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ASPECTOS ANTROPOSÓFICOS – PEDAGÓGICOS DE LA SEXUALIDAD Michael Zech

(Texto retomado de la conferencia en oportunidad del coloquio referido al estudio de la sexualidad en Escuelas Waldorf en Frankfurt am Main, el 19 -11-2004)

Este aporte está destinado a contribuir a despertar la conciencia con respecto a una misión eminentemente pedagógica en las escuelas Waldorf: lo que se refiere a una percepción mas responsable frente al estudio de la sexualidad, las clases de esclarecimiento, la biología, pero también la ética, en definitiva la antropología aplicada.

 

Podemos preguntarnos, porqué una pedagogía dispuesta de una manera tan abarcadora como la pedagogía Waldorf , expone tan poco con respecto a esta temática. Es así, que la obra editada por Tobías Richter “Misión Pedagógica y Metas de la Enseñanza ”, prevé esta temática recién para la planificada nueva edición como primera publicación fundamental; en 1981 apareció en la serie “Estudio del hombre y Educación”, el libro de Stefan Leber “Sexualidad y misión educativa. Metas y límites de la educación sexual”, que en 1989 fue publicado con una amplificación de varios capítulos por Wolfgang Schad y Andreas Suchantke, publicado con el nuevo Subtítulo, “Aspectos de su nuevo Tratamiento”.

Allí, se han desarrollado aspectos esenciales de la pedagogía Waldorf con respecto al ámbito de estos temas, tomando como trasfondo el estudio antroposófico del hombre.

 

Tal como empero hemos podido convencernos también en los congresos de la Liga del Consejo de Padres de las Libres Escuelas Waldorf: la iniciativa de este ámbito de responsabilidad con el trabajo de los padres y la enseñanza escolar, queda a cargo del trabajo individual de una maestra o un maestro; solamente en pocas escuelas existe una cultura apoyada por un trabajo colegial del tratamiento de las cuestiones de la sexualidad.

 

Esa omisión, acaso es expresión del atraso y del estar apartado del mundo por parte del personal docente, o, de la incertidumbre frente a afirmaciones de Rudolf Steiner, tales como la siguiente, que parece indicar, que esa temática debe ser evitada en la escuela.

“Cuando guiamos a los niños a poder apreciar la belleza y el esplendor de la salida del sol y la puesta del sol, a percibir la belleza de las flores cuando los guiamos a poder sentir la majestuosidad de una tormenta, en fin, cuando desarrollamos el sentido estético, entonces, hacemos mucho más que con las instrucciones sexuales, llevadas a menudo hasta la estupidez y que en la actualidad les impartimos con una precocidad cada vez mayor. La percepción de lo bello, la postura estética frente al mundo es aquello, que reduce al erotismo a su justa medida. Por el hecho de que experimenta como bello al mundo, el hombre, una y otra vez llega al punto de ubicarse también con libertad frente a su cuerpo, sin ser atormentado por el mismo, hecho, en el cual en realidad consiste el erotismo”.

 

(R. Steiner “Estudio del hombre y configuración de la enseñanza” curso complementario Stuttgart, 16- 6- 1921 5ª conferencia)

 

Esta exposición, y otras citas de un tenor similar, con frecuencia asombrosa se mencionan a modo de indicaciones metódicas con respecto al tratamiento o bien, al no tratamiento de cuestiones del esclarecimiento sexual. Al dejarlas empero dentro del contexto global, no se ubican a modo de explicación con respecto al tratamiento de la sexualidad en la escuela, sino a modo de un argumento de una enseñanza, que apela a los alumnos en el desarrollo de su personalidad de manera tal, que orienten su interés hacia el mundo, o bien, a la relación del conocimiento, para no ser absorbidos completamente por vivencias referidas a lo corporal, dentro de una esfera anímica propia.

 

Aquí, naturalmente no justificamos omisiones pedagógicas a partir de una pedagogía que entiende al ser humano a modo de un ser dotado de destino, que desarrolla su individualidad dentro de un contexto espiritual, global a través de su biografía, sucede en cambio en principio educativo con respecto a la sexualidad, que a la sexualidad y al esclarecimiento sexual no lo reducen a procesos físicos y psíquicos. En este aporte, por lo tanto, se hablará en menor medida de métodos y contenidos de la enseñanza y en mayor medida acerca de antroposofía, que para nuestra responsabilidad como padres, educadores, maestros y médicos, nos pueden transmitir fundamentos y marcos de condiciones para la pedagogía. Como tal, se entiende como aporte de un pedagogo, que refleja la sexualidad ante el trasfondo de los planteamientos antroposóficos sobre el plano físico, anímico y espiritual.

 

 

LA SEXUALIDAD HUMANA

 

La mayoría de los procesos del instinto y del placer, bajo una determinada perspectiva pueden ser remitidos a una garantía de la existencia física. Aquí empero, el término de “sexualidad” en un principio será limitado más bien, a todos los procesos físicos anímicos de la procreación, o bien, a los órganos relacionados con la procreación y los procesos psíquicos relacionados con ello. A continuación presentaremos de qué manera en el hombre, en la sexualidad así definida, una vida sexual en libertad cultiva los procesos naturales en el sentido del erotismo.

 

Para todos los mamíferos superiores, el proceso de la procreación está relacionado con evidentes estados de excitación. Estos se producen en determinados períodos a través de procesos físicos (estado de celo) y están integrados en los modelos de comportamiento, que dominan a todos los demás modelos de garantía existencial.

