Volver


Renoud Engelsmann

JUNTOS EN LA CORRIENTE DE LA VIDA – METAMORFOSIS DE LA POSTURA INTERIOR DEL ADULTO FRENTE AL NIÑO

Permítanme, remontarme al aspecto presentado al final del discurso de Clara Aerts:

El espacio vital y  el tiempo que le dedicamos al niño, pueden formar una especie de espacio protector, que estimula un sano desarrollo. Considero que esto constituye una postura importante y fundamental también en la profesión del maestro, dado que se adapta naturalmente a las etapas evolutivas del niño. En cada encuentro se forma de manera nueva en el aquí y ahora. El dar y recibir por ambas partes requiere un espacio del encuentro.

Partiendo de este aspecto, quiero referirme a la pregunta de cómo este estado anímico fundamental con respecto al niño se produce en el maestro, describiendo de esta manera algunos aspectos en general y también de modo pormenorizado.

El hecho de que el “entre ello” es mucho más que un espacio intermedio, puede ser observado efectivamente en la naturaleza.

Si alguna vez usted visita Holanda, en el norte del país podrá vivir una pequeña aventura. Allí existen algunas típicas islas del mar del norte, en la cuales podrá observar el “entre-ello”. Normalmente en la costa de un lado tenemos al mar y del otro lado el terreno, así como aquí, playa y dunas. Tan solo esto ya tiene su encanto. Existen empero lugares en los cuales el mar se abrió paso en las dunas, expandiendo y enriqueciendo al lugar intermedio. De esta manera se forma una maravillosa laguna, que se encuentra en constante cambio, que con toda razón fue declarada un ámbito protegido.

Al comparar esta laguna con la costa normal: ¿Dónde la vida es más rica en contenido? ¿Dónde pueden desarrollarse y prosperar en mayor medida, pájaros, peces, ostras y plantas pertenecientes a la vida marítima? Naturalmente esta cuestión es apropiada también para las clases de geografía del 5to y 6to grado. La respuesta supera todas las expectativas. En las lagunas, la flora y la fauna se desarrollan con pleno esplendor, allí, la riqueza de especies es diez veces mayor que en otros lugares. Al meditar acerca de “laguna” y “espacio intermedio”, paulatinamente se nos revela un fenómeno universal – tal como sucede con los colores entre la luz y la oscuridad. Al respecto, un ámbito respectivo no tiene que ser grande o impresionante. Puede tratarse de un diminuto paraíso en el jardín propio, o en cualquier parte de la naturaleza, en la vida, en el alma o en el espíritu.

Tomamos conciencia del hecho de que nosotros mismos somos seres “intermedios”. Esto empero ¿es algo natural? O acaso podemos languidecer a causa de una carencia tal de calidad “intermedia”?

¿Quién se desvanece en el recorrido? ¿Acaso es algo tan solo para unos pocos afortunados?

Aquí podemos ampliar al ángulo de nuestra mirada hacia el mundo. Podemos decir: al lado de toda alegría, exaltación y  satisfacción que me es dado experimentar, sé, que el mundo allá afuera está sumido en penuria profunda, que tiene que cargar con grandes preocupaciones y necesita con urgencia ayuda y fuerzas sanadoras. Esto puede recordarnos el lado crítico de nuestro estado anímico básico.

La humanidad misma es desafiada por vigorosas fuerzas catabólicas. En medio de esta imagen vemos, como los niños del mundo tienen que confrontarse con los dramáticos padres adversarios, justamente con las fuerzas aquellas que entran con ellos mismos desde lo divino-prenatal, fuerzas que ellos traen consigo. La pregunta es:”¿Qué te atormenta, humanidad, cuál es tu herida, qué padeces, qué ocasiona tu dolor, tu manía, tu vehemencia, de qué maltrato proceden tus cicatrices?”

En este sentido, Nelson Mandela, en ocasión de la inauguración de una institución Waldorf para el cuidado de los niños en Sudáfrica, se dirigió al público diciendo: “En ningún otro lugar la sociedad manifiesta su ser real en medida tal como en ocasión del trato de sus niños. La piedra de toque de nuestro éxito es el bienestar de nuestros niños. Son sus miembros más desprotegidos y a su vez su máximo tesoro.”

Como maestros, a través de nuestra acción, nos hemos comprometido a esa misión ¿Cómo nos manejamos al respecto? Escuchemos la voz de un juez de línea neutral con referencia a la pedagogía Waldorf – aquella de una periodista de “Focus”, revista alemana de noticias y su afirmación dada unos años atrás, sigue siendo la reacción más acertada con respeto a nuestro trabajo:

“La misma aparece como un proyecto opuesto bienhechor, sanador, en una época resquebrajosa para los vínculos familiares, en la cual las infancias, debido a la presión de eficiencia, el dictado de consumo y la penetración mediática se ven cercenados ya su vez aceleradas.” (Básbara Esser, “El aprendizaje-Waldorf, con todos los sentidos”, 13.9.2006).

