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“Toma de conocimiento de lo sexual en los jardines infantes Waldorf” - ANGELIKA KNABE

TRADUCCIÓN: ANA MARÍA RAUH

Cierta mañana en el jardín de infantes, se acercó a mí una madre y me contó que su niño se estaba comportando de una manera muy desagradable con ella. Cuando por la mañana conjuntamente con su niño de cinco años realizaba su aseo matinal, el niño procuraba de apretar su pequeño pene contra sus piernas. Esto le parecía algo muy desagradable y feo, por lo cual salía del baño muy irritada, por lo cual también el hijo se sentía frustrado. Toda la mañana se echaba a perder. Entonces pedía un consejo de mi parte.

En los muchos años en los que he trabajado en el grupo, los niños a menudo me han formulado preguntas que vienen al caso para el tema “educación sexual”. Todos conocemos esas peguntas: ¿De dónde vienen los niños? ¿De qué manera del cielo llegan al vientre de la madre? ¿Y cómo salen de allí? ¿Tú has sido un bebé alguna vez?.

De parte de los preocupados padres naturalmente vienen otras preguntas: ¿A partir de qué edad deben llegar las explicaciones?. ¿Explicaciones, sí o no? ¡Una gran inseguridad!. Muchos padres consultan libros, que luego más o menos ocultos, son traídos al jardín de infantes – a veces hasta con orgullo-. Uno de estos libros se titula por ejemplo: “Decime mami, ¿quién hace a los chicos?”. De este libro se han hecho varias ediciones. Dejando de lado la fea palabra “HACER”, las ilustraciones me parecen repelentes, y ni que hablar del texto. Es simplemente infrahumano. Este libro de “Janosch” (y=i) es muy buscado por los padres. ¡El libro esclarecedor ultimativo!.

Otros libros tampoco son mejores. ¿Por qué los padres se valen del libro?. De por sí, estamos siendo inundados por explicaciones informativas. ¿Acaso no aproximamos así a los niños una realidad ficticia, que de todos modos no pueden elaborar? ¿Acaso nos parece demasiado anticuado decirles a los niños que los hemos estado esperando y que estamos contentos de haberlos recibido para poder acompañarlos en un tramo de su camino? ¿Acaso, nosotros, los adultos ya hemos olvidado –o ni queremos saber- de dónde vienen los niños en realidad?. ¿O ya no nos atrevemos a creer en aquello que los pequeños aún intuyen?.

¡Tal vez, la contestación de las preguntas “teóricas” no sea realmente el problema! ¿Cómo manejamos aquello que los niños ven? ¿Actividades sexuales con la pareja que creemos tener que explicar, que tenemos que justificar? ¿O imágenes dadas en los medios?.

Puedo comprender que los padres puedan encontrarse en apuros. Por un lado cada uno quisiera practicar su vida sexual abierta y naturalmente: ¿qué percibe un niño de jardín de infantes, qué puede imitar al respecto? ¿Cómo lo maneja anímicamente?. Imágenes interiores y sucesos exteriores pueden entremezclarse en nociones causantes de miedos o, en parte, causantes de aversión. ¿Qué quisiera yo, que a través de ello, aprenda para su vida? ¿Cómo se “hacen” niños, o, cómo “no se hacen” niños?

Quiero retornar a lo expuesto al comienzo. ¡Cuán difícil puede resultar, hacer o decir lo acertado!. Cuando me enteré de toda la historia, el comportamiento del niño era explicable. La madre tenía un amigo y los tres dormían en una habitación. Le aconsejé a la madre, que tal vez sería mejor si el niño ahora durmiese en el comedor. La madre empero no lo veía de esa manera, dijo que el amor era una cosa tan hermosa que no era necesario que se ocultasen. Era bueno que el niño participase de esa alegría. No conectó el comportamiento del niño con las vivencias nocturnas.

Si la madre hubiese tenido la suficiente presencia anímica y simplemente hubiese tomado en sus brazos al niño, diciéndole que lo amaba, seguramente no hubiese habido problema alguno. Tal vez tendría que haberle dicho que aún lo quería mucho más, cuando se hacían esos mimos. Simplemente, formular sus necesidades, sin dar una explicación acerca del por qué y del cómo.

A ello se agrega que el niño pequeño aún vive inmerso en la polaridad. Por lo tanto, sus preguntas son absolutamente contundentes: ¿soy amado, o no; soy aceptado, o empujado a un lado?. Para el niño aún no son vivenciables las sutiles diferenciaciones. Exteriormente esto se evidencia en la motricidad fina, que también se va desarrollando recién en el curso del tiempo. Es así que los niños adquieren determinado tacto recién con la madurez escolar. Naturalmente que, para nosotros los adultos, el estar junto a nuestra amada pareja casi siempre es asunto lindo. Pero, ¿qué siente un niño pequeño al vivenciar a los padres en ese momento?.