 

Mediante olores, movimientos ritualizados y otros modelos de estímulo, los animales machos son incentivados, “olvidándose” de otros impulsos basales, tales como la búsqueda de alimento e invierten una energía enorme en la persecución de los animales-hembras. Para todos los observadores, es vivenciable la plena, “enajenación” de los animales en tales rituales de apareamiento de un modo impresionante.

El mantenimiento de la especie está integrado a un comportamiento de impulso instintivo, hasta que el apetito sensual se descarga drásticamente, dentro de los modelos preestablecidos. Al respecto, los ciclos de la fertilidad a menudo se hallan integrados dentro de los ciclos naturales del espacio vital.

 

A pesar de algunas similitudes y raíces biológicas compartidas, la sexualidad humana se halla situada sobre fundamentos completamente diferentes, dado que el hombre a través de la instancia de su Yo, posee una relación consciente, o, por lo menos de mayor conciencia, hacia el fundamento biológico-orgánico de su vida. Se ha emancipado ampliamente de su fundamento volitivo naturalmente dado, de los modelos de impulsos e instintos, se ve colocado entre una orientación corporal y una orientación espiritual.

 

En la cuarta conferencia del ciclo publicado bajo el título “Estudio General del hombre”, dada en 1919 como curso básico para los primeros maestros de la escuela Waldorf , Rudolf Steiner, diferencia la voluntad, en correspondencia a los demás miembros del ser del hombre. Al cuerpo físico, luego, al organismo de todos los procesos de vida (cuerpo etérico) y al organismo de todos los procesos anímicos (cuerpo astral) le coordina, instinto, impulso y apetencia sensual, como lado naturalmente dado de la voluntad. Dentro del alma compenetrada por el Yo, el hombre impulsa su voluntad a partir de motivos independientes. Son tomados dentro de la conciencia despierta diurna, razón por la cual en su definición intervienen las experiencias, los hábitos culturales y los procesos anímicos no conscientes. Este libre espacio del accionar a partir de la motivación anímica propia, se ha generado a través de la cultivación del hombre en procesos comunitarios de la historia (costumbres, usanzas, modos de comportamiento, rituales). Para esa educación del alma hubo reglamentos, que se han generado a partir de impulsos culturales específicos de centros religiosos con sus cultos. Para todas las culturas, las iniciaciones en determinadas fases de la vida y en determinadas misiones – siempre empero las iniciaciones a la correspondiente sexualidad – tradicionalmente son una componente esencial.

 

Con respecto a las formas de la iniciación en la historia cultural de la humanidad se diferencian dos etapas: en las culturales en las cuales los hombres aún viven de manera inmediata dentro de un espacio natural, la procreación y la fertilidad están relacionadas con un culto familiar que va más allá de la mente. El hombre se siente colocado dentro de una relación del accionar conjuntamente con los dioses y los ancestros, que se expresa de modo inmediato en los procesos de vida que lo rodean y condicionan su familia. Tales sociedades por lo general se encuentran orientadas matriarcalmente, puesto, que estas esferas de vida eran vivenciadas como fuerzas maternas-divinas (ver al respecto: Ina Mahstedt, “El mundo religioso de la época de piedra primaria” Darmstadt 2004, pág. 53-80).

 

En las ruinas de la antigua Olimpia podemos observar a través de las imágenes la transición de la cultura matriarcal a la cultura patriarcal. Delante del templo de Hera, que ha sido construido al borde de una planicie frente a las colinas, sobre las bases de un santuario materno-divino mucho más antiguo, se levantó en una dimensión tres veces mayor, el templo de Zeus, cuyas columnas caídas a causa de un terremoto, aún hoy están mostrando, de qué manera varonil señorial el testimonio monumental de un nuevo estado de conciencia de los antiguos griegos se colocó delante del antiguo santuario materno.

 

En las culturas patriarcales, la identidad es definida por líneas de descendencia varonil. Los hechos o bien el espíritu mediante el cual el ser humano se ubica activamente en la historia, se encuentran en un primer plano, desplazando a un segundo plano la relación sanguínea pura de las familias, bajo la pérdida de facultades videntes a atávicas – de ensueño, a favor de una conciencia basada sobre la memoria y el pensamiento. Mientras que en las culturas matriarcales la familia vivía con y dentro de la naturaleza, en la cultura patriarcal el ser humano, emancipándose, se delimita de la misma. Con ello, también las iniciaciones de los jóvenes adquieren otro carácter: el rol de los sexos no se vivencia ya, preponderantemente, en la esfera de vida de la naturaleza, sino que experimenta una cultivación en el sentido de una educación orientada hacia el arte y las ideas que no solamente apunta a la tradición, sino también al accionar con independencia y una responsabilidad más despierta. A ello se debe así mismo, que la competencia, la disputa y la conquista a la cultura dominada por el varón le otorgan un rasgo permanentemente guerrero. Es por tal razón, que la procreación se encuentra bajo los aspectos de poder, así como el interés de la disposición de posesión. Dado que – tal como veremos – la vida del sentir del varón, en lo sexual se refiere fuertemente a la vivencia propia en la civilización patriarcal, el mundo de la vivencia de la mujer, el respeto frente a esa vivencia ocupa un segundo plano; en medida cada vez mayor, es tratada como ser de segundo rango. Naturalmente, en este breve tratado, las tendencias de los fenómenos básicos de cada cultura podrán ser llevados a la manifestación solamente de manera escueta.