Lo que en principio parece ser alambicado, se desvanece en el silencio, y ostenta un notorio modo visual de la herida y de su origen: “erosión, presión, dictado, penetración, cercenadura, aceleración.” Más aun, podemos detenernos y preguntar: “¿Desde dónde  la Pedagogía Waldorf obtiene sus fuerzas sanadoras, que reubican el corazón de la educación, brindando al niño espacio y tiempo, luz y calor y fuerza?

En la medida en al cual somos “seres yo”, nunca tenemos la sensación de poder llevar a cabo esto. Acontece no tanto “por nosotros”, sino “a través de nosotros”. Para nosotros, las cosas se llevan a cabo a través de un movimiento desde adentro hacia afuera, se convierten en realidad humana, tanto las cosas sutiles, como las majestuosas, las ideas imaginativas, el fluir inspirador y la certeza intuitiva. Sentimos gratitud y humildad, porque su avasalladora potencialidad nos brinda mucho más de lo esperado, o lo merecido y jamás nos deja al desamparo.

Todo aquel que en el mundo cotidiano de la enseñanza, trabaja a partir de este clima básico, ya ha vivenciado al accionar de esas fuerzas superiores en la enseñanza. Contemplemos este clima básico inicial y esencial en la vida anímica del educador.

No se orienta de manera directa hacia el niño, cobra sin embargo elevada importancia con respecto a la calidad de nuestro trabajo con el niño.

Sabemos que “postura”, o “estado anímico”, proceden de lo profundo de nuestro interior, a modo de un sentimiento elemental que fluye a través de nuestro comportamiento, a través del estilo de nuestro trabajo y del modo de nuestro hablar. Sabemos que obtiene un tipo de elemento moral y podemos aguardar que se adapten respetuosamente a las diferentes etapas evolutivas del hombre.

Sabemos asimismo que a través de de ella obtenemos algo que pasa por nosotros y puede incentivar o frenar ese flujo.

En todo ello queda en evidencia que “postura”, o “estado anímico”, es una condición claramente perceptible, vale decir, interior, de aquella corriente dinámica que teje la vida anímica entre la realidad externa-terrenal y el mundo espiritual-interior. Se forma asimismo un “espacio-intermedio” y está edificada de manera trimembrada: materia, alma y espíritu.

Al respecto estamos tomando en cuenta que el estado de separación en interior y exterior es provisorio y se basa en el anabolismo del hombre y que estos dos umbrales mostrarán ser un solo umbral. Para aquello que tienen voluntad de escuchar, al respecto desde hace mucho tiempo se ha implementado un fundamental cambio: TAN PRONTO QUE DESCUBRIMOS LA REALIDAD EXTERNA DEL MUNDO ALMA-ESPÍRITU EN EL INTERIOR, ENCONTRAMOS LA LLAVE CONDUCENTE AL ESPÍRITU DEL CIRCUNDANTE MUNDO VITAL-CORPÓREO.

En ocasión de la contemplación más profunda de la corriente dinámica en el alma, nos encontramos con lo siguiente:

  • Tomamos conciencia de nuestras vivencias actuales
  • Nos replegamos, para escapar de la atracción de la vida cotidiana, comparable a una tranquila laguna en la montaña, en la cual se reflejan las estrellas, formando un cáliz de la conciencia.
  • En la profundidad de nuestro interior, nos encontramos con un nuevo mundo exterior, un reino espiritual hasta ese entonces oculto y recibimos aquello que quiere ser compartido.

Estos tres puntos describen de manera muy precisa, los tres sonidos sagrados del antiquísimo y eterno mantras AUM, que tanto puede ser meditado en palabras, como puede ser vivenciado eurítmicamente:

A- representa nuestra conciencia normal, al encontrarnos con nuestro entorno actual

U – es el sonido de la contemplación

M – es el sonido del abrirse paso al mundo espiritual mediante el tacto.

Sentimos serena alegría, al tomar contacto con las fuerzas, cuyo MUNDO EXTERIOR y accionar se encuentra en nuestro pensar, sentir y querer, sobre los verdes planos de la gracia, los bancos  de arena de la banalidad, los lagos de la pureza, en los desiertos del aburrimiento, los glaciares del frio, en el  fuego de la pasión, en los abismos de la conmoción, en las cimas de lo imaginable, donde libran batallar contra el hambre del alma, la aridez del alma, la pena y el dolor. El reino de estos seres rodea nuestra vida anímica, al igual como el reino de la naturaleza rodea nuestra existencia física, cobrando influencia sobre la misma.

