterior. Contemplamos por ejemplo con los ojos abiertos una rosa con hojas verdes y una flor roja. Luego cerramos los ojos, tratando de de pintar interiormente, la imagen de la rosa. A continuación comparamos las dos impresiones en su vigor, la calidez del rojo, el sustancioso verde, con los ojos abiertos, con aquello que se genera en el interior, cuando se pinta una rosa con los ojos cerrados.

Muchas personas de la actualidad sin embardo no están en condiciones de aplicarle color a la rosa interiormente. La vivencian de manera gris, dado que dependen de manera tal de las impresiones externas, que se halla paralizada la fuerza plasmadora interior. Esto de  hecho no significa, que no puedan desarrollar esa fuerza plasmadora, dado que puede ser practicada. Para ello, se contempla al rojo de la rosa, se cierran los ojos para pasar entonces a SENTIR la calidad del rojo. Entonces en un comienzo seguirá estando gris, cuando lo queremos pintar interiormente. Por lo tanto tenemos que referirnos reiteradamente a la percepción, dado que lo decisivo es, que cuando nada sentimos en las impresiones sensorias, vivenciando con indiferencia las cualidades del rojo, del verde, del azul, etc. estamos  generando un clima anímico gris en nuestro interior. Cuando empero en ocasión de cada impresión sensoria, la acompañamos diferenciadamente y con profundidad – dado que cada impresión tiene un eco propio, especifico – entonces podemos generar una imagen interior colmada de sentimiento. Con ello, se indica un primer paso en el camino de la ejercitación de una vigorosa vida interior ¿qué significa empero esto para el maestro?¨

Cuando los niños del primer grado hasta el décimo segundo grado en cualquier materia tienen frente a ellos al maestro, el mismo está representando al mundo entero y el niño lo está aceptando con gusto. Cuando el maestro empero, configura la clase de manera superficial o de manera informativa, esto constituye carencia nutricional para los niños. Cuando el niño cumple siete años, en su alma despierta una tenue posibilidad de la capacidad interior de la imagen, tanto en el recordar, como también en la fantasía, y esa facultad es diferente a aquella existente con anterioridad a los siete años. También con anterioridad a esa fecha, el niño tiene memoria, recuerdo y fantasía, allí empero los mismo están presentes en las vivencias sensorias del cuerpo.

Al cabo del séptimo año de vida, estas fuerzas se emancipan y se produce una nueva legitimidad. Ahora, aparte de las impresiones sensorias externas, el niño puede producir algo en el interior, y en ese mundo interior, ahora puede aprender mu chas cosas. Lo inicia de manera diminuta y delicada en el primer grado y es por ello, que el maestro puede iniciar la enseñanza. Para ello, tiene que trabajar en cada objeto del material a enseñar previamente de manera tal que en su interior lleva una imagen respectiva. Entonces, puede hablar de diferente manera con los niños y se genera una evidente vida en el aula, en la cual se observa que los niños están escuchando de diferente manera. Cuando el maestro tan solo ha leído algo en un libro, y lo ha aprendido de memoria, sin la adición de esta imagen interior, puede relatar lo que quiera, y no podrá acceder a la atención de los niños. Se incentivan un poco, se genera un estimulo superficial, perdura un instante, para desaparecer después. Cuando el pedagogo empero, en cada asunto que relata ha trabajado en esa imagen interior viviente, entonces podemos observar, como los niños comienzan a RESPIRAR de manera diferente. Viven con el asunto y de hecho podemos observar, como comienzan a crecer las imágenes en el interior.