Sólo lo entendible y lo posible de imitar a esta edad pueden brindar seguridad y confianza. Una y otra vez vivencio que los adultos olvidan de que el niño antes de la madurez escolar percibe de otra manera, siente y toma conocimiento de otra manera que más adelante en su vida.

El niño pequeño puede aprender lo nuevo únicamente cuando puede vincularlo a lo ya conocido, a lo ya familiar. Sucede, que el niño desde el momento de su nacimiento y seguramente, ya en el seno de su madre, constantemente está vivenciando cosas desconocidas y completamente nuevas para él. Cuando al niño se le dan suficiente tiempo, espacio y posibilidades – por cierto, que esto es diferente en cada caso individual- para apropiarse de lo nuevo e incorporarlo, entonces podrá adoptarlo como algo familiar. Necesita ese tiempo para reflexionar, para formar en su interior una réplica propia de las percepciones recién experimentadas exteriormente.

Mediante sus sentimientos, que se producen a través de sus percepciones sensorias, la imagen tendrá tal o cual “tinte”. Esa es la formación en la temprana infancia: un proceso que requiere su tiempo, que puede ser llevado a cabo únicamente a través del así llamado aprendizaje sujeto a lo físico, y por tal razón, a través de la imitación y no mediante las explicaciones intelectuales o toma de conocimiento por parte de los adultos.

¿A qué vivencia corporal propia se podrá vincular un niño pequeño al observar la conjunción sexual?.

Para permanecer con el ejemplo de la toma de conocimiento de lo sexual, puedo afirmar que conozco personalidades, que mediante las correspondientes imágenes infantiles, cuando esas réplicas han sido positivas, se han tornado fortalecidos, plenos de confianza, pero sobre todo facultados a brindar amor. Pueden mantener una relación a través de mucho tiempo, con todas sus penas y alegrías, porque están al tanto con respecto a sí mismos y con respecto al mundo.

Otros, empero, que en la niñez no han podido reunir suficientes experiencias de cariño y que tal vez más adelante tampoco han podido sumarle vivencias positivas, tendrán mayores dificultades. Sobre todo, cuando las imágenes no elaboradas ascienden en ellos a modo de memorias, se sentirán inseguros, temerosos y puede producirse hasta el rechazo de la relación amorosa y de la vida sexual de la pareja. A menudo, el temor también se transforma en agresividad. Los niños están buscando la verdad espiritual, aún la conocen dado que no hace tanto que abandonaron la patria espiritual.

Estoy convencida, sobre todo a causa de mis propias vivencias en la infancia, que a lo mencionado aquí debemos agregar además algo muy decisivo con respecto a la revelación sexual en la temprana infancia. Creo que la clave real es la religiosidad vivida. Dedicación religiosa, que trata de involucrar siempre la dignidad, la atención, el amor hacia la otra persona, pero también hacia sí mismo. El origen espiritual tendría que estar siempre vívidamente presente, compenetrando todo. Naturalmente, sólo en la medida como cada uno lo puede justificar para sí mismo. Esto significa, por ejemplo, contarle únicamente aquello a los niños, por lo cual nos podemos hacer responsables.

De todo aquello que tiene que ver con lo sexual, no debería ser quitado por completo el velo de radiancia celestial que lo acompaña. Estoy completamente segura de que de esa manera se resguarda un elixir de vida para el niño. En realidad están buscando sentimientos religiosos, religiosidad en el sentido de conservar una atadura con la patria espiritual a modo de realidad. Alcanzaría por completo como revelación sexual: proyectar sobre ello una delicada luz desde diferentes ángulos. Mediante los cuentos se tornan posibles charlas edificadoras también con niños pequeños, cuando entramos con nuestro ser a su pensar sujeto al cuerpo, imaginativo, contestando de esta manera sus preguntas a menudo no formuladas.

A continuación quiero reproducir el cuento de los cumpleaños que siempre he contado en mi grupo. La estructura básica ha sido siempre la misma. Ha sido contado en cada uno de los cumpleaños. En los niños más jóvenes, era más corto. En el caso de los niños mayores, más detallado y más individual. Trataba de contarlo de modo tal, que en el cuento aparecieran rasgos individuales del niño, de modo tal que en cada cumpleaños el niño escuchaba algo nuevo, algo nuevo acerca de sí mismo.