Donde maestros, educadores y padres – aun en los círculos más diminutos – se reúnen con ese estado anímico básico, su trabajo es bendecido por estos seres con fuerzas vivificantes, impulsoras.

Con las mimas, se profundiza nuestra alegría referida al encuentro con el niño y nuestro trabajo con él puede florecer, de modo tal que su rostro expresa: “¡Ahora tú eres aquel/aquella, por el cual/por la cual he venido!” Así y todo, esto jamás será percibido como un mérito personal. Y en cambio sentimos algo así como ser honrados por poder ser parte de algo mayor que rodea al grupo y lo compenetra, conjuntamente con las almas de los niños, que aun no están plenamente encarnadas, que empero se encuentran plenamente presentes como individualidad espiritual, además, conjuntamente con seres invisibles, difuntos amados, seres naturales, llegando hasta las fuerzas planetarias, que todos aportan a la educación del niño. Según mi criterio, este es el origen del proverbio “para criar un niño, es menester toda una aldea”. Nosotros nos sumergimos en su corriente vital, y ellos, en la nuestra.

Volvamos al comentario de la periodista, referido a la evidente esencia de la pedagogía Waldorf. Con toda seguridad refuerza nuestro deseo, de servir a esa misión, es decir, desarrollar un entorno para el niño, que a su vez pueda ser aliento, como también mano protectora. Y no debe ser una mano protectora que guarde al niño en una torre de marfil, y que por el contrario prepare al niño con respecto a  los desafíos del futuro, y que a su vez lo ampare frente a la PRESIÓN de las expectativas y el atractivo de la seducción.

La pedagogía Waldorf se ha convertido en el mayor movimiento educativo del mundo. Decir esto, nada tiene que ver con soberbia, sino que se trata de una oportunidad, de comprender su verdadera esencia de manera fundamental. La pedagogía Waldorf goza de la confianza de personas con un trasfondo dispar en lo religioso, en lo étnico y en lo social. No altera ese trasfondo – por el contrario: lo vivifica y lo profundiza. La pedagogía Waldorf “pasa por el medio”, “transpone al valle”, tal como halla expresión en el nombre de “Par-zi-val”. Esto a su vez puede colmarnos con profunda gratitud frente a las fuentes de nuestro movimiento, que hacen fluir fuerzas curativas a través del arte de la educación, cuando nosotros lo posibilitamos y los invitamos. Son una manifestación de lo divino, que recibimos con devoción y gratitud, del mismo modo como al niño también lo recibimos como una manifestación de lo divino. Steiner aconsejó a los maestros, agudizar al oído para poder escuchar y sentir la voz en su interior que le revele aquello que a través del maestro quiere constituirse en “ser humano” – desde adentro hacia afuera. ¡Nuestro clima anímico básico debería ser, poder saludar como “niños”, la intuición, la inspiración y la imaginación!

La pedagogía Waldorf por doquier encuentra su camino. Hasta en las comunidades dominadas por la violencia entre las fronteras. Nunca olvidaremos la emocionante historia de la Escuela Waldorf, que fue fundada en la década de los ochenta, en la tierra de nadie, entre dos campamentos políticos (ANC e Inkatha).

Aportó la paz a ese lugar, aun cuando los niños tienen que ser protegidos por los maestros y durante las clases han tenido que refugiarse, dado que su aula era atacada con armas de fuego.

Aquello que aquí aparece en una forma dramática – el gesto de la protección – posee un significado especial para el maestro. Al cabo del clima de AUM, este es un clima de los tres climas anímicos básicos siguientes, que deberíamos aportar al niño en la corriente de la vida:

  • El primero es, RESPECTO FRENTE A LA PROCEDENCIA DIVINA DEL NIÑO
  • El segundo es, LA ENTUSIASTA ESPECTATIVA DE LO FUTURO y de la vida post-mortem
  • Y el tercero es un GESTO DE PROTECCIÓN FRENTE AL NIÑO EN EL presente

Estas cualidades formulan una pregunta. Normalmente, una cualidad puede ser fuerte, o puede ser otra cosa, por ejemplo lo opuesto: débil, blanda y algo intermedio; entonces empero pierde algo del otro aspecto. La real esencia de la pedagogía Waldorf es diferente, no es nivelada: es fuerte, a su vez empero es apacible, entrañable sutil y delicado. Está colmado de fuerzas asombrosas, que crecen y crecen, así y todo, cuando permitimos que se abran, revelado al “espacio intermedio”, tan delicado e íntimo en nuestra practica diaria con los niños, tan plena de alegría, a pensar de todos los pequeños obstáculos con los cuales nos encontramos. Cierta vez, Astrid Lindgren describió esta cualidad en otro contexto con las siguientes palabras: “un pequeño cofrecillo, lleno de fragancia y encanto, que brinda alegría, amparo y dicha”. Tomamos conciencia así de las cualidades, que destacan al ser humano.

