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EL DESARROLLO HACIA LA SEXUALIDAD
Educación acompañante

EDUCACIÓN SEXUAL

Nuestro tema tiene diversos aspectos. En primer lugar tendremos que preguntarnos: ¿qué es lo normal en ese contexto?¿con qué debemos manejarnos?. Tenemos que considerar, cómo manejar los así llamados juegos del doctor. Y finalmente tenemos que definir la cuestión de una forma adecuada de explicación en las diferentes fases del desarrollo.

Para poder obtener una imagen completa del desarrollo en cuestión, quiero extender el arco de la edad del lactante hasta la edad juvenil.

LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA

Para comprender la importancia de lo sexual, o bien, el interés en lo sexual en el marco del curso evolutivo infantil, partiremos de la pregunta: ¿en qué relación hacia el mundo se encuentra el ser humano joven, en las diferentes etapas de la vida?¿Y qué situaciones evolutivas son aquellas, en las cuales lo sexual, o bien, las preguntas derivadas, juegan un rol?. Al respecto, constatamos en primer lugar: el niño pequeño está relacionado de manera totalmente intuitiva, relacionado desde el sentimiento con su medio circundante, los hechos y las circunstancias, las condiciones habitacionales, etc, conformando casi, una integridad con todo esto que lo rodea. Es así, que se encuentra inserto en una convivencia elemental y confiada dentro de los procesos del mundo.

Visto desde lo anímico, vale decir, si tomamos en cuenta la orientación del niño hacia el mundo en su primer septenio de vida, es masculino y femenino a la vez. Puesto, que dispone de las dos maneras fundamentales de aproximarse al mundo. Puede acercarse a las cosas con decisión y sin prejuicios, tomar posesión de las mismas, tocarlas, sin mayores ceremonias; eso, lo podemos llamar, el gesto varonil. Dispone asimismo, del gesto pleno de asombro, que se abre, de recepción profunda; eso, lo podemos llamar gesto femenino.

El niño, mediante su sentimiento aún completamente ligado al mundo, posee por lo tanto, ambos gestos, el masculino y el femenino, al mismo tiempo. Con ello, le es dado al niño, una superioridad propia y una tranquilidad frente al mundo, que nosotros, los adultos, tal vez podamos alcanzar nuevamente en la vejez. Al estar frente al mundo tanto de manera masculina como femenina, el niño anímicamente es “libre de sexo”.

Es “libre de sexo” también por la razón, de que los órganos interiores de la procreación entran en función recién a partir de la pubertad. En definitiva es “libre de sexo”, en el sentido de que no existe en el niño una necesidad, un deseo sexual, orientado hacia otra persona.

Lo que en el niño aparece como actividad sexual, pertenece al marco del interés ingenuo, pleno de amor y asombro frente al mundo. Y una parte de ese mundo, viene a ser el cuerpo propio, conjuntamente con los sentimientos y percepciones que con él podemos tener, y que, por supuesto tiene que ser investigado, tal como otras partes del mundo también. Miremos en primer lugar, simplemente las expresiones de ese interés con entrega por esa parte del mundo, que tiene que ver con la sexualidad.

Del mismo modo, como el niño investiga con detención el dedo pequeño de su pie, o su ombligo, tocándolos con sus manos, por supuesto investigará también su vagina o su pene.

La ocupación con el propio miembro sexual, debe ser equiparada con otros juegos e investigaciones en el propio cuerpo y con él mismo. También el mostrar y descubrir es normal a esa edad y tiene sentido. Aquí, los padres pueden participar tranquilamente de los juegos. Muestre entonces alegre sorpresa, cuando su pequeño hijo se levanta la camisa para mostrarle su “pitito”. A menudo, somos nosotros los adultos que privamos a esos juegos su inocencia, al reaccionar con exceso, mediante enojo, o hasta castigos, o a través de una alegría excesiva, llamativa de la atención. Tampoco es adecuado el pasar por alto esos juegos por un sentimiento de pudor. Intentemos alegrarnos con el niño, de que en el mundo existe ese, su cuerpo y que ese cuerpo posee una vagina, o bien, un pene. El niño puede entonces hacer uso de ese derecho de jugar con todo su cuerpo.