Allí empero se representa tan solo una primera etapa, dado que el maestro podría caer en una terrible tentación. Cuando descubre el efecto de sus palabras sobre los niños, esto resulta ser enormemente fascinante y peligroso. Está viendo frente a él, todo el grado que asimila las maravillosas imágenes y entonces comienza a narrar más y más, al iniciar A GOZAR A SÍ MISMO. Se trata por lo tanto recién de una primera etapa del camino, en el cual el maestro les brinda “Alimento” a los niños. Primeramente se tiene algo, que puede dar algo a los niños – autodominio.  Luego sigue la segunda atapa, en la cual nos retrotraemos. Pero también aquí tiene que detenerse, dado que lega la tercera etapa, la elaboración a partir de las fuerzas propias. Los niños tienen que emprender algo con lo dado. Esto tal vez pueda acontecer al día siguiente, mediante ejercicios de la memoria, ejercicios artísticos, etc. Al cabo de cada  asunto, los niños tienen que poder   hacer algo, para poder elaborarlo, de otro modo se tornan dependientes de manera equivocada  y se debilitan interiormente.

¿De qué manera, el maestro puede alcanzar ese peldaño? Esto no es fácil para él, porque ahora ciertamente tiene que “meterse” dentro de los niños. Esto no se refiere a algo así como una experiencia mística, sino a algo absolutamente concreto.

¿Cómo empero podemos conocer a los niños? En primer lugar tenemos que observar con exactitud al comportamiento de los niños, su aspecto exterior, su manera de moverse, de hablar, etc. Por lo tanto la observación psicológica resulta ser una primera necesidad. El segundo paso, es el compartir al sentimiento de aquello que acontece en ese momento. En esto empero consiste tan solo un lado de asunto.  El otro lado, fácilmente se descuida frente a lo mencionado en primer término, desarrollado en la mayoría de los maestros eficientes. El maestro tiene que preguntarse: ¿Cómo he sido yo, cuando tuve la edad de estos niños? Será posible para mí retornar a la etapa en la cual tuve siete años, de modo tal que en mi interior puedo descubrir con exactitud lo esencial de esta etapa de la edad?

Para ello se torna necesario un largo camino de ejercitación. Ahora no se instruye la fuerza plasmadora incrementada en el interior sino que la propia vida tiene que ser elaborada lentamente y profundamente. En el supuesto caso, de que el maestro tenga 25 años, y ahora la mirada hacia el tiempo en el cual tenía 18 años. ¿De qué manera puede realizar la elaboración? En un comienzo tendrá que recordar con exactitud y tendrá que re-vivir aquello que aconteció entonces. Esto empero, no es suficiente, dado que ahora tiene que intentar de contemplar esa situación desde arriba, tal como si se tratase de una persona ajena. Tiene que distanciarse de sí mismo y tiene que interrogarse acerca de lo esencial y lo no esencial. Al respecto, se trata de un ejercicio básico en el camino cognitivo de la Antroposofía. Muchos hay, que emprenden este ejercicio, que empero solo logran llevar a cabo al primer paso por la memoria, no pueden ejecutar la decisión acerca de lo que ha sido esencial y aquello que no lo ha sido y no pueden avanzar. ¿Cómo se adquiere lo capacidad de decisión con respecto a lo esencial y lo no-esencial? Existe una clave mediante la cual podemos abrirnos el acceso a esa pregunta. Tomemos un ejemplo: alguien se encontró en una situación difícil en lo social, en la cual lo había ofendido un amigo, hecho que lo había herido interiormente. Pueden ver, como tal vez se haya dicho: esto es una injusticia, no es verdad lo que me ha dicho, no permito que me ofendan de esta manera. Con ello, pudo ser superada la ofensa ¿en este proceso, qué ha sido lo esencial el contenido de la ofensa, o la fuerza, mediante la cual puso ser superada la ofensa? El contenido de la ofensa no juega un rol, frente a la fuerza de la superación ¡allí está dada la clave! Cuando en ocasión de la mirada retrospectiva nos formulamos la pregunta con respecto a lo esencial, tenemos que contemplar las fuerzas, que se desarrollaron en una determinada situación de la vida. Al respecto nos encontramos con lo esencial, que posee un significado mucho más profundo, que el acontecer exterior del momento.