A veces, hay animales que muestran cualidades humanas en forma limitada y especializada. ¡Podríamos comparar las buenas cualidades Waldorf con un manso gigante, sin embargo vigoroso, tal como lo es un imaginario elefante blanco de 90 años! (Para los interesados en zoología: en cierto modo los elefantes permanecen siendo niños durante toda su vida y durante al menos 40 años, se hallan en el cabio dentario…)

Pasemos ahora de estos estados anímicos morales y más bien generalizados, al aprendizaje y al trabajo. Podemos preguntar: ¿qué meta tiene la educación? Lo que naturalmente en definitiva cuenta, es capacidad, la adquisición de habilidades, el hecho de que el niño aprenda a realizar algo en el mundo, a  dominarlo. Así como acontece en el ejemplo dado por Elizabeth Hall, donde la niña constata que mediante la práctica, su ejecución de la flauta realmente mejora, después de esto se lo había sido advertido una infinidad de veces con anterioridad, sin resultado. Mi hijo de cinco años, cierta vez apareció del fondo de la bañadera, con una amplia sonrisa, cubierto con espuma: “¡Papá, cuando uno domina realmente una cosa, eso es lo mejor del mundo!” (Retener el aire y sumergirse)

Pero ¿qué posturas, estados anímicos y sentimientos en realidad nos incentivan para la acción? ¿Qué nos impulsa, nos mueve a accionar? Según Steiner existen tres principios activos según los cuales se motiva nuestra fuerza de voluntad, así como también aquella del niño.

El primer principio es el miedo. Funciona, lo hacemos pero ¿a qué precio y a que costos de quien? El miedo es presión, que nos achica, mediante el cual nos sentimos menores a lo cual ralamente somos, inferiores, insignificantes. La discrepancia es lesión, ofensa y causa dolor. Podemos observar en el mundo la consecuencia social de este hecho, contemplando al consumo de drogas.

El segundo principio es la ambición. También la misma motiva. La ambición empero, nos extrae de nosotros mismos, nos infla y nos sentimos más grandes de lo que somos en realidad. Podemos acariciar al ego de manera oculta y de modo abierto, puliéndolo. La discrepancia es ilusión, egoísmo y búsqueda de placer. En un principio esto resulta ser sorprendentemente activo, pero no a la larga. Llega el día en el cual todo se derrumba y yo, o el alumno entonces al cabo de la caída nos encontramos en el rincón opuesto, vivenciando desilusión, desconcierto y miedo.

El tercer principio que puede motivarnos es el amor. Fluye sin propósito ni condición, con natural entusiasmo, vivenciamos “flow”, (a menudo, recién más tarde). La pedagogía Waldorf rechaza los dos primeros principios y trabaja sobre el fundamento del tercero.

El temor y el miedo pueden ser desafíos externos en el camino del destino del niño. Mi hijo que también es maestro de grado, hace poco me contó, de una niña astuta de rojos cachetes que tiene diez años, que está en su grado, que en el 4to grado aun no poda leer una sola palabra, con lo cual constantemente daba motivo para la preocupación. Una mañana despertó con la decisión de enviar a la niña a una colega suya, que se dedicaba a trabajar con un grupo reducido de niños y le pidió trabajar con la niña en el “lugar intermedio”. Exactamente esto, hizo la colega. En cierto momento, la niña dijo: “Leer duele”. La docente comenzó a libera una capa tras otra y se encontró con la herida subyacente: cuando la niña tuvo cuatro, o cinco años, sus padres se separaron. Cierto di avió como su madre contempló una hoja de papel blanco y lloró. Estaba leyendo la noticia definitiva de la separación del padre – un papel blanco con pequeños monstruos negros, que ocasionaron las lágrimas de la madre. A partir de allí, la niña llevaba consigo este trauma  y lo relacionó siempre con la lectura. A partir del “lugar intermedio”, la colega inventó un nuevo abecedario – un bello abecedario artístico alternativo. Mediante este impulso, en el curso de dos semanas la niña pudo leer y pudo establecer un puente hacia esas letras portadoras de desgracia.

La pedagogía Waldorf se destaca por algo más que una mera sugerencia, aporte a las tareas y técnicas. Aunque también ocupan su lugar, la diferencia está dada en otro lugar. Por más que nosotros y otros huéspedes podemos observar durante un tiempo a las clases Waldorf, por más recetas que podamos difundir, según Steiner, lo esencial no puede ser obtenido por la mera contemplación.