Las erecciones en el lactante y en los niños un poco mayores, se deben a reflejos y naturalmente están acompañados por sensaciones de agrado. Dejaremos, que sucedan, pero no les prestaremos mayor atención. Permitamos, que el lactante juegue con su pene erguido, nosotros, los adultos, no deberíamos empero tocarlo en ese contexto.

No deberíamos preocuparnos, cuando con cuatro, o con cinco años aparecen fases de auténtica autosatisfacción. Es inofensiva, permitiremos que suceda sin agrandar las cosas. El abstraído juego con el propio miembro genital, no es más dramático como cuando el niño está hurgándose la nariz con el dedo. Si no lo dramatizamos, al cabo de unas semanas, acabará con el juego.

Característicamente, esas fases de autosatisfacción aparecen en una situación evolutiva, en la cual el niño por vez primera sale un poco de la inmediata conjunción con el mundo, descripta al comienzo, aquí, el mundo de los seres humanos que lo rodean. Con aproximadamente cinco años, el niño desarrolla una conciencia de la diferencia en principio de madre y padre, se genera una primera conciencia de masculino y femenino. Hasta ese entonces, la madre y el padre habían sido dos personas que conformaban una unidad, una especie de envoltura primaria. Ahora, esa unidad experimenta una diferenciación y es vivenciada la polaridad de las dos personas primitivas. Por supuesto, que el niño sabe con anterioridad que existen las mujeres y os hombres. Pero ese conocimiento aún no cobra relevancia en el trato con personas concretas. Podría ser entonces, que un cuatriañero podría preguntar a su abuelita: “Abuela, ¿eres un varón o una nena?”. A los seis años, ya no podría formular esa pregunta.

También los juegos del doctor, que aparecen a esa edad, en un principio son inocentes, dado que, así como el niño investiga al mundo, investiga a su vez el cuerpo de los compañeros de juegos; eso, es así. Cuando observamos estos juegos del doctor, con discreción y detención, se podrá ver: raras veces se refieren sólo al sexo, a sus órganos, sino, por el contrario, el niño intenta descubrir la disposición natural de los órganos sexuales en el conjunto del cuerpo. Aquí, sólo puede tratarse de dejar tranquilo al niño en esa tarea.

Todo eso, nada tiene que ver con sexualidad, dado que esas actividades e investigaciones jamás están acompañadas por un deseo sexual, vale decir de la necesidad apremiante de experimentar un deleite físico o un relajamiento en relación con otro ser humano. Esas actividades “sexuales” del niño, jamás están orientadas hacia alguien, tampoco en la fantasía. Por lo tanto, los juegos del doctor, en principio son inocentes. No se orientan a determinadas personas, tampoco a la persona del compañero del juego, sino al cuerpo humano en sí.

Un niño de desarrollo normal, jamás busca estímulos sexuales. Justamente esto empero, caracteriza al mundo de los adultos. Un niño no es apelable mediante las publicaciones respectivas expuestas en los kioscos. Cuando un niño toca el pecho de la madre o tira del vello de su pubis, no se trata de su carrera como criminal sexual, sino que es la expresión del justificado interés del niño por el mundo.

La sexualidad del adulto está referida siempre a otra persona, por supuesto, que puede ser llevado a cabo tan sólo en la fantasía. Todo ello empero, no liga al niño con el contacto y la investigación de miembros sexuales.

Resumimos entonces: Dentro del desarrollo natural, no existe una sexualidad infantil propiamente dicha. Existe la investigación del cuerpo propio, del cuerpo de los padres y de los amigos de los juegos. Por supuesto, que existen experiencias físicas, que más tarde se incorporan a la vida sexual y existe, naturalmente, una gran necesidad del niño con respecto a consagración, amor, ternura y mimos. Todo esto empero no es una necesidad sexual.

El problema al que aquí nos referimos, evidentemente consiste simplemente en un malentendido entre los adultos y el niño. Aquí, el adulto toma por sexual algo que no es sexualmente orientado. Lo refiere a su mundo, en lugar de referirlo al mundo del niño, donde está sucediendo. A más tardar a los siete años, pero casi siempre ya a los cuatro o cinco años, van apareciendo, solos, los sentimientos de pudor. Sobre todo, las niñas, ahora quieren ponerse una bombachita y no aparecer desnudas, sobre todo, frente a desconocidos. No es necesario llevar el sentimiento del pudor a la niña mediante la educación. Llega solo, con toda seguridad. Permitamos, que acontezca con toda calma. Tengamos paciencia. La educación hacia el pudor es innecesaria.