 

EL DESCUBRIMIENTO DEL COMPROMISO MUTUO EN EL AMOR CABALLERESCO MEDIEVAL

 

Esa comprensión de los sexos y de la cultura en la cultura occidental en la época de la alta edad media experimentó una interrupción a través de la cultura del trovador literariamente divulgada. Aquí, la relación del hombre y la mujer es llevada a un contexto, de respetuoso encuentro, cortesía, discreción, pero también de misiones culturales específicas para cada sexo. La época de Artus declara a la mujer como portadora de elevados honores, frente a la cual el hombre debe desarrollar “sirviéndole”, respecto, admiración, veneración y la observancia de una vida ética. Es así, que Wolfram von Eschenbach nos cuenta, que Parzival pasa una noche de diálogo y de escucha, antes de llevar a cabo la unión física con su esposa. El encuentro con el ser humano dentro de una intimidad, se ubica delante del goce de deleite y de deseo físico.

¿De qué manera se condiciona esto? Un caballero dedica sus actos y proezas a su soberana de libre elección que con ello se convierte en educadora, o bien cultivadora de su vida como luchador por ideales del alma. Al ofrecerle su servicio, a su vez se coloca al servicio del Yo superior, que supera las tendencias egoístas. Este servicio era señalado como “amor elevado”– veneración.

 

Walter von der Vogelweide lo señala así: “Como elevado amor es señalado aquél, que promueve, que el ánimo se eleve hacia una alta dignidad”. Ese servicio impone el desprendimiento, la abnegación al caballero.

 

Frente a ello, se encuentra el “amor bajo”, orientado hacia lo corporal: como “amor bajo es señalado aquél, que debilita al Yo de manera tal, que el ánimo lucha por un amor enfermo; ese amor causa un inmenso dolor”.

 

En la literatura de la edad Media el ser humano se ve situado entre estas dos orientaciones, hacia lo espiritual, los ideales por un lado, hacia lo físico, el deleite, el apetito sensual por el otro. En ese campo de tensiones busca su medida justa: “Una ordenadora de todos los valores, eso sois verdaderamente, soberana de las “Medidas”. Dichoso aquél, quien domina vuestros mandamientos”.

Miniatura de trovador del cancionero manuscrito de Walter von der Vogelweide

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En estas rimas se expresa, que la feminidad no solamente es vivenciada en la naturaleza maternal (sexualidad), sino también como principio espiritual (virtudes, ideales).

De esta manera se genera empero un espacio de encuentro de cultura anímica. Las virtudes coordinadas hacia lo femenino cobran un efecto moderador, en la reserva despierta la vivencia frente al otro, el respeto y la veneración cultivan las formas del trato en la corte, el encuentro y la comunicación reciben su sello de lo “cortés”. Se pide permiso, se reconoce al propio ser del otro.

Con ello, así mismo se modifica la sexualidad. Se genera un ámbito de intimidad en el cual tienen lugar la ternura, la delicada caricia, el encuentro erótico. Ya no en el amplio espacio familiar con varias generaciones presentes, tiene lugar la sexualidad con la procreación, en el cálido aposento femenino, o en lugares discretos.

 

 

Miniatura de trovador del cancionero manuscrito de Heinrich von Stretlingen

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“Allí, con flores en la abundancia un lecho había dispuesto…. Llegué al prado, donde mi amado ya se encontraba. A modo de una soberana fui recibida, de modo, que jamás había sentido una dicha tal. ¿Acaso, me ha besado? Por cierto, que durante mil horas me besó: tandara dei! Mirad, cuán roja mi boca está… Si alguien supiera, que conmigo se acostó (lo que Dios quiere evitar) me avergonzaría. Lo que conmigo a cabo llevó, nadie jamás se enterará sólo lo sabemos él y Yo y un pajarito, tandara dei, que seguramente el secreto guardará.

Se inicia el juego, con atraer y ocultar, con reserva y añoranza, con secreto y coquetería. En la erótica, la sexualidad se convierte en comunicación de múltiples capas entre dos personas, porque entre el deleite propio y el respeto por el otro, se genera un espacio de encuentro, un espacio libre.

Con ello, se señalan los tres planos del amor, que de manera similar ya han sido diferenciados por Platón:

 

  • El amor, con referencia al cuerpo, que en el estado de excitación siempre es amor por uno mismo, egoísmo, que a través del estado de avidez posee el carácter del tomar.
  • El amor anímico, que se expresa a través de la bella palabra “inclinación”, con su carácter comunicativo, que se basa en intercambio y encuentro y que por lo tanto posee el carácter del tomar y del dar.
  • El amor abnegado, desinteresado, que dentro de sí, aparte de su naturaleza espiritual porta la entrega al TÚ, a lo divino, o al ideal y que así mismo es también siempre víctima del propio ser, simple, y que por lo tanto posee el carácter del dar.

 

 

CUALIDADES ANÍMICAS FEMENINAS Y MASCULINAS

 

A partir de esta membración podrán derivarse las misiones pedagógicas, dado, que la pedagogía opera con el Eros en su cualidad espiritual. El aprendizaje presupone entrega, dedicación y fervor. En el distanciamiento, la antipatía o en el apocamiento dentro del egoísmo puro, es imposible la relación del individuo hacia el mundo. (Compárese lo dicho por Rudolf Steiner al comienzo de esta exposición). Antes de abocarnos a este aspecto, contemplaremos empero la diferencia del ser humano siendo varón o mujer.