El lector puede tal vez percibirlo como naif o hasta dogmático, pero tuve la inquietud de saber, si Steiner ha empleado expresamente la palabra “postura”. De hecho no la encontramos. Estuvimos de acuerdo en que seguramente no se trata de un asunto unidimensional, abstracto, siendo en cambio trimembrado, relacionado con pensar, sentir y querer. Este planteo resultó ser exitoso, incluyendo tanto nuestras propias experiencias, como así también las conferencias de Rudolf Steiner.

Para describir estos tres aspectos diferentes, he elegido los siguientes conceptos: “ORIENTACIÓN DE LAS IDEAS”, “ESTADO DE ÁNIMO”, Y “LAS PROMESAS”:

Primer: el estado de ánimo básico del educador en el pensar, aparece como “orientación de las ideas” (Steiner) de acción directa, que el docente trae consigo al aula, a partir de la viva comprensión del ser humano en formación.

Describió la importancia de este estado anímico-básico, directamente en la hora del nacimiento de la pedagogía Waldorf, en ocasión de la fundación de la Escuela Waldorf, en la primera conferencia del “Estudio del hombre”:

“En el momento en el cual tenemos ideas de esta índole, algo en nuestro interior combate todo aquello que es mero espíritu personal. En ese momento se reducen todas las instancias que subyacen al espíritu de la personalidad, se borra algo de aquello que en mayor medida está en existencia en el hombre, por el hecho de que es un hombre físico. Esta relación espiritual entre los maestros y lo niños existe y  no tan solo las palabras, las advertencias que hago experimentar a los niños, estará allí, la habilidad del enseñar. Todas estas son superficialidades que tenemos que cultivar, pero no podremos cultivarlas debidamente, si no construimos como hecho fundamental, toda la relación entre los pensamientos que nos colman y los hechos que deben acontecer durante la clase, en el cuerpo y en el alama de los niños”. (g A 293)

Todos aquellos que ya alguna vez han trabajado a partir de este estado anímico fundamental saben, como el reconocimiento humano allí presentado, en ocasión del trabajo con los niños se transforma en amor y sentimiento y jamás decepciona – ni al maestro, ni al niño.

Este estado anímico fundamental aun posee más connotaciones: podemos referirnos a aquello que Steiner denomina “imponderabilidades” – todas las cualidades que para la mayoría de nosotros no son visibles ni medibles, que sin embargo cobran un fuerte efecto sobre el niño y sobre el grado.

Según Steiner, un maestro colmado pro la verdad que la corriente sanguínea promueve el latido del corazón (y no al revés) tiene la capacidad de brindar enseñanza a grados numerosos. Un maestro que al corazón conscientemente o inconscientemente lo toma como una bomba, difícilmente puede estar al frente armoniosamente de un grado con numerosos alumnos.

Así, esta “orientación del pensamiento” sigue a la corriente de la vida, h hacia lo interior, hacia lo exterior. Paulatinamente, la dirección es vivida, comprendida y aceptada en un radio creciente, hasta que sin que se lo proponga y sin crujir de dientes – pueden ser aceptado el fracaso ye l destino, en lo diminuto y en lo mayor, también en la enseñanza. Los rodeos, los malogros y los errores, se contemplan a través de una nueva luz. Esto, naturalmente, requiere tiempo y paciencia. Cuan fascinante puede ser la pequeña chapucería de un niño en matemática, cuantas posibilidades rodean a los icebergs de la ignorancia, con los cuales tienen que lidiar los grados. En la mayoría de los casos, de esa manera se revelan muchas más cosas que mediante la comprensión directa.

Cierta vez hemos tenido un aspirante, que decía contestar una pregunta retórica acera de “muchos rodeos en su vida”. Y su opinión ha sido: “Y bien, los rodeos aumentan los conocimientos de la región”.

Se revela, que la actividad del PENSAR y del AGRADECER, son dos partes del tejer dinámico del “yo”, que miran en regiones diferentes. El gran secretario general de UN, Dag Hammarskjöld, escribió en su diario: “Gracias, por todo lo que ha sido. Por todo aquello que está por venir: Sí.”

Una Escuela Waldorf en Sudáfrica, cierta vez tuvo un letrero publicitario en las vías del tren que decía “Pedagogía Waldorf, educación desde adentro hacia afuera”. A ello adicionamos: “Slogan extravagante- muy hermoso – y: desde afuera hacia adentro”. A partir de la “dirección del pensamiento” surge la capacidad del maestro, de que sus palabras sean seguidas por hecho, para dar cumplimiento a la doble misión del primer capítulo del “Estudio del hombre”.