LA EDAD DEL JARDÍN DE INFANTES

Para el primer septenio, o bien, para la edad del jardín de infantes cobra validez la receta: por supuesto, que las correspondientes preguntas del niño deben ser contestadas, y contestadas con la mayor seriedad. Pero, los padres no deberían referirse al tema sin ser consultados. Para la contestación de las preguntas, es valedera la regla: las preguntas no deben ser contestadas en primer término con orientación naturalista, sino que deben entregarse “imágenes del alma”.

Un ejemplo, es la pregunta acerca de la procedencia. Aquí, es menester prestar mucha atención y poder saber así, qué es lo que el niño está preguntando realmente. La pregunta: “¿De dónde he venido?” o “¿de dónde vienen los niños?” no tiene un carácter sexual – físico, sino es de naturaleza anímica – espiritual, más amplia. Una respuesta, que solamente representaría el proceso corporal, sería decepcionante para el niño. Lo que el niño quiere saber es, ¿Dónde he estado antes?. Es una pregunta acerca del origen espiritual del ser humano, acerca del cual intuitivamente es sabedor aún. La respuesta correcta por lo tanto es una imagen del alma, una imagen que contiene alimento anímico, pudiendo así confirmar al niño, lo que intuye. Un ejemplo podría ser: “Allá, lejos en las nubes hay un prado inmenso, donde tú has estado viviendo con muchos otros seres humanos. Un día, el buen Dios te ha llamado y te ha mandado al vientre de la madre, porque allí podías crecer protegido, rodeado de calor, dado que la madre y el padre deseaban tener un hijo. Llegó el día que habías crecido tanto, que en el vientre ya no había lugar y querías salir. Entonces, la madre te dejó salir, te ha abrigado y te ha dado leche tibia y luego te colocó en la cuna”. Una respuesta así – o parecida – no es una mentira, como podría reprocharse, sino, que con una contestación así, tomo muy en serio al niño, por el hecho de que tomo en cuenta a su mundo, su manera de pensar y de vivenciar. Si contestaría de manera naturalista a la pregunta acerca de la procedencia: “El pene del padre se había endurecido, lo metió en la vagina de la madre y le dio un líquido, que se mezcló con un pequeño óvulo en la barriga de la madre, y de allí te has generado tú”, ésta sería una respuesta del mundo de los adultos y de un mundo de adultos de postura materialista.

O, cuando un niño observa, que la madre regularmente guarda algodones con sangre, en el caso de una pregunta, no se dará una contestación materialista, sino una imagen, que podría ser así: “El vientre de mamá se limpia con la tibia sangre, porque la cavidad tiene que ser mantenida siempre limpia y suave, donde tú has crecido”. Tampoco acerca de otros pormenores, tales como la eyaculación, la erección de los pezones, etc. no se le transmitirá informaciones detalladas al niño. El niño no puede manejarse con tales, así llamados “conocimientos”. No pertenecen a su mundo. No puede comprenderlos en su sentido más profundo. Los niños tratarán de elaborar lo escuchado a través del hacer a través del juego y el adulto entonces tendrá la impresión, que el niño está llevando a cabo actos sexuales.

Para que aquí no se produzca un malentendido: no soy de la opinión de que un niño de la edad de jardín de infantes deba estar al tanto acerca de los procesos de la procreación y las posibilidades de la sexualidad. Cuando empero pregunta, porque tiene la vivencia de la llegada de un hermanito, deberíamos contestarle debidamente – y esto significa en el primer septenio – con una respuesta de imágenes. Por otra parte, sí soy de la opinión de que ya el niño de jardín de infantes debe tener claros conceptos con respecto a los órganos sexuales y que debe evolucionar dentro de la vivencia de que se trata de cosas, de las cuales se puede hablar abiertamente con los padres.

EN LA MITAD DE LA INFANCIA

De manera muy diferente deben ser tratadas las preguntas acerca del tema de aclaración que se producen alrededor de los nueve años. Alrededor de esa época, se produce repentinamente una toma de distancia en la relación del niño para con el mundo: los padres, los maestros y el mundo ahora son percibidos a veces como extraños y enigmáticos. El niño ya no se encuentra sin formular preguntas, en medio de los fenómenos y manifestaciones mismos, sino en su exterior y los observa con ojos críticos. Aparece la posibilidad, de que la infancia, libre de toda preocupación puede acabar algún día.