 

En su conferencia dada en Munich el 19 - 3 - 1908, Rudolf Steiner diferencia “al hombre y la mujer a la luz de la ciencia espiritual” (G A 56) la sexualidad a la cual pertenecen – según sus miembros del ser. Al respecto señala, que en cada ser humano actúan ambos principios sexuales, siendo, que el cuerpo físico masculino siempre posee como fundamento de vida un cuerpo etérico o cuerpo de fuerzas plasmadoras femeninas, y, viceversa, el cuerpo físico femenino, un cuerpo etérico masculino. Es así entonces, que con lo anímico del ser humano, desde afuera la organización física y desde adentro la organización etérica, se alternan en su accionar. Tan pronto empero, cuando en ocasión del estar dormido o en oportunidad de la muerte el alma se orienta del mundo físico-espacial al mundo anímico-astral, pierde su carácter de condición sexual. En lo espiritual, el alma del hombre y su Yo no poseen sexo, o bien, son supra-sexuales. Solamente en el mundo finito, espacial y temporalmente dimensionado, la naturaleza animada, el organismo, se manifiesta en dos sexos diferentes. En esa conferencia Rudolf Steiner interpreta las raíces espirituales de la sexualidad en el mundo astral como polaridad de la vida (principio masculino) y de la forma (principio femenino); “la vida, que eternamente se genera en lo masculino y la vida mantenida en la forma dentro de lo femenino”; en otras conferencias la remite a las polaridades cósmicas de persistencia, o bien el endurecimiento y el desplazamiento, o bien, la disolución.

En el artículo anterior “La separación de los sexos” (en la crónica Akasha g A 11) a partir de su investigación científica-espiritual Rudolf Steiner refiere, cómo en el curso de la evolución la corporeidad física del hombre se ha configurado de manera tal, que la vida anímica ya no pudo actuar en ella, plasmando y generando. De esta manera el alma, por un lado ha experimentado una ligadura más profunda al cuerpo, que entre otros se expresa en el impulso de la procreación, por otra parte empero se emancipó del cuerpo en la generación del pensar y en la facultad de la concepción. Desde entonces, por tal razón la procreación se lleva a cabo ya no a través de un ser humano hermafrodita- bisexual sino dentro de esa diferenciación aparecida en este temprano estado evolutivo a través de la fecundación llevada a cabo externamente por dos seres de sexo diferente. Esa separación en un ser femenino y un ser masculino halla su expresión anímica, en la diferenciación de la capacidad imaginativa y la voluntad.

 

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Cancionero manuscrito de Albrecht von Johansdorf

 

De esta manera, el ser humano adquiere la posibilidad, de no dar curso libre a sus afectos. Rudolf Steiner explica además, que mediante esta diferenciación del alma hacia la cualidad femenina de la concepción, que se plasma en la estructura del cerebro y la cualidad masculina de la voluntad, que se orienta hacia la corporeidad y se configura especialmente en el organismo masculino, se coloca la base de la capacidad de conocimiento: la facultad de pararse frente al mundo y frente a sí mismo, así ha sido dispuesta.

 

 

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Mediante la separación de los sexos, el ser humano sale de la inconsciente naturaleza de los instintos, a la conciencia despierta apoyada por el cerebro. La polaridad del impulso amoroso de orientación corporal y la del impulso del saber de orientación espiritual, según esas afirmaciones, se encuentran esencialmente relacionados con la diferenciación sexual; el desarrollo de la sexualidad y la facultad del conocimiento deben ser entendidos como un solo proceso: “El pensar ha sido obtenido mediante la Uni-sexualidad ”.

 

En la imagen, esta relación ya halla su representación en el Antiguo Testamento, en la creación de Adán y Eva, que expresa la transición de la bi-sexualidad del ser humano, a la sexualidad diferenciada como varón y mujer, a la cual sucede de inmediato el “pecado original” mediante la ingesta del fruto del conocimiento. El hombre tomó conciencia de sí mismo.

 

Según el entender antroposófico, la nueva entrada al paraíso del hombre que le fuera prometido en el momento de su expulsión, se expresa en el hecho de que mediante la actividad espiritual del ser humano en el pensar, anula nuevamente la diferenciación en los sexos: “La reunión con el espíritu promueve finalmente la igualdad; pero, antes de esa igualdad existe una diferencia: esto, encierra un misterio de la naturaleza humana. “(Rudolf Steiner g A 11). Con ello se expresa, que en la toma de conocimiento como seres humanos, nos elevamos por encima de nuestra diversidad sexual. ¿Cómo podemos entender empero, que la diferencia de los sexos de varón y mujer es la condición previa para la evolución del hombre hacia un ser, que toma conciencia de si mismo?

El “secreto” misterio mencionado en la cita, se refiere al principio evolutivo que ha sido descubierto por Goethe como principio de polaridad y elevación. Según lo expuesto esquemáticamente por Steiner, la polarización a los sexos, a través del proceso de diferenciación en concepción y voluntad con ello relacionado, es la condición previa para la independencia en el pensar y con ello, para la conciencia específicamente humana.

En la comprensión pensante del mundo y de la existencia propia, es superada al mismo tiempo nuevamente, la polaridad de la condición de encarnación masculina y femenina y sobre esa base puede generarse la conciencia por el ser humano en sí, y con ello, la conciencia con respecto a la humanidad.

