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Rudolf Steiner

REPRESENTAR, SENTIR, QUERER

(De: Enigmas del alma)

A modo de bosquejo, quisiera presentar también lo indagado acerca de las relaciones entre lo anímico y lo físico-corporal. Puedo afirmar, que con ello estoy registrando los resultados de una investigación científica-espiritual llevada a cabo durante treinta años. Recién en los últimos años me ha sido posible, plasmar en palabras aquello que viene al caso, de manera tal que a lo buscado puede conducir a una especie de cierre previsional. Permítanme, presentar aquí los RESULTADOS de manera alusiva. Su fundamentación, puede ser dada mediante los medios científicos existentes en la actualidad.

Sería el tema de un libro voluminoso, que este momento las circunstancias me impiden redactar.

Al buscar la relación de lo anímico hacia lo corporal, no podemos implementar la membración de la vivencia anímica, dada en la representación, en el juicio y en las manifestaciones del amor y del odio. Esta membración, en el apelar a estas relaciones, conduce a una desviación de todas las condiciones que vienen al caso, de modo tal que no podemos llegar a resultados apropiados. En oportunidad de una consideración de esta índole, tenemos que partir de una membración en representación, sentir y querer, rechazada por Brentano.

Al resumir todo aquello, que vivenciamos anímicamente a modo de representación, y buscamos los procesos corporales con los cuales tenemos que relacionar este hecho anímico, encontramos al contexto respectivo, conectándonos en amplia medida, a los resultados de la actual psicología fisiológica. Los contrastes corporales a lo anímico de la representación, por un lado lo tenemos que ver en los procesos del sistema nervioso, con su desborde hacia los órganos sensorios, por un lado,  y por el otro, en la organización interior física.

Por más que desde el criterio antroposófico diversas son las cosas que tendremos que re-pensar de manera diferente a aquella que emplea la ciencia de la actualidad: en esa ciencia existe una base de excelente naturaleza. No sucede lo mismo, cuando queremos determinar los contrastes físicos referidos al sentir y al querer. Con referencia a ello, tenemos que encontrar primero, el camino certero en los resultados de la fisiología de la actualidad. Una vez logrado esto, hallaremos, que del mismo modo como al representar lo tenemos que relacionar con la actividad de los nervios, así al sentir lo tenemos que relacionar con el ritmo de la vida, que tienen su centro en la actividad de la respiración y tiene relación con la misma.  Al respecto tenemos que tomar en cuenta que para acceder a la meta buscada, tenemos que observar al ritmo de la respiración, con todo aquello que con ello se relaciona, hasta en las partes periféricas más extremas de la organización. Para llegar a resultados concretos en este campo, tienen que ser seguidas las experiencias concretas de la investigación fisiológica en esta dirección, que en la actualidad aun son poco conocidas. Recién cuando esto se logra, desaparecen todas las contradicciones que en principio resultan, cuando se reúnen el sentimiento y el ritmo respiratorio. Lo que en principio promueve la contradicción, en ocasión del abordar el asunto, se convierte en comprobación de esta relación.

Del vasto campo que aquí debe ser tomado en cuenta, destacamos tan solo un ejemplo. La vivencia de lo musical se basa sobre un sentimiento. El contenido de la estructura musical empero, vive en la representación, que es transmitida por las percepciones del oído. ¿A través de qué se genera la vivencia del sentimiento musical? La REPRESENTACIÓN de la estructura tonal, que se basa sobre el órgano auditivo y el proceso nervioso, no es aun esa vivencia musical. El mismo se genera, cuando en el cerebro el ritmo respiratorio en su continuación que llega hasta el interior de este órgano, se encuentra con aquello, que es llevado a cabo por el oído y el sistema nervioso.   Y el alma entonces no vive tan solo en lo oído y lo representado, sino que vive en el ritmo respiratorio; vivencia aquello que es promovido en el ritmo respiratorio por el hecho de que por cierto aquello que acontece en el sistema nervioso, choca con esa vida rítmica. Es menester tan solo, contemplar debidamente la fisiología del ritmo respiratorio, para llegar al reconocimiento del emblema: el alma vivencia sintiendo, apoyándose sobre el ritmo respiratorio, tal como lo hace sobre los procesos  nerviosos, al representar. Y con respecto al querer hallamos, que el mismo se apoya de manera similar, sobre los procesos metabólicos. En ese caso debe ser tomado en cuenta, todo aquello que viene al caso en todo el organismo, referido a ramificaciones y ramales. Y como luego, cuando algo “se representa”, tiene lugar un proceso nervioso, a partir del cual, el alma toma conciencia de aquello que se está representando, y como luego, cuando “algo se siente”, tiene lugar una modificación del ritmo respiratorio, mediante la cual se produce un sentimiento: así, cuando “algo se quiere”, se produce un proceso metabólico, que es la base física para lo vivenciado en el alma a modo de querer.