Se experimentan dudas, con respecto a la autoridad natural de los padres y los maestros. Algunos niños ahora hasta se ocupan pasajeramente de la muerte.

Característicamente, también esta ruptura está acompañada por una aparición del interés en lo sexual. Al respecto, a esa edad, en lo esencial se trata de la pregunta referida a la procedencia, ahora empero con un acento muy diferente: a esa edad el niño puede desarrollar características fantasías de niño expósito. “En realidad, no son estos mis verdaderos padres, desciendo de gitanos, o de nobles, o de caballeros; he sido expuesto y encontrado por mis padres”. Esa fantasía de niño expósito a menudo se presenta ataviada con una pregunta aparentemente sexual: “¿Cómo llega el niño al vientre de la madre?”.

Aquí, la explicación no será tanto una charla única, sino el cultivo de la conciencia del crecimiento, de la desaparición y de un nuevo crecimiento en la naturaleza.

Sobre ese trasfondo podemos dar entonces, una exposición realista del proceso de la procreación. Debería empero estar acompañada siempre de una indicación con respecto a la procedencia anímica – espiritual de la esencia del ser, proveniente del mundo supra – terrenal. Un ejemplo: “Cuando nos fue permitido asumir la misión de generar un cuerpo para ti, que crecería, grande ha sido nuestra alegría. Nos hemos abrazado y acariciado, el padre ha deslizado su pene en la vagina de la madre y en esta estrecha unión, su semen ha fluido al vientre de la madre. Allí, se unió con un pequeño óvulo; de esa unión, se ha generado tu cuerpo”.

Veremos entonces, que el niño no está tan interesado de enterarse de lo sexual propiamente dicho, tal como lo entendemos nosotros, los adultos. A los nueve años busca mas bien una salida de la contradicción, de que por un lado se percibe como un ser único y por el otro lado desciende de los padres, que por lo tanto constituye una especie de continuación de los padres. No tendríamos que quitarle simplemente esa tensión al niño. A partir de esa tensión a veces pueden aparecer brevemente de nuevo los juegos del doctor. Queda como remanente un cierto distanciamiento, de leve antipatía frente al otro sexo.

A partir de ahora, para el cumpleaños son invitados únicamente amigos del mismo sexo. “Todos los varones son unos tontos”.

Por lo tanto, vemos nuevamente aquí, que el interés en lo sexual aparece en relación con un nuevo paso de toma de distancia frente a las personas con las cuales hasta ese entonces existía una ligadura natural.

Al cabo de esa fase, el interés por lo sexual desaparece, hasta poco antes dela pubertad.

PRE-PUBERTAD

A los diez, once años, el niño siente que paulatinamente va saliendo del estar amparado y el ser portado infantil. Existe un presentimiento, que un día la infancia llega a su fin y que algún día tendrá que confrontarse solo con el mundo. En medida cada vez mayor, el niño experimenta que lo interior y lo exterior se encuentran separados, que lo interior ya no es posible ser vivenciado a partir de lo exterior. A esa edad, entre los diez y los trece años, es una misión evolutiva diferenciar al mundo interior y al mundo exterior. Aquí, exactamente en ese lugar, tiene una función importante el ocuparse del ámbito sexual: los niños sienten que el tema de la sexualidad contiene esa tensión entre lo interior y lo exterior, y es por ello que ávidamente se apoderan de “materia sexual” (pero no como modo de obtención de deleite propio). Al ocuparse con el tema, en parte de modo provocativo, en parte de modo escondido o impertinente, o bien, pudoroso, a esa edad se está experimentando con la tensión de adentro y de afuera, de oculto y abierto, de privado y de público. Las provocaciones verbales aparentemente sexuales, exteriorizan algo, que en realidad pertenece al ámbito interior. Divierte, pero a su vez acarrea un sentimiento de pudor y de culpa, porque se sabe que en realidad pertenece al ámbito interior. Ahora, pueden ser percibidos pudor, vergüenza y culpa, porque se experimenta que hacia fuera se puede hacer otra cosa diferente a lo que hacemos hacia adentro.