En el sentido de polaridad y elevación, a partir de la antroposofía podemos obtener así mismo, una comprensión por el proceso del Karma y la reencarnación relacionada con el mismo. La evolución del hombre para convertirse en un ser independiente, en el sentido del principio de desarrollo arriba mencionado es impulsado por el hecho de que generalmente lo masculino conforma el Karma de lo femenino, y lo femenino, el Karma de lo masculino. Vale decir, que generalmente a una encarnación femenina, sigue una masculina. Con otras palabras. A partir de la configuración anímica y biográfica de uno de los principios, en el paso por las repetidas encarnaciones resulta la esfera de acciones y la disposición del principio opuesto. Así, paso a paso, de la polaridad se produce la elevación para llegar al ser humano propiamente dicho, que se realizará en la integración de estos dos principios de lo femenino y lo masculino. El amor, es la fuerza que impulsa y porta este proceso, por lo tanto, a partir del conocimiento antroposófico, la polaridad de los sexos, en conexión con la idea de la reencarnación, se presenta como principio evolutivo fundamental del hombre.

 

A continuación representaremos, de qué manera se configuran en cada caso las cualidades y facultades relacionadas con las condiciones de encarnación femeninas y masculinas. Con ello daremos así mismo orientaciones para una pedagogía juvenil adecuada a la época.

 

 

FUNDAMENTOS PARA UNA APROPIADA INICIACIÓN ALA SEXUALIDAD

 

Las condiciones de encarnación masculinas y femeninas que subyacen a ese curso evolutivo son caracterizadas por Rudolf Steiner dentro del contexto de las conferencias dadas en 1921 en Dornach y en Stuttgart para los maestros en las cuales se explican los fundamentos de una pedagogía juvenil, para el desarrollo de los ciclos superiores:

 

– “En el caso de la joven – las cosas se hallan sutilmente diferenciadas, pero, tenemos que adquirir una determinada capacidad de observación – esto es muy diferente: en el caso de la joven, en mayor o menor medida, el Yo es absorbido por lo astral. Por tal razón la joven vive en menor medida hacia lo interior; vuelca en mayor medida hacia el cuerpo etérico aquello, que es cuerpo astral compenetrado por el Yo. Con su vivencia se introduce fuertemente hacia el cuerpo etérico y con ello, hasta en el manejo, hacia el movimiento exterior. Y, justamente en las reales naturalezas femeninas, en ocasión de un desarrollo correcto, es que la joven a esa edad (se trata de la edad de los 14 – 15 años) adquiere su debida forma de ser, adquiere firmeza un su actuación y comportamiento, remarcando la personalidad, plantándose con firmeza, sin retraerse dentro de sí misma.

En el caso del varón sucede algo esencialmente diferente. En el caso del varón el cuerpo astral absorbe al Yo en una medida mucho menor. El Yo permanece algo oculto. Aún, no es muy activo, Así y todo, se mantiene, sin recibir una influencia mayor entre los 14 y los 15 años y entre los 20 y 21 años por parte del cuerpo astral, de modo tal que el varón a causa del mantenerse de ese Yo, del no ser absorbido del Yo y a su vez, la no independencia del Yo, a esa edad de su vida podrá convertirse en mosquita muerta con mucha mayor facilidad que la joven. La joven a esa edad con mucha mayor facilidad adquiere una determinada soltura, algo, que se manifiesta en su comportamiento frente a otros, lo que el varón no tiene y en el caso de naturalezas en realidad más profundas del varón podemos notar, que a través de esa relación especial del Yo hacia el cuerpo astral a esa edad aparece algo así, como un replegarse en la vida. (Rudolf Steiner, conferencia 16-6-1921 en Stuttgart en: Conocimiento del hombre y configuración de la enseñanza, GA 302).

 

Como consecuencia de estas constituciones diferentes, se propone una diferenciación del método de enseñanza en los ciclos superiores, a la cual aquí no nos referimos con más detalles. Nos interesan en medida mayor, las consecuencias de estas condiciones de encarnación.

Como el varón se siente ajeno a sí mismo, se vivencia en mayor medida perdido en el mundo.

Por un lado, intenta llegar a la realización mediante acciones, o bien en las disputas, por otra parte, su postura distanciada frente a sí mismo y frente al mundo, le posibilitan un interés más bien orientado hacia lo intelectual. En el caso de la joven en cambio, por el hecho de que el Yo es absorbido por la vida anímica y ésta a su vez cobra un efecto inmediato sobre los procesos de vida corporales, se dispone una confianza en sí misma que le permite, vivenciarse con mayor naturalidad en su medio circundante. De ello resulta una competencia social más elevada, mientras que la distancia necesaria tiene que ser conquistada con un esfuerzo mayor. También la relación hacia la humanidad se configura de diferente manera en el hombre y en la mujer.

 

“Según su ser interior, el hombre porta dentro de sí de manera tal, que al ser-humano lo percibe siempre a modo de un enigma, como algo, que no puede compenetrar plenamente, como algo que le formula infinitas preguntas que él no puede resolver”.

“La mujer contempla la humanidad de manera tal, que en el fondo ciertamente tiene una imagen, aunque sea en lo inconsciente, según la cual le da forma a la humanidad”.

“Mientras que la mujer, por lo tanto, vivencia a la humanidad más bien en la imagen, el hombre más bien la vivencia a modo de deseo con un carácter de enigma”. (R. Steiner, conferencia del 4-1-1922 en Dornach, en: El sano desarrollo del ser del hombre, GA 303).

Sin lugar a duda, constituye una misión de la pedagogía juvenil, tomar en cuenta estas disposiciones diferentes de manera tal, que en la acción recíproca entre los varones y las jóvenes se complementen y fecundicen las respectivas unilateralidades, debilidades y fuerzas, durante las clases. Aquí, yacen empero así mismo aspectos esenciales para la preparación de un trato consciente de los sexos, con respecto a la vida en pareja, para una comprensión de la sexualidad propia y la del otro. En definitiva, lo humano-general-superior puede generarse a partir de una conciencia con respecto a las condiciones diferentes del ser humano masculino y del ser humano femenino. En la alternación de las condiciones de encarnación como mujer o como varón, se realiza el propio ser del hombre.