Una vez alcanzado este peldaño, se adiciona lo siguiente: se formula la pregunta, cómo se produjo la posibilidad de la generación de una determinada situación. Al respecto aparecen en mayor medida, las demás personas. Si hubiese estado solo, la situación referida  no hubiese podido acontecer, y no hubiese habido posibilidad del desarrollo de nuevas fuerzas. Por lo tanto, las  otras personas habían sido necesarias e imprescindibles, para este proceso. De esta manera, podemos darnos cuenta de la profunda importancia de las demás personas, con respecto a nuestro propio destino. En principio toda persona, en la retrospección de su vida tiene una concepción falsa, aunque natural: supone que ella misma constituye un centro, alrededor del cual se agrupan las demás personas. Nos consideramos siempre, como punto central importante frente a las otras personas, que van apareciendo como figurantes en la periferia. Recen en la mirada retrospectiva hábil, nos damos cuenta de su importancia y de esta manera, el punto central inicialmente grande del yo se va achicando, hasta luego desaparecer por completo, mientras que los puntos periféricos van en constante aumento. La desaparición del p unto central, constituye tan solo una etapa de transición al respecto. Va creciendo el interés por aquello que vive en los demás, hasta que uno mismo desaparece por completo. Entonces se justifica la pregunta: ¿Acaso solamente soy centro, solamente dentro de mí,  y no lo soy en los demás? Comenzamos a vivenciar una capa superior del ser propio dentro de las otras personas, y se siente, que no estamos separados de ellas. Este ente superior es activo a lo largo de toda la vida y ahora comienza a despuntar lentamente. Por lo tanto este es el segundo lado del camino de ejercitación, que ahora podemos resumir: en primer lugar, la mirada retrospectiva, recordar, lo que aconteció luego, objetivar y contemplarse desde arriba- la pregunta referida a lo esencial y lo no-esencial – prestar atención a las fuerzas del desarrollo propio – ascender dentro de las otras personas, para poder hallar LENTAMENTE, la unidad superior del propio ser. (g A10)

Esto deberá ser llevado a cabo de manera retrospectiva a través de la vida propia, para llegar a la edad en la cual se encuentran los niños, a lo cuales les tenemos que impartir enseñanza. De esta manera podremos llegar a los niños y no, desde afuera.

El maestro vivencia lo esencial de una determinada edad y como los niños lo vivencian a él mismo.

Esta es la condición previa del  hecho, de que el maestro puede retrotraerse. Previamente tuvo que haber desarrollado vigorosas fuerzas interiores, para que pueda tener algo para ofrecer. Luego empero tiene que  retrotraerse y “meterse” dentro de los niños. Con ello, está creando un espacio, en el cual los niños podrán manejarse con la materia dada a conocer, transmitida por el maestro.

El camino de ejercitación del adulto, su desarrollo espiritual con las dos columnas del fortalecimiento de las fueras interiores y de la elaboración de la vida propia, se ofrecen servicialmente para el desarrollo de los niños. De esta manera, el maestro puede reconocer la importancia de las dos columnas, que naturalmente también pueden ser implementadas en otras profesiones, acorde a la situación. Si tan solo realizara la retrospección de la vida, por cierto que tendría una profunda comprensión de los niños, pero no podría brindarles enseñanza. Y por otra parte, si tan solo tendría instruidas las fuerzas plasmadoras interiores, mucho tendría para cortarles a los niños, pero sin dejar en libertad a los niños al respecto. Ambas partes por lo tanto tienen que estar reunidas, tal como lo son la mano derecha y la mano izquierda. Cuanto más se fomentan estas dos fuerzas, en tanta menor medida el hombre sin esperanza orientará su mirada  a un futuro pleno de negrura. Cuando una persona se encuentra en una situación vital difícil, con fuertes tensiones sociales, y con un deficiente estado físico, podemos constatar lo siguiente: cada situación difícil, en principio sin haber sido resuelta, siempre tiene al menos dos diferentes causas de su no-resolución. Por un lado, somos débiles e indolentes, con escaso desarrollo de iniciativa espiritual, poca fantasía creadora. Por el otro lado, no estamos debidamente al tanto de nuestra situación de vida, no conocemos suficientemente nuestra relación hacia el mundo y hacia otras personas. A menudo cuesta encontrar un camino simple y directo. Pero siempre es posible hacer algo e implementar ambas columnas del camino de la ejercitación: en primer lugar, el fortalecimiento de nuestra fuerza espiritual interior, sin la cual no podemos avanzar ni un paso, con la cual, de manera exclusiva, nos tornaríamos empero más egoístas. Luego, la elaboración de la vida propia, siendo que el hombre por sí mismo, se va desprendiendo de sí, tajo tras tajo, de manera tal que en mayor medida entra a los demás, entra al mundo. Entonces, todo empieza a circular: fortalecimiento de la actividad propia – penetrar a los demás a través del sentimiento. De esta manera, el conjunto se va acrecentando, convirtiéndose en una fuerza creciente.