Mediante la vergüenza y la culpa a causa de la mala conciencia, el niño se vivencia delimitado, se vivencia así como un íntimo Yo. En la ocupación con “vergüenza” el niño se apodera a modo de juego, de un ámbito que es “secreto”, que está adentro. Hay quienes a esa edad mienten y roban, forman bandas secretas. Siempre empero trata de manejarse a modo de experimento con la polaridad de mostrar y ocultar, de provocar y esconder, de adentro y de afuera. De ninguna manera se trata aquí del goce de fantasías o necesidades sexuales. El niño aún no posee lo interior de la sexualidad. El tema le significa mas bien materia de juego. Es oportuna correspondientemente, una postura serena de parte de los padres.

LA PUBERTAD

El distanciamiento más contundente y con ello, el ser remitido a sí mismo, más doloroso, acontece luego en la pubertad. Es la tercera ruptura en la relación con el mundo. Y aquí, recién aquí, aparece no solamente de nuevo el interés en lo sexual, sino lo sexual mismo. Recién a partir de la pubertad, el niño mismo puede sentir sexualmente en un sentido más estrecho.

Ya poco antes de la pubertad, sobre todo os varones sienten lo que se les está aproximando y comienzan a masturbarse copiosamente, con once, doce años. A más tardar en ese momento, mejor empero antes, deberían ser informados de la posibilidad de la eyaculación nocturna, con la indicación de que se trata de una señal venturosa, dado que significa que pronto serán hombres y que por lo tanto algún día podrán ser padres. Concordantemente, las niñas deberían recibir información acerca de la menstruación, antes de producirse la primera regla, con las correspondientes indicaciones. Aquí es especialmente importante referir el asunto no como un mal necesario o, hasta tormentoso, sino como señal de preparación y facultad para la maternidad. La posibilidad de que puedan estar relacionados dolores con la misma, tampoco deberá ser callada. También los varones deberían ser preparados antes de la pubertad acerca de la menstruación de las niñas, ya que de otro modo, en la pubertad se entregan a toda clase de fantasías al respecto.

Una explicación más profunda, antes y durante la pubertad, por ejemplo, con respecto a pormenores del acto sexual o también detalles del proceso del parto, deberían ser dados únicamente en le caso de preguntas puntuales. Esta revelación debería tener lugar antes de la pubertad, para adelantarnos a las “explicaciones dadas en la calle”. Vendrán de todos modos. Es importante empero, que el niño no tenga que confrontarse con las mismas sin estar preparado. Dado que, lo que forja a los niños en este asunto, es la postura de los padres frente a este tema, que les es transmitida en el hogar. Lo indigno que los niños reciben actualmente a menudo muy temprano en la calle, de los hermanos mayores, etc. , podrá ser imitado, pero no es aceptado interiormente cuando los niños han recibido una postura digna frente a lo sexual en su casa.

Frente a la masturbación, con puede aparecer con excesividad en la pubertad, no deberíamos reaccionar de ninguna manera con un castigo o con un criterio moralizador. Es un recurso, una primera toma de conocimiento de los órganos sexuales propios y las sensaciones que pueden ser logradas a través de los mismos. El joven mismo experimenta la provisionalidad de esa actividad sexual.

De todos modos podemos obviar todo lo moral en la charla con los jóvenes en la pubertad. A los jóvenes les ayuda mucho más cuando, como padres, alguna vez les hablamos de nuestros propios intentos sexuales y experiencias a esa edad. Una madre podría contarle por ejemplo a la hija, cómo en aquel entonces había estado orgullosa de sus senos por un lado, y por el otro había estado un poco desconcertada por no saber cómo manejarse con los mismos.

Tampoco es necesario que sea presa de pánico, si en el cuarto de su hijo descubre una revista pornográfica. Cuéntele que para usted la sexualidad ha podido conformarse en un enriquecimiento del encuentro humano y que se la desea también a él, su hijo; que empero las fotos de procesos sexuales justamente no pueden mostrar lo esencial de la sexualidad: poder ser una decisiva profundización del encuentro humano.

CHARLAS CON LOS JÓVENES

Constituye una y otra vez un problema la pregunta, proponer la explicación de lo sexual, en el caso de no haber sido requerida. Esta pregunta no puede ser contestada de manera generalizada. Depende de la edad del niño y, sobre todo, de sus particularidades anímicas. Yo personalmente considero importante una explicación temprana de lo sexual, dado que en mi trabajo muy a menudo tengo que ver con víctimas de violencias sexuales. Una prevención esencial al respecto, es una explicación clara y temprana, que no se pierde en insinuaciones, y que en cambio llama a las cosas por su nombre de una manera apropiada para el niño.