  • De adentro hacia afuera: aproximar al espíritu del alma al cuerpo físico, que es lo mismo como enseñarle a respirar al niño
  • Y de afuera hacia adentro: aproximar el ser-físico al alma-espiritual, lo que significa enseñarle al niño el correcto modo de dormir
  • Posibilitándolo poco a poco, a portar las experiencias diurnas al mundo espiritual, para que desde allí pueda traer consigo las fuerzas que le ayuden a convertirse en el plano físico, correctamente en ser humano.

Había el final de la conferencia, reduce aun mas su llamado: PORTEN AL ESPIRITU AL TRABAJO EXTERNO Y LA SANGRE, AL TRABAJO INTELECTUAL, ORIENTADO HACIA EL INTEIROR.

Este misterio abierto, movido exhaustivamente en el corazón, contiene el germen que puede convertirse en fuente de energía

  • Para el ser humano individual
  • Para la sociedad
  • La escuela (el hogar y el jardín de infantes) el “lugar intermedio” del ser humano y la sociedad.

La segunda cualidad del estado anímico básico trimembrado, es el “estado anímico”, emparentado con nuestro corazón y  nuestros sentimientos. Esta expresión “estado anímico”, empleada a menudo por Steiner, así como también “afinación” es un gesto musical e interior del alma. Aquí empero, no se trata de definiciones. Apertura de todo tipo, sutileza, humos, escuchar y comprender, en el momento justo, no colocar cada palabra sobre la balanza que pesa el oro, sentido de la justicia, reconocimiento de los errores propios, concederle al niño el doble de errores que a nosotros mismos – todo esto pertenece a la segunda cualidad y entra a un clima general de la humildad: “Oh Señor, tu lago tan grande es, mi bote tan  pequeño es”, sin ser perezoso, o sin adularse con respecto a la propia naturaleza inferior” (Steiner)

A la tercera cualidad, “las promesas”, pertenecen las escuetas reglas de oro, que Rudolf Steiner le ha dado al colegio de la primera Escuela Waldorf (Estudio del hombre). Allí ha dicho con toda claridad:

“Compenetrate con capacidad de fantasía,

ten valentía para profesar la verdad,

agudiza tu sentimiento con respecto a la responsabilidad anímica” (g A 293)

Estas son las tres virtudes en el alma, no separadas, sino “dinámicamente entrelazadas”, que pueden ser vigorizadas y bendecidas por fuerzas superiores, y así sucede cuando tratamos de dedicar nuestro sentir y querer al reino de los pensamientos y al sendero interior.

El siguiente grupo consiste de las virtudes del temperamento

“Sé un hombre de la iniciativa

Ten interés por lo referido al mundo

Nunca jamás entres en un compromiso con la mendaz

No resecarse, no amargarse, frescura del estado anímico”

(Ga 294)

Para cerrar, podríamos preguntar entonces: ¿Dónde encontramos la implementación del maestro con referencia a las materias a enseñar, que va cambiando con respecto a la edad del niño?

Para ello, por cierto existen numerosos ejemplos. Sin embargo, por un determinado motivo quiero orientar la atención hacia otro grupo de tres, que hallamos en la conferencia de Rudolf Steiner “El arte de la educación – lo metódico- didáctico” (g A 294, 8va conferencia, página 125) complementándola con una famosa apelación de Steiner a los maestros que trabajan con alumnos de doce a catorce años.

De manera fascinante se integran a nuestra imagen, porque asimismo contienen al gesto orientado DESDE AFUERA HACIA ADENTRO y DESDE ADENTRO HACIA FUERA, y contienen claras indicaciones acerca de cómo encarar la enseñanza en las diferentes etapas de la edad:

1. Por lo tanto, hasta el 9º/10º año, principalmente me limitaré a lo artístico, extrayendo de allí la escritura y la lectura y luego también el cálculo.

2. “Hacia lo histórico-natural empero, pasaré recién al cabo del 9º año, entre los 9 y los 12 años de vida.”

3. “A las causas históricas las trataré recién al cabo del 12º año de vida”

4. “Recordaré que es más importante colmar con fantasía mi enseñanza al cabo del décimo segundo año de vida, que evitar contenidos intelectuales en el inicio escolar” (es decir, ninguna cita verbal).

El tramo de vida por nosotros observado, se encuentra exactamente entre las incisiones del cambio dentario y la edad juvenil.