Este cuento se lo conté a un niño de 6 años. Aún como niño preescolar era muy tímido. Por doquier lo acompañaba un osito gris, ya todo desgastado de tanto haber sido amado. A las personas de su confianza a veces les contaba que conocía muy bien a un determinado lugar. Ese lugar era muy lindo. Cuando se sentía triste o cuando se sentía muy solo iba a ese lugar, alguna vez había vivido allí… A ese lugar no llevaba a nadie, sólo su osito. Ese lugar se llamaba Jähnchen (ienjen).

UN CUENTO DE CUMPLEAÑOS

Hay un jardín, que es completamente diferente a todos los demás jardines en la tierra. Allí crecen y florecen flores extrañas. Resplandecen y brillan como el sol y tienen los colores del arco iris y poseen una fragancia especial.

En ese jardín hay un gran lago y un pequeño arroyito, el agua fulgura y centellea como la luz de la luna y los pequeños cantos rodados brillan como aquí en la tierra lo hacen las estrellas en el cielo. Los niños que allí habitan juegan con los animales del jardín. Lo que más les encanta es, cuando sentados sobre de las grandes flores que crecen en el lago, los patos que allí viven toman el tallo de la flor y allí viajan por las aguas del lago. Y llegan los pájaros, y algunos se posan sobre el hombro de un niño y le cuenta historias de países lejanos, desconocidos. Y ese jardín, un poco se parece a Jähnchen.

También hay osos en ese jardín, no se parecen empero a los blancos osos polares ni a los osos marrones. Tienen un parecido con los ositos de los niños. Y hay uno que tiene un color gris- claro y es especialmente amoroso y sabe hacer muchas cosas, que otros osos no pueden hacer por ser demasiados torpes.

Hace no tanto tiempo, ese oso estaba jugando con especial cariño con dos niños. Uno de estos niños ya estaba mucho más interesado y pudo prestar atención a lo que el oso les contaba.

A menudo, el oso se fue con los dos niños hasta el final del jardín, allí hubo una pequeña ventana en el muro que resguardaba al jardín. El oso levantó a los niños, a quienes les gustaba mirar por esa ventana. Desde allí, podían ver países que eran más grandes como el jardín, ríos y mares sobre los cuales navegaban barcos, ciudades y aldeas, en las cuáles vivían y trabajaban personas alegres.

Cierto día uno de los niños dijo: “querido oso, quiero ir contigo a esos países, donde viven los hombres de la tierra”. “Tenemos que preguntar primero si ya ha llegado tu tiempo. Pero querido mío, yo no puedo acompañarte. Espero aquí, hasta que quieras volver a este lugar”.

Los tres se acercaron al portal. Allí, siempre hay un guardián. A él lo enviaron al amo del jardín para preguntar si el tiempo había llegado. A su regreso, el guardián trajo consigo a un ángel. “Tu tiempo ha llegado. ¡Aquí, está tu Ángel de la Guarda! Él te acompañará en todos tus caminos!”.

El niño mayor peguntó al niño menor si vendría pronto, pero éste dijo: “quiero ver primero, cómo tú lo haces. El oso y yo te estaremos mirando”.

Después de la despedida el ángel inició el viaje con el niño mayor. El camino era largo y pronto el niño se cansó. El ángel lo tomó en sus brazos y lo llevó así durante un largo, largo tiempo, hasta llegar a un agua, un mar infinito. Allí flotaban grandes nanúfares. El ángel eligió una de las flores más hermosas y colocó allí al niño. La flor cerró sus hermosos pétalos y envolvió al niño por un tiempo.

Sobre la tierra, en una gran ciudad, vivían una madre y un padre que se amaban mucho. Una noche, en la cual se amaban de una manera especial, la madre se dio cuenta que un niño quería venir con ellos. Cuando luego se lo dice al padre, los dos sienten una gran alegría. Le dice a la mami: “Vamos a construir una casa, para que lo tenga casi tan lindo como en el jardín, desde donde viene.” Puesto, que los padres también conocían al jardín.

En un día tan lindo como hoy, el niño llegó al mundo. Todos sintieron gran alegría: la mami, el papi, el abuelo, la abuela. “Ha llegado nuestro amado Wolfgang”, decían. Y con Wolfgang había llegado alguien más: era su pequeño osito, ya estaba sentado allí y miraba la alegría de todos. Se parece al oso del jardín especial, y seguramente es su amigo. Sabe las mismas cosas como el oso grande.