En el caso de que de ningún modo surja pregunta alguna con respecto a lo sexual, podría intentarse estimular una pregunta al respecto. Cuando en el círculo de los parientes o de los vecinos por ejemplo nace un niño, esto sería una buena oportunidad para referirnos al tema. O, en algún momento tranquilo, cuando realmente disponemos de tiempo para charlar con el niño, podemos preguntarle directamente: “¿Sabes acaso cómo has llegado al mundo?” o “Ahora quisiera contarte cómo ha sido todo cuando tú llegaste al mundo”. Y no se comenzaría con la procreación, sino con el parto, y recién después podríamos referirnos a lo que precedió en el tiempo: “Y ahora te voy a contar todavía, cómo tu cuerpo ha llegado a mi vientre”. Cuéntelo de una manera muy personal, adecuada a la edad de su hijo, narrando en un lenguaje apropiado a sus vivencias personales anímicas y también espirituales.

Los niños reservados, seguramente harán pocos comentarios. Eso tampoco tiene mucha importancia. Lo importante es la vivencia de que se puede hablar del tema.

Después de la pubertad tenemos una situación diferente en lo que a la educación sexual se refiere. Ahora, el joven mismo sabe de qué se trata – aunque fuese de manera incipiente – cuando se habla de sexualidad. Ahora, los padres pueden ser interlocutores, pueden estar abiertos para discusiones acerca de temas que guardan una relación, tales como preservativos, sida, homosexualidad, etc. Pero ya no es posible hablar de educación en el sentido propiamente dicho. Según mi criterio, los jóvenes deberían ser estimulados a encontrar sus propios caminos en ese campo, con toda tranquilidad. Ni la presión moral proveniente del hogar, ni la presión excitante de la calle aportan una ayuda cuando para el joven se trata de descubrir lo que significa poseer facultades sexuales. Para ello, los padres pueden ofrecerse únicamente como participantes de una charla. Si ese ofrecimiento es aceptado o no, es una cuestión aparte. Por cierto, que no será aceptado en el momento que queremos inducir al joven a tal o cual cosa, o si adoptamos una actitud moralizadora. En definitiva, a los padres no le queda otra posibilidad que el soltar, una vez que el joven ha cumplido dieciséis o diecisiete años. A esa edad y en ese campo, la pedagogía consiste en refrenarnos un poco pedagógicamente. Los jóvenes sostienen charlas acerca del tema, y es lo definitorio en esa fase de la edad. Cuando ustedes, los padres muestran confianza con respecto a la educación hacia la sexualidad que le han proporcionado a su hijo en los dos primeros septenios, esa será la mejor ayuda para su hijo.

La meta de la ávida educación hacia la sexualidad ha sido que el joven pueda confrontarse con ese ámbito de la vida de un modo independiente, vale decir en medida cada vez mayor sin sus padres. El joven a partir de los quince años comienza a actuar de esta manera ¿Y cuándo finalizamos ese accionar? ¿Cuándo “terminamos”? ¿Acaso es importante terminar?¿Hemos terminado nosotros, los adultos?. Concedámosles entonces a los jóvenes la no – madurez al respecto. De esta manera es como los estamos tomando en serio. Y no hagamos alarde de saberlo todo mejor. Transmitamos a los jóvenes, que también para nosotros los adultos, la sexualidad durante toda la vida es un campo de aprendizaje. Esto ayuda a que nos tomen en serio, que nos permitan decirles algo.

Por de pronto, tenemos frente a nosotros interlocutores, y ya no niños, y entonces surge la pregunta ¿de qué manera se puede hablar de sexualidad con los jóvenes?

En principio, me parece importante, que nosotros los adultos frente a tales preguntas no nos mostremos dando consejos o indicaciones, sino que tratemos de alentar a los jóvenes a una postura interesada frente a tales experiencias. La sexualidad es un campo de aprendizaje constante. No es algo donde hay un claro consenso, que alguna vez se “adquiere”. Lo que la sexualidad significa para nosotros y cómo la manejamos, eso experimenta un cambio en el curso de la vida; y el cambio se produce a través de la búsqueda.