Con respecto a estas incisiones, existe una interesante acotación en una representación del fundador de la Escuela Waldorf, Emil Molt, acerca de la visita oficial de proposición en el Ministerio de Cultura. Allí Steiner ha empleado la descripción: “El espacio entre el MOMENTO DE MAYOR ESPESURA / DUREZA en la infancia, vale decir, el CAMBIO DENTARIO y el MOMENTO DE MAYOR BLANDURA en la infancia, vale decir, la pubertad.

Esto arroja sobre los tres gestos:

  • ¿Por qué un  implemento ARTÍSTICO en los grados primero, segundo y tercero? Porque a esta edad es nuestra misión, vivificar todas las actividades y  PONER EN MOVIMIENTO AQUELLO QUE SE ENCUENTRA FIRMEMENTE EN EL MANEJO DE LAS FUERZAS DE LA CONFIGURACIÓN, QUE EJERCEN PRESIÓN HACIA ABAJO, AL CUERPO, Y LUEGO REBOTAN LIBRANDO CON ELLO, AL PRIMERO DE LOS TRES CAMPOS DE BATALLA. Naturalmente el clima anímico aun es sereno y posee el esplendor de la temprana infancia; es pleno de dignidad y respecto, así como los niños mismos están colmados de asombro. En el espacio intermedio empero, se  encuentran todos estos hilos finos de oro y de plata de artístico esplendor y de quedo humor interior, la variación, el lenguaje grafico, que aportan música y ritmo a la lectura y a la lectura.  No olvidaremos que estas técnicas culturales se apartan prematuramente al niño. Los rituales diarios deben ser tanto confiables, como a modo de juego, vivace y significativos. Configuramos un medio circundante, que exteriormente acontece a modo de actividad artística que interiormente empero, se halla colmada de sentido y es significativa. PEDAGOGÍA WALDORF: EDUCACIÓN DESDE AFUERA HACIA ADENTRO.
  •  A partir del paso por el PRIMER RUBICON A LA EDAD DE NUEVE A DIEZ AÑOS, el niño ha pasado por la necesaria crisis, que le ha brindado la fría pieza opuesta  la cálida dicha del sentimiento propio en la edad del capricho (2-3). Mi estado anímico básico, se ubicará sobre la roca de la calidez, irradiando suave comprensión. Ayudará al niño a acostumbrarse al nuevo sentimiento de dualidad del propio  interior y del afuera-mundo. La misión principal de mi maestro es, mantener el equilibrio entre ambos. La corriente de la instrucción, se mueve entre la actividad artística y los aportes contemplativos y viceversa. Donde esto conduce al éxito, al niño es incentivado a hacerse cargo gustosamente de los requerimientos de la vida. El niño gustosamente adoptará la existencia terrenal, a cambio del perdido cielo infantil, y sobre todo mostrará afecto por el conocimiento de los oficios. El oficio es el predilecto interprete del pregunta: ¿Cuál es el sentido de la existencia? ¡Aquel que yo  le otorgo! Al mismo tiempo, ascienden serias preguntas desde el fondo de su alma, que obtienen respuesta a través de las monumentales imágenes del Antiguo Testamento y las atronadoras recepciones cercanas de las leyendas nórdicas, que asimismo contienen un rudo humor. El niño ahora mismo puede comprender algunas imágenes de plantas y de animales, en su contexto con el reino vegetal y el reino animal de hecho empero – y esto es muy importante – siempre en su relación con el hombre en el centro. Ha comenzado la época dorada de la infancia. La respiración y el latido del corazón se encuentran en consonancia con el ritmo macrocósmico del zodíaco. Mi estado anímico fundamental es la creación de un entorno en el cual IMPERAN ACTIVIDAD ARTÍSTICA Y CONTENIDO SIGNIFICATIVO EN ARMONÍA.
  • El segundo rubicón es referido como el gran punto de transición, en el cual la intimidad del sistema muscular, con el mundo de la corriente de la sangre y de la respiración del frio mundo de huesos y mecánica física luego está en condiciones de llegar al mundo exterior de la materia. Al mismo tiempo acontece algo asombroso, que sin embargo poco se difunde: cuando en el noveno año de vida, se concentra la conciencia del yo, el segundo rubicón es sobrepasado en aproximadamente tanto tiempo previo al nacimiento del nacimiento astral del cuerpo astral, como el primer rubicón al cabo del nacimiento del cuerpo etérico. Entonces el cuerpo astral –a partir de sus propias fuerzas  anímicas (que son independientes del “yo” individual – experimenta un fuerte empuje hacia el cuerpo etérico: compenetra las fuerzas vitales “de punta a punta” y lo colma con fuerzas universales de la pasión y del amor hacia el mundo. Muchos de nosotros nos hemos preguntado, qué es aquello que vivenciamos entre el 5to y el 7mo grado, cuando frecuentemente a los alumnos los encontramos en una constitución muy positiva – sobre todo cuando en la tarea cotidiana de la enseñanza, se expande un clima de buen humor. A semejanza de una colmena que zumba plena de emoción, entusiasmo, mutua amistad, rica en sana abundancia, no precipitada. Una cualidad, por la cual también se destaca el diario de Anne Frank. La misma puede ser tan poderosa que casi podríamos creer, poder fundar con las mismas, un estado con funcionamiento pleno, porque aparentemente poseen todas las condiciones previas necesarias para la conducción – faltando una sola: “duty” (deber) ¡según Steiner la palabra alemana “Pflicht” = (ch=j) obligación, no representa plenamente la cualidad virtual!) yo considero, que ha sido una sabia decisión de los dioses, convertir esa edad asimismo en la época dorada de las bufonadas y las travesuras, dado que de otra manera, los maestros y los padres saldrían volando hacia un Nirvana de dichosa satisfacción pedagógica.