¿Qué es lo que porta dentro de sí esta fuerza? Porta futuro dentro de sí, ya que el hombre puede entonces tener una imagen del futuro – aun cuando no puedan verse los pormenores – porque esa es la fuerza configuradora de la humanidad. Esa la puedo sentir en mi interior y a la par, me siento relacionado con la otra persona.

A partir de la conjunción de ambos ejercicios, resulta una inquebrantable esperanza con respecto al futuro. No se produce sin embargo, cuando tan solo llevamos a cabo uno de los dos ejercicios. Vive dentro del movimiento-péndulo entre ambos, en la fuerza de erección del hombre.

Así, como en una determinada situación de la vida, logramos erguirnos nuevamente, esta fuerza también puede ser empleada en el encuentro con los niños. Dentro de la misma, se encuentra una infinidad de fuerzas ocultas, no registradas, que pueden ser despertadas lentamente, una tras otra – no de manera vertiginosa, eso significaría la implementación de la máquina de andar.

Al contemplar todos estos requerimientos, podemos ver las carencias existentes en el presente. No faltan los conocimientos pormenorizados, que en cantidad de millones se están elaborando en la computadora, no faltan tampoco las facultades individuales. Lo que falta, es la suficiente conciencia y el suficiente ejercicio de esta fuerza de desarrollo plasmadora de madurez y en el hombre y en la humanidad.

Al contemplar a los políticos preguntándonos: ¿acaso carece de inteligencia, la causa de todos los inconvenientes se debe  tal vez a una falta de conocimiento? No, no es este el caso, puesto que poseen elevados cocientes de inteligencia y enormes conocimientos-descontando excepciones. Lo que empero efectivamente falta, es la madurez interior de las fuerzas evolutivas, el sentido con respecto a  lo esencial. Las mimas tienen aun, un elevado grado de subdesarrollo, sobre todo, en los países industriales, altamente industrializados.

Aquí yacen grandes misiones para el futuro. Misiones que no pueden ser resueltas individualmente, dado que su solución es posible tan solo a través de la tarea mancomunada. Al respecto, le incumbe una misión especial a las Escuelas Rudolf Steiner. No solo el maestro individualmente tiene que recorrer su camino  evolutivo y de ejercitación, sino también el colegio en la comunidad escolar. Esto, por mucho aun no se domina, tampoco en las Escuelas Waldorf. Y están muy lejos de esta meta. También allí, se presenta un campo de ejercitación para el futuro.

Con ello he tratado de mostrar, que la concepción del mundo y el conocimiento del hombre, no pueden ser concebidos de manera superficial, sino como pueden y deben ser desarrollados y practicados en un camino de ejercitación. Recién entonces, la concepción del mundo y el conocimiento del hombre pueden fluir positivamente hacia la práctica de la vida.

19.9.2016