Esta polaridad masculina-femenina puede ser descubierta en muchos ámbitos. Ya sea en las polaridades de sangre y respiración, cerebro y actividad nervio- sensorio, metabolismo y miembros, sentido visual y sentido auditivo, ambas mitades del cerebro o cuerpo físico y cuerpo etérico, por doquier puede ser encendido este profundo principio humano y universal – La esencia subyacente a todos los procesos de la procreación, a los procesos sociales y a todos los procesos evolutivos empero, es la consonancia suprema de la polaridad, que llega a la unión: En ese sentido, el conocimiento de esa unidad significa desarrollo de la conciencia. En el antiguo entender cultural y uso lingüístico el proceso de la unión física, o bien de la procreación, era vivenciado como el tomar conocimiento del otro ser humano.

 

Con respecto a la vivencia de una pareja acorde a la época, es menester referirnos también a la vivencia del cuerpo y de los sentimientos sexuales del varón y de la mujer.

Mucha penuria, ignorancia y muchos malos entendidos podrían ser evitados, si a la edad adulta pudiéramos llevar el conocimiento y el respeto frente a la disposición dispar y con ello, frente a los caminos diferentes de las percepciones y de los sentimientos, en el sentido de una iniciación moderna. La ejecución del amor orientado hacia lo físico está orientada hacia la acción, busca estímulos específicos, en la vivencia está centrada poderosamente hacia su órgano sexual. Su capacidad pro creativa se regenera constantemente. El modo de percepción sexual de la mujer se refiere en medida mayor al cuerpo en su integridad, la disposición propiamente dicha se desarrolla en fases más extensas y en su vivencia involucra así mismo al medio circundante y al clima anímico. Esto nuevamente está relacionado con la disparidad de la constitución.

 

“Sucede, que el amor es algo muy diferente para el hombre y para la mujer. En el caso de la mujer, el amor parte de la fantasía y siempre está vinculado al hecho de formar una imagen. Perdonen que diga esto: la mujer jamás ama simplemente al hombre real, allí parado en la vida: los hombres de hecho no son así, que puedan ser amados, tales como son hoy, con una sana fantasía, sino, que siempre hay algo más, contiene la imagen que procede de ese mundo que es un don del cielo. El hombre en cambio, ama al deseo; el amor del hombre ostenta un explícito carácter de deseo.

Y esa diferencia tiene que hacerse, tal como luego llega a la expresión en un sentido ideal y real. El ideal más elevado aún puede contener deseos ideales; lo sensualmente más instintivo, puede ser producto de la fantasía. Esa diferencia radical empero existe entre el amor del hombre y el amor de la mujer. El amor de la mujer está sumergido en fantasía; el amor del hombre está sumergido en el deseo. De esta manera forman algo, que en la vida ostenta armonía”. (R. Steiner, conferencia del 4 de enero de 1922 en Dornach, en: El sano desarrollo del ser del hombre).

Aquí Rudolf Steiner caracteriza a la mujer anímicamente por su orientación hacia la fantasía como orientada hacia el futuro. Al acompañar con amorosa vivencia la imagen ideal en el hombre, es, vista espiritualmente, aquella que puede apoyar en el hombre, la búsqueda del ideal propio. Además de aparecer en la literatura medieval de amor, antes mencionada el conocimiento del significado y la importancia del ser humano femenino, aparece también claramente, en la literatura del romanticismo temprano, en los dramas clásicos de Schiller, pero también en Goethe, por ejemplo, en los famosos versos finales del “Fausto” – un ser humano en la búsqueda:

 

“LO ETERNAMENTE FEMENINO NOS ELEVA”

 

Frente a ello, a partir de la orientación hacia el deseo del hombre en el amor resulta una clara auto referencia.

Al relacionar estos pensamientos con la orientación cósmica y orientada hacia el medio circundante del cuerpo astral de la mujer, con su dotación más espiritual, posee la posibilidad de realizar dentro de sí al ideal de lo humano generalizado. Su Yo se siente naturalmente integrado a los procesos del mundo, por tal motivo, tiene una mayor seguridad propia.

El hombre tiende a un modo de vida más bien materialista intelectual, con ello empero también en medida mayor a la individualización. Su Yo se halla enfrentado al mundo y él intenta salvar la distancia, conscientemente, desde su propia postura. Por ahora, poco se entiende a sí mismo dentro del cosmos, o bien, dentro de la humanidad. El mundo exterior en cambio se le abre a través del pensar.

 

Esta diferencia entre la mujer y el varón, naturalmente cobra validez en la transición hacia la edad juvenil:

 

“El varón no sabe qué hacer consigo mismo. Ha asimilado algo, que justamente a esa edad de los 14 – 15 años comienza a parecerle ajeno, extraño. Entra a un estado de asombro, a una crítica, a un escepticismo frente a sí mismo. Y aquel que comprende la naturaleza humana sabe, que este ser de dos pies que se desplaza sobre la tierra y al que llamamos Anthropos, ese ser ha sido jamás para filósofo alguno un enigma tan grande como lo son a menudo los varones a los quince años; dado que allí lo enigmático abarca todas las fuerzas del alma humana. Puesto que aquello que se encuentra lo más alejado de la conciencia común – la voluntad – es la que ejerce un embate contra el sistema nervioso del joven a la edad de los 14 o los 15 años.