Sucede que en el alma existe una vivencia plenamente consciente tan solo con respecto a la representación promovida por el sistema nervioso. Aquello que es transmitido por el ritmo respiratorio, cobra vida en la conciencia común, en la envergadura aquella, que poseen las nociones de los sueños. A ello pertenece todo lo referido al sentimiento, también todos los afectos, todas las pasiones, etc. El querer que se apoya sobre procesos metabólicos, no es vivenciado en grado superior a aquel, muy vago, existente durante el sueño.

En ocasión de la contemplación detenida de aquello que aquí viene al caso, notaremos, que al querer lo vivenciamos de manera muy diferente que la representación. Esto último lo vivenciamos de manera tal, como vivenciamos una superficie pintada con color; al querer lo vivimos como una superficie negra, dentro de un campo colorido. Dentro de la superficie sobre la cual no existe color, estamos “viendo” algo por el hecho de que a diferencia del medio circundante del cual parten impresiones de color, de esa superficie no provienen tales impresiones: “estamos representando al querer”, porque dentro de las vivencias representativas del alma, en determinados lugares se inserta un no-representar que se introduce en la vivencia plenamente consciente, de similar manera  como las interrupciones de la conciencia sucedidas en el estado dormido, en el consciente curso de la vida. A partir de estos tipos diversos de la vivencia consciente, resulta la multiplicidad de la experiencia anímica en el representar, el sentir  y el querer…

Cuando en este ámbito queremos establecer conceptos claros, tenemos que contemplar los resultados fisiológicos y psicológicos dentro del contexto requerido por la realidad; pero no de manera tal como suele acontecer en la fisiología y la psicología, procedente de un criterio proveniente de opiniones pre-establecidas, definiciones,  y hasta de simpatías y antipatías teóricas. Sobre todo, tenemos que presentar atención a la relación de actividad nerviosa, el ritmo respiratorio y la actividad metabólica. Dado que estas formas de la actividad no se sitúan una a lado de la otra, sino que se encuentran MUTUAMENTE INMERSAS, se compenetran, se entretejen. La actividad metabólica existe en todo el organismo; compenetra los órganos del ritmo y aquellos de la actividad nerviosa. En el ritmo empero, NO es la base física del sentir, en la actividad nerviosa, NO es aquella de la representación; sino que en ambas tenemos que concederle la efectividad volitiva, que compenetra al ritmo y a   los nervios. Lo que en el nervio existe como actividad metabólica, tan solo un prejuicio materialista puede ubicar en una relación con el representar. La contemplación arraigada en la realidad, muestra algo muy diferente. Tiene que reconocer, que en el nervio existe metabolismo, en tanto que lo compenetra el querer. Lo mismo acontece en el aparato físico para el ritmo. Lo que en él es actividad metabólica, tiene que ver con el querer existente en ese órgano. 

Tenemos que relacionar con la actividad metabólica, al querer, con el acontecer rítmico, el sentir, indiferentemente al órgano, en el cual se manifiestan el metabolismo o el ritmo.

En los nervios empero acontece algo muy diferente aun, que en el metabolismo y el ritmo. Los procesos físicos en el sistema nervioso, que a la representación le otorgan la base, en lo fisiológico son difíciles de capturar. Dado que donde tiene lugar actividad nerviosa, se halla en existencia representativa de la conciencia común. Esta oración empero, puede ser presentada de manera invertida: donde no se representa, jamás puede ser hallada actividad nerviosa, tan solo actividad metabólica en el nervio y de manera indicativa, acontecer rítmico. La fisiología jamás podrá llegar a conceptos útiles y reales para el estudio de los nervios, mientras que no reconoce, que la real actividad nerviosa jamás puede ser objeto de la observación fisiológica de los sentidos.