Esa postura de búsqueda está relacionada con el hecho de que la sexualidad ya no sirve únicamente a la procreación. La sexualidad es parte del amoroso interés en otra persona. Su valor de “establecer un encuentro” yace en su facultad de individualización y con ello, depende de la aceptación del ser – diferente de los individuos. El punto de partida del hecho de que aquí estamos frente a un campo de aprendizaje, es aquel que la mujer y el hombre vivencian la sexualidad de diferente manera.

Esto nos conduce a una primera constatación: la sexualidad femenina es otra cosa que la sexualidad masculina. ¿Cómo podemos entender esto?. Parece ser, que en los varones, ese nuevo ámbito vital de la sexualidad entra a la conciencia de una manera mucho más pujante y aguda como en el caso de las jóvenes. Y por un tiempo eso seguirá siendo así. También para los hombres, la necesidad sexual se encuentra en la conciencia de una manera más apremiante como en el caso de las mujeres. La necesidad sexual misma y también la vivencia sexual en la experiencia compartida, en los hombres es más agudamente delimitado, más agudamente concentrado en el propio órgano sexual. El excitado miembro varonil, puede requerir poderosamente su satisfacción. Algo muy diferente parece suceder en el caso de las jóvenes y de las mujeres. Aquí, el deseo sexual aparece como expandido sobre el cuerpo entero; evidentemente, el deseo pujante concentrado en un lugar que busca ser satisfecho, aquí no se encuentra en un primer plano, en su reemplazo, el deseo de las jóvenes y de las mujeres se orienta en primer lugar al cariño, la proximidad física, la caricia y la conjunción de ambos cuerpos.

Está relacionado con esta diferencia fundamental, que los jóvenes y los hombres evidentemente piensan con mayor frecuencia en la sexualidad, se ocupan en su interior con ideas sexuales como parece ser el caso en las jóvenes y en las mujeres.

Esto, naturalmente, constituye una fuente de numerosos malentendidos. La apremiante necesidad puntual en un lugar del cuerpo, a menudo es integrado por los jóvenes y los hombres de la misma manera apremiante al encuentro corporal y puede ser vivenciado por la pareja, como apremiante, acuciante y hasta angustiante e hiriente.

De allí, se explica también la tentación, a la cual está expuesta una y otra vez todo hombre, ejercer en la sexualidad una toma de posesión, querer acosar con sexualidad y, tal vez, hasta intimidar con la misma. En las relaciones sexuales mismas, el instinto masculino se orienta únicamente al logro de un orgasmo dentro de un gozoso relajamiento. Es eso, lo que la naturaleza, la biología pura, le propone al hombre. El instinto de la mujer en cambio, en la relación sexual parece orientarse en principio hacia algo muy diferente: a una conmoción que se apodera de todo el cuerpo, un abrirse y fluir hacia su pareja. Con ello está relacionado seguramente que muchas mujeres informan, que sobre todo en sus primeras experiencias el comportamiento masculino les ha parecido extraño, y a veces hasta temible. Y, a su vez al hombre, la actitud a menudo más reservada y el mayor tiempo preliminar de su pareja, le pueden dar la impresión de “no estar plenamente dispuesta”.

Las jóvenes muchas veces tienen la experiencia, de que en la primera vez, o las primeras veces, no es para nada agradable dormir con un varón. Puede doler, o simplemente ser para nada romántico, cuando la pareja es demasiado intempestiva, o cuando se comporta con torpeza. A menudo, el joven ya ha acabado cuando ella recién entra en clima. Y ambos tienen la experiencia, de que resulta muy difícil, intercambiar ideas acerca de los malentendidos iniciales.

Otra diferencia entre la percepción masculina y la femenina, está dada en lo siguiente: muchas mujeres se quejan de que su pareja da por concluido el asunto una vez que ha llegado a la satisfacción. Para una mujer, esto parece ser horrible, esa terminación, para ella es abrupta. Después de la relación, la joven está anímicamente muy despierta, muy abierta, muy receptiva. Los hombres en cambio a menudo se cierran interiormente, algunos quedan dormidos de modo inmediato. Yo creo, que los primeros intentos que se hacen como joven con otro joven son bellos, cuando después se llega a un momento de serena reflexión. La belleza de la vivencia erótica no depende de cuan rápido o cuan impresionantemente un joven o un hombre llega a la excitación, sino, cuan serenamente se llegue a un final en armonía. Ese momento puede una comunidad mayor que todo lo que había antecedido.