 

Algo diferente sucede en el caso de las jóvenes, y si queremos ir en búsqueda de aquello a que con toda justicia se está aspirando y lo que de hecho tendrá que acontecer en el futuro – la igualdad plena, la plena igualdad de derechos para ambos sexos para el mundo – entonces tenemos que tener una claridad de visión para la diferenciación. (….) y en el mismo sentido en el cual el joven se conforma para sí mismo, en algo que le causa asombro, para la joven justamente el mundo exterior se constituye en un enigma. La joven ha asimilado dentro de sí, algo supra-terrenal. En la joven, inconscientemente, se configura toda la entidad humana. Entonces, frente a nosotros encontramos un ser humano, a los 14 – 15 años de edad, que ahora experimenta asombro frente al mundo, que en el mundo encuentra los enigmas, que en el mundo sobre todo quisiera hallar la realización de valores.

Y es así, que justamente en esta etapa de la vida, para la joven hay cosas del mundo exterior, que comienzan a ser incomprensibles para ella. En el caso del varón, es el mundo interior el que se torna incomprensible (…) podríamos decir entonces: a la joven le es implantado algo del cosmos entero, algo del universo, a una edad más temprana; al varón se le implanta el medio circundante sobre la tierra, a través de la lengua. “(Rudolf Steiner, conferencia del 9-8-1922, Oxford, en: Las fuerzas espirituales-anímicas en el arte del educar”, g A 305).

 

 

LOS PLANOS DE UNA EDUCACIÓN SEXUAL HUMANA – GLOBAL

 

¿Qué consecuencias pedagógicas resultan a partir de lo aquí expuesto? En principio, la educación sexual hoy es motivada por la preocupación de que el trato con las fuerzas del instinto que nos han sido implantadas, involucran peligros, por tal razón, el conocimiento de los procesos orgánicos y físicos en el cuerpo propio, tendrá que disponer la responsabilidad en los jóvenes en su camino a la adultez.

 

Al respecto, aspectos físicos – psíquicos ocupan un primer plano:

 

•  Protección frente al abuso

•  Protección frente al hecho de convertirse en víctima, y también

•  del ser degradado a objeto;

•  Evitar experiencias traumáticas

•  Evitar aprietos

•  Evitar embarazos no queridos

•  Consejos acerca de higiene

•  Esclarecimiento con respecto a peligros de contagio,

•  pero, también de adicciones, dependencias o la sexualización de la sociedad; todos estos son temas, que de manera adecuada deben ser hablados y tomados en cuenta en la escuela y en el hogar paterno.

 

 

Pero, la misión es más amplia: muy tempranamente, ya en la primera edad infantil deben adoptarse las condiciones físicas y anímicas propias. Para ello deberá configurarse un espacio de vida y el comportamiento de los adultos deberá ser acorde a la función del ejemplo. Cuando el niño compenetra su cuerpo mediante la coordinación, cuando desarrolla los sentidos y a su alrededor vivencia personas que a sí mismas y a las demás otorgan un trato respetuoso, más adelante con facilidad mayor podrá conservar la integridad de su propio ser, con lo cual tendrá mayor capacidad para el encuentro con los demás: ya en los primeros siete años, y en un espacio protegido – puesto, que allí es posible la entrega al medio circundante, necesaria para el desarrollo sensorio – el organismo sensorio en su totalidad deberá ser abordado. En el aprendizaje lingüístico, además del conocimiento y significado de las palabras, se predispone la comunicación y con ello la capacidad de poder crear más adelante, una pareja de percepción mutua. Los múltiples elementos musicales unen con su ritmo, sus pausas, sus movimientos configurados, bases para la creación de todos los procesos sociales. La inmersión en imágenes narradas diseña las formas primarias de la conjunción de los hombres profundamente en su ser anímico, colocando así las bases para el comportamiento propio en lo social y en lo que a la pareja se refiere.

 

A partir de los 10 – 12 años, será necesario acompañar a los niños en la vivencia del organismo anímico propio, que comienza con un cambio del sistema respiratorio (Ernst Michael Kranich: Fundamento antropológico de la pedagogía Waldorf , Stuttgart 1999, pág. 180); en el desarrollo de los órganos sexuales y los cambios en el sistema glandular, sin que de esta manera se pierda el hechizo, y el misterio de la capacidad amorosa con todos sus matices, a causa de la exposición de los modelos biológicos. La mejor manera de lograr esto, es a través de la descripción objetiva de los órganos y sus procesos en imágenes apropiadas , dado, que a esta edad la vivencia propia de los adolescentes puede conectarse con facilidad mayor a este enfoque que a los modelos de funcionamiento anatómico puramente. Impulsar el amor hacia el mundo, en lo grande y en lo pequeño es misión en la enseñanza, así como también la educación hacia la cortesía y el respeto, también frente a la particularidad del otro sexo.

 

Recién en la juventud está disponible la base anímica para una compenetración con criterio propio con respecto a los fundamentos del ser humano en el sentido propiamente dicho. Con anterioridad a ello cobra validez: conducción, comprensivo acompañamiento y recurrir a aquello, que aparece en el medio circundante y en el interior de los niños. A la edad juvenil luego es posible incluir la respectiva potencialidad, los respectivos impulsos biográficos propios en las reflexiones biológicas del hombre, la autoestima, la capacidad de encuentro y el sentido con referencia al destino propio, así como al destino de los seres humanos con los cuales me encuentro, podrán ser vivenciados entonces en una relación con la encarnación propia como hombre o como mujer.