La anatomía y la fisiología tienen que llegar a la conclusión, de que la actividad nerviosa solo puede ser hallada a través de un MÉTODO DE EXCLUSIÓN. Lo que en la vida nerviosa NO es observable mediante los sentidos, de lo cual empero lo propio de los sentidos indica la necesidad de su existencia y también la particularidad de su accionar, esa es la actividad nerviosa llegamos a una representación positiva referida a la actividad nerviosa, cuando en ella descubrimos al acontecer material aquel, mediante la esencia espiritual-anímica del vivido contenido representativo, es reducido al representar exento de vida de la conciencia común. Sin este concepto, al cual tenemos que introducir a la fisiología, en la misma no existiría posibilidad alguna, para definir lo que es la actividad nerviosa. La fisiología ha desarrollado métodos, que en la actualidad a este concepto más bien lo ocultan en lugar de revelarlo. Y también la psicología en este ámbito se ha cerrado el camino. Observemos por ejemplo tan solo, como la psicología Herbart ha actuado en esa dirección. Ha orientado su mirada tan solo hacia la vida  representativa, y en el sentir y en el querer está viendo tan solo un accionar de la vida representativa. Todas esas eficacias empero, se diluyen frente al criterio, cuando no al mismo tiempo orientamos la mirada imparcial, a la realidad del sentir y del querer. Debido a un desfasaje tal, no llegamos a una coordinación apropiada del sentir y del querer hacia los procesos del cuerpo.

El CUERPO COMO UN TODO, y no tan solo la actividad nerviosa en él contenida, es la base de la vida del alma. Y como esta última puede ser circunscripta mediante representar, sentir y querer, así podemos circunscribir la vida corporal a través de  actividad nerviosa, acontecer rítmico y procesos metabólicos.

De inmediato entonces se presenta la pregunta: ¿en el organismo, de qué manera se incorpora por un lado la real percepción sensoria, en la cual la actividad nerviosa tan solo finaliza, y cómo la capacidad del movimiento por el otro lado, en el cual desemboca el querer? la observación imparcial indica que ambas no pertenecen en el mismo sentido al organismo como la actividad nerviosa, el acontecer rítmico y el procesos metabólicos. Lo que en el sentido acontece es algo, que no pertenece al organismo de manera directa. El mundo exterior se extiende hacia los sentidos de la manera de golfos en la escancia del organismo. Al abarcar el alma el acontecer que tiene lugar en el sentido, no participa de un acontecer orgánico interior, sino en la continuación del acontecer externo, hacia el interior del organismo.

En el proceso de un movimiento, en lo físico tampoco tenemos que ver con algo, cuya esencia se encuentra en el interior del organismo sino con una efectividad del organismo en las relaciones de equilibrio y de fuerzas, en las cuales el organismo, está ubicado frente al mundo exterior. Dentro del organismo, al querer tan solo se le concede un proceso metabólico; el acontecer promovido por ese acontecer empero, a su vez es un hecho esencial dentro de las relaciones de equilibrio y de fuerzas del mundo exterior; y al actuar de  manera volitiva, el alma abarca el ámbito del organismo                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   y con su accionar, participa del acontecer del mundo exterior. 

La membración de los nervios en nervios sensibles y nervios motrices, ha provocado una gran confusión para la contemplación de todas estas cosas. Por más firme que está membración aparece en la concepción fisiológica de la actualidad: no se halla fundamentada en la observación imparcial. Lo que la fisiología expone a partir de la trans-sección nerviosa o un proceso neuropático NO demuestra lo que resulta sobre la base del ensayo o de la experiencia sino algo muy diferente. Muestra, que la diferencia no existe, que se supone entre lo nervio sensorios y los nervios motrices. Ambos tipos de nervios más bien son SIMILARES EN ESENCIA. El así llamado nervio motriz  NO ESTÁ AL SERVICIO del movimiento, como lo supone la teoría de esta membración, sino COMO PORTADOR DE LA ACTIVIDAD NERVIOSA,  se halla al servicio de la percepción interior del proceso metabólico aquel que subyace al querer, del mismo como el nervio sensible  de la percepción se halla al servicio de aquello que tiene lugar en el órgano sensorio. Recién cuando la teoría de los nervios trabaje con claros conceptos podrá generarse una correcta coordinación de la vida del alma con la vida del cuerpo.

De modo similar como podemos buscar de manera psico-fisiológica las relaciones de la vida anímica hacia la vida corporal dentro de la representación, el sentir y el querer, así de manera antroposófica, podemos ir en búsqueda de conocimiento de las relaciones, que lo anímico de la conciencia común posee hacia la vida espiritual.