Nuestra vaga suposición de que los niños prácticamente podrían edificar comunidades y estados, de hecho no es tan desatinada: este síntoma indica, que el niño ahora está en condiciones de comprender las FUERZAS DE CONFIGURACIÓN DE CASUALIDAD Y DESARROLLO HISTÓRICO, lo cual no ha sido posible con anterioridad al “proceso de carga” con el cuerno de la abundancia de la astralidad, es decir, durante el segundo rubicón.

Mi meta metódica es, guiar estas fuerzas recién ancladas de la pasión y el amor, alejándolas de su dueño hacia el mundo circundante, donde de hecho merecen estar. Tratamos de encender su interés por el mundo.  Mediante casi todos los medios,  menos uno: presentando secas explicaciones, hechos, a modo de pasta sin cocinar, esperando, que los niños acepten como comida preparada para el consumo.

Este por lo tanto es el estado anímico básico transformado: mi misión principal consiste en explicar el significado y los hechos del mundo y hacer que los niños aprendan de manera tal que la enseñanza esté transpuesta por fantasía interior.

Mi estado anímico básico es crear un entorno de aprendizaje en el cual el ARTE Y EL SIGNIFICADO ESTÁN ORIENTADOS DE ADENTRO HACIA AFUERA Y DE AFUERA HACIA ADENTRO. La enseñanza sigue a hechos e impresiones externos, colmadas por la pulsación anímica de la fantasía, de modo tal que el maestro y los alumnos a cada hora de clase la transforman en una pequeña aventura reciproca del descubrimiento, para conocer al mundo en toda su diversidad y sentir sus notorias particularidades, mediante abnegada devoción. “Pedagogía Waldorf: EDUCACIÓN DE ADENTRO HACIA AFUERA”. Aquí algunos objetan diciendo que para ello se requiere toda una armada de heroicos maestros de facultades supra-humanas. Eso es posible y además los niños primero tendrán que acostumbrarse a aprender y a trabajar correctamente. Mediante la elaboración de tales ideas, se estimula la facultad del maestro individual y se inspira a motivar a los niños a la creación independiente de ejercicios de enseñanza plenas de espíritu, cotidianos y formidables. Tendríamos que proceder siempre según el lema “I did it my way” (lo hice a mi manera). La falta de destreza externa del maestro no es lo ideal pero más bien es secundaria, cuando en su enseñanza salta la chispa.

Quiero finalizar con una cita al respecto, dada por Rudolf Steiner que resume aquello que es lo importante en el estado anímico básico del maestro:

“… CONVERTIRSE EN NIÑO CON EL NIÑO, SIN SER ANIÑADO” (g A 294, 8° cnf.)

(El texto original dice: tenemos que tener la capacidad de transformarnos de manera tal que el niño a través de nuestra enseñanza despierte formalmente, que nosotros mismos con el niño nos convertimos en niño, pero no  de manera aniñada)

Renoud Engelsmann: maestro, pedagogo social, desde 1984 maestro de grado en la Libre Escuela Waldorf de Schwäbisch Hall. Materias adicionales: inglés, música, docente, conferente y consejero en muchos países, curador-administrador de la Exposición de Cumpleaños de Rudolf Steiner: “Fuerzas solares y crecimiento vegetal” en el museo HFM de Schwäbisch Hall. Ámbitos de investigación: por qué incentivos de Steiner para el ciclo superior han caído en el olvido y deberían ser complementados. El concepto original de la Escuela Waldorf para la inclusión. El “grado auxiliar de apoyo”, instalado por Steiner y Karl Schubert. La conducción de una Escuela Waldorf. El colegio de los maestros a modo de Academia republicana. Huellas culturales de la Antroposofía en la historia.

Casado, con cuatro hijos.

18.2.2017