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Rudolf Steiner

REPRESENTACIÓN RESUIMDA DE LOS DOCE SENTIDOS

De: “Enigmas del alma”

Lo que aquí puedo mencionar, son RESULTADOS en breve representación de bosquejo. Y ruego a los lectores, recibirlos por ahora como tales. No se trata de “ocurrencias” sino, de algo que he ensayado mediante un trabajo a lo largo de años.

En ocasión de la vivencia del alma, que por Franz Brentano fue señalado como JUZGAR, a la mera representación, que consiste en una configuración interior de imagen, se agrega una aceptación o un rechazo de las imágenes representadas. Para el investigador del alma se genera la pregunta: ¿en la vivencia anímica, qué es aquello por lo cual no tan solo se produce la imagen de representación: “árbol verde”, sino el juicio: “es un árbol verde”?

Dentro del circulo más estrecho de la vida representativa, que circunscribimos en la conciencia ordinaria, no puede hallarse este “algo”. El hecho de que allí no puede ser hallado, ha conducido a aquellas ideas teóricas-cognitivas que he señalado en el segundo tomo de mi libro “Los enigmas de la filosofía”, en el capítulo: “el mundo a modo de ilusión”. Al respecto se trata de una vivencia que se halla fuera de este círculo. Depende de hallar al “Donde”, en el ámbito de las vivencias anímicas.

Estando ubicado el hombre frente a un objeto sensorio en actividad perceptiva, ese “algo” no puede ser hallado en todo aquello que el hombre recibe en el proceso perceptivo de manera tal que esa recepción es captada a través de las representaciones fisiológicas y psicológicas, que por un lado se refieren al objeto exterior y por el otro, al sentido que viene al caso de manera directa.

Al tener alguien la percepción “árbol verde”, el estado del asunto del juicio “es un árbol verde”, no puede ser hallado en la relación fisiológica o psicológica directamente evidenciable entre “árbol” y “ojo”. Lo que en el alma se vivencia a modo tal de hecho interior del EMITIR JUICIO, es aún una relación diferente entre “hombre” y “el árbol”, que aquella entre el “árbol” y el “ojo”. Sucede que tan solo esta última relación es vivenciada con agudeza plena con la conciencia común. La otra relación permanece en una vaga subconsciencia y aparece tan solo en el RESULTADO, que yace en el RECONOCIMIENTO del “árbol verde” a modo de algo existente. En cada percepción que se agudiza en dirección a un juicio, estamos rente a una DOBLE RELACIÓN del hombre hacia la objetividad.

Tan solo obtenemos conocimiento de esta doble relación, reemplazando la fragmentaria teoría sensoria, por una completa. Quien toma en consideración todo aquello que viene al caso, con respecto a la característica de un sentido humano, hallará que tenemos que denominar “sentido”, aun algo más que aquello por lo común que hacemos. Aquello que al “ojo” lo convierte en “sentido”, se halla en existencia por ejemplo también cuando vivenciamos al estado de cosas: “se observa a OTRO “yo”, o “se reconoce a un pensamiento humano de otro, como tal”. Frente a tales estados de cosas, por lo general cometemos el error, de no llevar a cabo una justificada y necesaria diferenciación. Creemos por ejemplo, que al escuchar las palabras de otro, hablar de “sentido” es menester tan solo tomar en cuenta el “oído”, mientras que todo lo demás lo adjudicamos a una actividad interior, no-sensoria.

El asunto empero  no es así. Al estar escuchando voces humanas y su comprensión a modo de pensamientos, viene al caso una triple actividad. Y cada miembro de esta triple actividad tiene que ser considerado por sí mismo para que pueda establecerse una justificada concepción científica. El “escuchar”, es una de las actividades. El “escuchar” por sí mismo empero, o es un “percibir de palabras”, como el “accionar del tacto” es un “estar viendo”.

Y como tenemos que diferenciar de manera objetiva, entre el sentido del “palpar” y aquel del “ver”, también lo tenemos que hacer entre el “escuchar” y la “percepción de palabras” y el sucesivo “captar de pensamientos”. El no separar debidamente “la captación de pensamientos” de la actividad del pensar, reconociendo al carácter propio de los sentidos, conduce a una deficiente psicología y una carenciada teoría cognitiva. Cometemos ese error tan solo por el hecho de que el órgano “de la percepción de palabras” y el órgano “del captar pensamientos” no resultan ser tan notorios como la oreja para el “escuchar”. En realidad para ambas actividades perceptivas, a su vez existen “órganos” como el oído para el escuchar.