Para los varones, la sexualidad entra con mayor agudeza a la conciencia, por tal razón empero está más aislado del resto de la vivencia y de otros procesos de la vida. Para un hombre joven la sexualidad a menudo tiene algo abrupto, algo repentino. Cuando no existe el esfuerzo específico, está inserto en su sentimiento interhumano, en medida mucho menor, que parece ser en el caso de las jóvenes, en las cuales ocupa un primer plano, la cualidad del encuentro. El encuentro es lo que para ella posee la primacía. Y dentro de un bello encuentro, que va adquiriendo una intimidad cada vez mayor, aparece luego también el deseo sexual. Es por ello, que las jóvenes casi siempre no hacen una separación entre la sexualidad y el amor. Mientras que para el hombre, no necesariamente tiene que ser lo mismo. La sexualidad del hombre puede ser llevada a cabo también sin amor. Mientras que las mujeres casi siempre no tienen una percepción sexual, cuando el proceso sexual no está acompañado por lo menos por un sentimiento positivo.

Por tal razón, las jóvenes se encuentran en una posición de ventaja frente a los varones, lo que me lleva a una segunda afirmación: la sexualidad posee su importancia a través del interés en otro ser humano.

Lo bello, lo interesante y fomentador de relaciones de la sexualidad, no es la sexualidad propia, sino la sexualidad de la pareja. ¿Cómo podemos entender esto?.

Mientras que en la sexualidad únicamente perseguimos la satisfacción propia, queda un mal sabor. Hemos hecho algo para nosotros mismos. ¿Pero, qué hemos hecho en pos del encuentro?. En realidad, sólo uno mismo ha disfrutado, mientras que el otro ha salido de nuestra conciencia mientras corríamos detrás de la satisfacción propia. Podemos ver en ese lugar, que a la mera práctica del sexo impulsada por el instinto, deberá ser adicionado algo, para que el sexo se conforme en un encuentro corporal con otro ser humano. Lo esencial en la sexualidad, es la sexualidad de la pareja. Ocuparse plenamente con el cuerpo del otro, a partir de un interés amoroso, descubriendo cariñosamente todo el cuerpo del otro, sus reacciones, sus peculiaridades – es esto, lo que recién conforma al sexo en algo social, algo que crea relaciones. Todo aquello, que es posible con respecto al encuentro físico, fuera, antes y después de la relación sexual propiamente dicha y también independientemente de la relación sexual, dentro de mutua libertad y mutuo respeto, permite el encuentro dentro de lo corporal. Toda clase de caricia, mimo, palpar, acariciar de todo el cuerpo, en comunión con el respeto de la libertad del otro y su derecho a la autodeterminación, nos conducen a la otra persona.

Buscar el alma del otro, a través de la caricia de su cuerpo, interrogante, y con delicadeza, es lo que nos conduce el uno hacia el otro.

¿Qué conclusiones podemos obtener entonces a partir de tales reflexiones?. Cuando logro en la sexualidad, ocuparme en menor medida de mí mismo, sino en mayor medida del otro, de la pareja y si esto lo hacemos los dos, entonces podemos encontrarnos mutuamente en esa búsqueda.

Cuando los jóvenes, respetando la libertad del otro realizan las pruebas, cuando van al encuentro, como no – sabedores, cuando no hacen alarde de saberlo todo y conocerlo todo lo que es posible en este campo, cuando a través de la sexualidad están buscando al otro ser en su integridad, dentro de un amoroso interés, en un lugar de tan sólo sus órganos sexuales, y cuando de hecho están viviendo ese carácter de búsqueda, del realizar la prueba, cuando sus cuerpos se encuentran; entonces todo eso los llevará a la experiencia que los conformará, por una parte en personas libres y con propia conciencia y por otra parte, en seres humanos responsables en cuestiones de la sexualidad.

Nunca se termina de aprender en el campo de la sexualidad. También los adultos tienen que reasumir una y otra vez su postura, tienen que re – generar una y otra vez el valor y la importancia de su sexualidad dentro de su respectiva relación. La sexualidad puede experimentar un cambio con cada encuentro. Por eso, la gente joven no debe sentir la presión de conformarse, cuánto antes y lo ampliamente posible, en expertos sexuales. Nosotros, los adultos, tampoco lo somos.