 

La separación, o la abstracción en el sentido puramente físico, se contradice con la dignidad humana y con un principio pedagógico que quiera coadyuvar al desarrollo biográfico de una persona. Una educación completa debe tomar en cuenta tres planos:

 

  • Al cuerpo como instrumento (Aspectos: salud, higiene, percepción).

 

  • Los procesos anímicos y sociales (Aspectos: escuchar, tener encuentros, orientación hacia, empatía, preocupación, ternura, cariño, pero también cortesía y respeto).

 

  • Las cuestiones espirituales (aspectos: ¿Quién eres tú? ¿Qué requiere el encuentro entre nosotros? ¿cuál es mi destino? ¿Cuál es mi responsabilidad?

Para la educación juegan un rol los tres planos a cualquier edad. Naturalmente conforma un desafío para los padres y los pedagogos la toma de decisión, dado el caso mediante un intercambio de ideas, acerca de cuándo, cómo, y por quién debe ser tratado el tema. Aquí, no pueden ser dados modelos Standard para el proceder. Cada situación, cada grupo humano y en realidad, cada persona tienen que ser tomados en cuenta con respecto al hecho, de cómo debe ser introducida la iniciación a la sexualidad. Todas las indicaciones referidas o contenidos posibles y métodos a seguir, por lo tanto deberán ser considerados como incentivos para el proceso de conciencia de los educadores.

Es menester así mismo reflexionar acerca de los fenómenos de la época. En el ámbito del amor, en la actualidad la sexualidad física ocupa un lugar tan dominante, que el egoísmo y con ello la vida en pareja se han convertido en un problema social básico. Cuando la autosatisfacción y la orientación hacia lo físico se pregonan a modo de estrategias puntuales de publicidad, con el fin de incentivar el egoísmo y el consumismo, se corrompen el interés por el mundo y el amor por el prójimo.

Cuando al Eros se lo relaciona unilateralmente con el cuerpo, entonces, se extingue la facultad del aprendizaje, dado, que con ello el hombre no sólo le da la espalda al mundo para abocarse a su egoísmo, sino también, a su potencial y a su Yo superior, que lo llama a la perfección. Frente a ese peligro dado en el egoísmo físico-anímico, sobre todo para los jóvenes, nos habla Rudolf Steiner en su conferencia citada inicialmente. Por lo tanto, es un error, deducir de la misma un rechazo del amor y del Eros en el sentido de la relación inter-humana.

 

Cuando a través del interés por el mundo y con referencia a los interrogantes con los cuales se confronta la humanidad de la actualidad es llamada la voluntad de aprendizaje de los jóvenes – dado que allí yace la importancia del Eros pedagógico – entonces podemos nutrir al mismo tiempo, una saludable relación hacia la biografía propia y con ello, hacia la propia corporeidad, hacia la capacidad del encuentro con los demás, y hacia el verdadero amor.

 

ACOTACIÓN FINAL

A partir de lo aquí expuesto puede surgir, la razón por la cual una enseñanza de la sexualidad definida a modo de materia de estudio en la pedagogía Waldorf , puede ser comprendida únicamente, en el contexto del principio pedagógico en su conjunto. Las dificultades con ello relacionadas y los consiguientes desafíos no nos liberan empero de la necesidad de acompañar los procesos de maduración de nuestros niños y jóvenes

 

  • a su debido tiempo
  • de manera apropiada
  • y globalmente

Preparándolos así para el mundo, brindándoles “afinación y apertura”.

La libertad que conduce a una vida con plenitud, no se genera ni a través de tabúes, ni a través de soñolencia, ni a través de ausencia de límites o con una apertura total. Va creciendo a partir de la confianza propia que se tiene del niño. La necesaria referencia hacia la sexualidad propia no se genera a través de esclarecimiento callejero ni mediante modelos de iniciación. La misión de la iniciación en la sexualidad requiere en cambio de la comunicación abierta entre los padres, los educadores o bien los maestros, requiere, tomar en cuenta al niño y su entorno, así como el acompañamiento individual de responsabilidad compartida. Una preparación con respecto a esa misión de acompañamiento yace así mismo en la ocupación del educador con las cuestiones fundamentales del ser humano, con las cuestiones del destino y las cuestiones acerca de las fuerzas que constituyen este mundo. Allí, se encuentra un contenido importante para el trabajo en los jardines infantiles y las escuelas.

En una época, en la cual en su modo de vida se ha alejado de los procesos de la naturaleza que lo rodean y en la cual el individuo se está emancipando en su comportamiento en medida cada vez mayor de las formas culturales tradicionalmente comunitarias, aparece la pregunta acerca de qué podrá ocupar el lugar de las iniciaciones introductoras al orden social y a la comprensión de la vida. En la mencionada cuarta conferencia “ Estudio del hombre ”, Rudolf Steiner está señalando las delicadas disposiciones que actúan en cada ser humano, que a partir de su propio ser espiritual-ideal, constantemente se siente llamado al mejoramiento, al perfeccionamiento, es decir, a la realización de su potencial individual. La pedagogía Waldorf toma como meta, establecer una relación consciente hacia esa fuente interior de aprendizaje independiente y con ello, desarrollar un acceso individualmente fundamentado hacia imágenes-guía, anímicas, de orden superior, en lugar del orden de valores, antiguamente transmitidos en forma colectiva. Entendido de esta manera, la enseñanza se convierte en un moderno acto de iniciación hacia sí mismo. El estudio de la sexualidad tiene su ubicación dentro de este contexto.