Al llevar a cabo, lo que la fisiología y la psicología indican en ocasión de una contemplación plena al respecto, llegamos a la siguiente contemplación con respecto a la organización sensoria humana. Tenemos que definir: el sentido para la “percepción del yo” de la otra persona; el sentido para “el registro” del pensamiento”; el sentido para “la declaración de palabras”, el sentido de la audición; el sentido del calor; el sentido de la vista; el sentido del gusto; el sentido del olfato; el sentido del equilibro (la vivencia perceptiva del hallarse en una determinada postura de equilibro frente al mundo exterior) el sentido del movimiento (la vivencia perceptiva de la calma y el movimiento de los miembros propios por un lado, o de la calma o el movimiento frente al mundo exterior por el otro lado); el sentido de la vida (la vivencia de la constitución en el organismo; el sentimiento del estar subjetivo); el sentido del tacto. Todos estos “sentidos” llevan dentro de sí las características, por las cuales al “ojo” y al “oído” de hecho los denominamos “sentidos”.

Quien no reconoce la justificación de una diferenciación tal, entra en una confusión con su reconocimiento frente a la realidad.

Con sus nociones padece el destino, de que no le permiten vivenciar lo real y lo verdadero. Para quien que por ejemplo al “ojo” lo califica como “sentido”, y no adopta un “sentido” por la “percepción de palabras”, también la noción que se forma del “ojo”, es una estructura irreal…

Al situarse el hombre frente a un objeto sensorio, sucede que recibe una impresión tan solo mediante UN  sentido, sino además AL MENOS POR UN SENTIDO MÁS, de la serie arriba mencionada. La relación hacia un sentido, entra con especial agudeza a la conciencia común; la otra permanece en un estado menos nítido.

Existe empero entre los sentidos la diferencia, que una parte de los mismos, hacen vivenciar la relación  hacia el mundo exterior en medida mayor que una relación exterior; la otra en medida mayor que algo, que con el propio ser se halla en íntima relación.

Los sentidos que poseen un íntimo vínculo con el propio ser, son por ejemplo, el sentido del equilibro, el sentido del movimiento, el sentido de la vida, y también el sentido del tacto. En la percepción de tales sentidos frente al mundo exterior, siempre de vaga manera, sentimos asimismo, al ser propio. Y podemos decir, aparece una imprecisión de la percepción consciente, a causa de que la relación hacia afuera es acallada por la vivencia del propio ser.

Cuando acontece por ejemplo, que se ESTÁ VIENDO un objeto, y a su vez el sentido del equilibrio está transmitiendo una impresión, entonces, lo observado se percibe con nitidez. Esto que se está viendo, conduce a la representación del objeto. La vivencia obtenida por el sentido del equilibrio permanece vaga como percepción; cobra vida en el juicio: “lo visto es”, o “es lo visto”.

En la realidad, las cosas no están situadas una al lado de la otra, ostentando abstractas diferencias, sino que se traspasan con “sentidos” existen tales, que en menor medida tienen relación con el mundo exterior  y en cambio en medida mayor transmiten la vivencia del propio-ser. Estos últimos se sumergen más bien en la vida interior del alma, en mayor medida por ejemplo que el ojo y el oído; así la transmisión del resultado de su percepción, aparece como vivencia anímica interior. Tendríamos empero también en ellos, diferenciar lo propiamente anímico del elemento de la percepción de la manera tal como por ejemplo en lo que hemos visto, diferenciamos los hechos externos de las vivencias anímicas interiores realizadas a partir de los mismos. 

Para aquél que se sitúa sobre el aspecto antroposófico, no puede haber atemorización   frente a tales sutiles diferenciaciones de conceptos, como allí se realizan. Tiene que poder diferenciar el “percibir de las palabras” por parte del oído por un lado y ese “percibir de las palabras” de “comprender las palabras”, transmitido por los pensamientos propios, de manera tal como diferencia la conciencia común entre un árbol y una roca.

Si en mayor medida se tomaría en cuenta esto, nos daríamos en cuenta, que la Antroposofía no tan solo tiene este lado, que de común se señala como mística, sino también el otro, mediante el cual conduce a una investigación científica no menos importante que la ciencia natural, sino a una más científica, que requiere una elaboración metódica más refinada de la vida concepcional, que aun la filosofía tradicional.

Creo, que Wilhelm Dilthey con su investigaciones filosóficas se hallaba en camino hacia la teoría sensoria tal, que aquí he presentado, que empero no pudo llegar a una meta, por no poder avanzar hacia una elaboración plena de las respectivas nociones.



6.11.2017