Entonces en los referidos métodos antroposóficos encontramos, que para la representación, como en el cuerpo la actividad nerviosa así en lo espiritual encuentra una base. El alma se encuentra en relación hacia un ente espiritual ubicado en el lado opuesto al cuerpo, que es la base para la representación de la conciencia común. Ese ente espiritual empero tan solo puede ser vivenciado mediante el reconocimiento contemplativo. Y es vivenciado de manera tal que su contenido se presenta a modo de membradas imaginaciones   para la conciencia que las contempla. Tal como en dirección hacia el cuerpo, el representar se basa sobre la actividad nerviosa, así desde el otro lado fluye  desde un ente espiritual, que se revela en imaginaciones. Este ente espiritual es aquello, que en mis publicaciones he llamado cuerpo etérico, o cuerpo de vida. (Siendo cuando así lo empleo, siempre recuerdo, que tanto “cuerpo”, como “éter" no deben ser entendidos en el sentido  materialista)

La percepción de la conciencia común, en dirección hacia el lado del cuerpo, se basa sobre el acontecer rítmico. Proveniente del lado espiritual, fluye desde un ente espiritual, que dentro de la investigación espiritual, es hallado mediante métodos, que en mis escritos los señalo como aquellos de la inspiración (siendo que deberá ser tomado en cuenta, que dentro de ese término, entiendo tan solo lo por mí referido, de manera tal que a mi especificación no la tenemos que confundir con aquello que por novicios es entendido con esa palabra). A la conciencia contemplativa se revela aquello que le es propio al hombre como ser espiritual, más allá de nacimiento y muerte. En este ámbito es, donde la Antroposofía realiza sus investigaciones científicas espirituales acerca de la cuestión de la inmortalidad. ASÍ COMO EN EL CUERPO, A TRAVÉS DEL ACOTECER RÍTMICO SE REVELA  LA PARTE MORTAL DEL SENSIBLE SER HUMANO, ASÍ, EN EL CONTENIDO DE LA INSPIRACIÓN DE LA CONCIENCIA CONTEMPLATIVA, SE REVELA EL NÚCLEO DEL SER ANÍMICO, ESPIRITUAL, INMORTAL.

El querer, con referencia al cuerpo se basa sobre los procesos metabólicos, fluye a partir del espíritu para la conciencia contemplativa, a través de aquello que en mis escritos he denominado las intuiciones verdaderas. Aquello que en el cuerpo se manifiesta a través de la activación ciertamente mínima del metabolismo, le corresponde en lo espiritual lo supremo: aquello que se expresa mediante intuiciones. Es por eso, que el representar que se basa sobre la actividad nerviosa, llega a exposición casi por completa en lo corporal; el querer tiene tan solo un leve reflejo en los procesos metabólicos, que corporalmente le son coordinados. La representación verdadera, es VIVIENTE; la representación físicamente condicionada, es la reducida. El contenido es el mismo. El querer verdadero, también aquel que cobra realidad en el mundo físico, tiene lugar en regiones accesibles tan solo a la contemplación intuitiva; su contraste corporal, casi nada tiene que ver con su contenido.

En aquello, espiritualmente esencial que se revela a la intuición, se halla contenido aquello que desde anteriores vidas terrenales se extiende a las siguientes. Y es en el ámbito aquí concerniente, donde la Antroposofía se aproxima a las cuestiones de las reiteradas vidas terrenales y el asunto del destino. Así como el cuerpo se profesa en actividades nerviosas, en acontecer rítmico y procesos metabólicos, el espíritu del hombre lo lleva a cabo en aquello que se manifiesta en imaginaciones, inspiraciones e intuiciones.

Así como el cuerpo vive y se expresa en la actividad nerviosa, el acontecer rítmico y en los procesos metabólicos, así, el espíritu del hombre lo hace en aquello que se manifiesta  en imaginaciones, inspiraciones, intuiciones. Y así como el cuerpo en su ámbito permite co-vivenciar hacia dos lados la esencia de SU mundo exterior, vale decir, en los procesos sensorios y en los procesos del movimiento, así el espíritu  lo hace hacia un lado, vivenciando la vida anímica representativa, de MANERA IMAGINATIVA, también en la conciencia común; y hacia el otro lado, configurando impulsos INTUITIVOS en el querer, que se plasman a través de procesos metabólicos. Al orientar la mirada hacia el cuerpo, encontramos la actividad nerviosa, que existe como ser representativo; al contemplar al espíritu, vemos al contenido espiritual de las imaginaciones, que fluye justamente hacia el interior de ese ser-representativo.


12.11.2017