Durante mucho tiempo, los padres construyeron su casa. Al estar encendidas dos velas de cumpleaños, pronto llegó el otro niño, el amado Antonio. ¡Qué alegría! Ahora que arden seis velas, Wolfgang sabe donde está Jähnchen. Quiere ser también tan laborioso como sus padres y como los seres humanos en Jähnchen. Por tal razón, pronto irá a la escuela y el osito siempre le ayudará.

Wolfgang sabe también que su Ángel de la Guarda siempre está allí, aún cuando no lo ve. ¡Y es así que no tiene que tener miedo y puede decirlo todo a su ángel!.

Era para mí siempre un momento de una paz especial cuando, en el curso del relato, el niño del cumpleaños escuchaba con entrega y estaba sentado allí, inmerso en el mundo de las vivas imágenes, con los ojos radiantes, asintiendo con un movimiento de su cabeza mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios, tal como si estuviese sonriendo a alguien en la lejanía, o como si estuviese recordando algo bello. Seguramente, en esos momentos los niños se sentían realmente portados, comprendidos y sobre todo RECONOCIDOS.

De esta manera, podemos re-descubrir la entrega y el saber-escuchar. ¿Qué sería una relación, qué sería un declaración de amor, sin esa facultad del saber escuchar con entrega? ¿Acaso, una actividad sexual plena no es un sentir lo que la pareja siente? ¿Acaso, esa entrega no es la condición previa para ello?.

Quiero contar algo que aún hoy me entristece cuando lo recuerdo. Cierta vez, a un niño le conté su cuento de cumpleaños; sus padres se habían divorciado ya hacía mucho tiempo. Cuando dije que su padre y su madre se habían amado mucho, el niño dijo: “eso no es verdad, mis padres nunca se amaron”. Yo opiné que estaba segura de que esa noche especial se habían amado, y el niño dijo: “¡no es verdad, mis padres nunca se amaron! ...solamente siempre se han gritado”, y me miró con sus ojos tristes.

¿Cuántos niños llevan consigo ese peso y hasta fueron no deseados? Quien no se siente amparado y amado, no puede transmitirle a su niño esos sentimientos fundamentales, dado que no los ha vivenciado. Cuánta atención y dedicación podemos darle adicionalmente a estos niños, para que más adelante en su vida, en su constante búsqueda de amor y reconocimiento, no terminen en la “dirección equivocada”, siendo nuevamente decepcionados. O siendo aún casi niños, sin saber ni querer, procreen un hijo. Tal vez ese hijo nace, pero tal vez no, dado que deciden o alguien lo decide un aborto del niño no-nacido.

Seguramente hay muchas posibilidades para contar estos cuentos de cumpleaños o “de encarnación”. Y somos nosotros mismos que tenemos que encontrar una relación hacia las imágenes.

Las imágenes que el narrador reúne para estos cuentos deben tener un trasfondo espiritual y si es posible, no adquirir un tinte de Kitsch (mal gusto). Así, veo también en mi cuento, la pregunta acerca de si “ha llegado el tiempo”, dado que cada ser humano tiene su tiempo especial del nacer.

No es suficiente que un cuento sea lindo, lleno de fantasía e imágenes. Las imágenes deben ser de manera tal, que de acuerdo a la edad, puedan brindarle alimento del alma al niño. Vale decir, que entre otras, el cuento debe infundir confianza. Lo bueno, debe tornarse “visible” durante el simple relato del contenido, determinando matices referidos a los pequeños escuchas, que pueden tener mucha importancia. En el caso de un niño con temores de separación, por ejemplo, sería menester un cuento en el cual se prevé un posible retorno. Las alegorías son alimento puro para el alma. No tienen que ser explicadas, cobran efecto por si mismas, pero, lo son únicamente cuando transmiten un “clima” y no quieren ser entendidos intelectualmente. El nanúfar del cuento referido está pensado a modo de una alegoría tal en comparación al útero materno. De esta manera he imaginado por ejemplo, los pétalos del nanúfar como las diferentes envolturas que se forman alrededor del embrión.

Conozco así mismo historias donde el hombre en gestación es referido como un ángel que se dispone a ir a la tierra, que hasta debe dejar sus alas en el cielo para conformarse en ser humano. Esto no lo puedo ver como cierto, puesto que nosotros los hombres, no somos ángeles y queremos venir a la tierra para cumplir nuestra misión de vida como seres humanos.

Para finalizar, quiero mencionar tres puntos. Tenemos, por un lado, el cuidado natural de la higiene personal, sobre todo, del ámbito genital. El ocultamiento o la inseguridad orientan la conciencia del niño en la dirección del “no-lindo”, o del “prohibido”. ¿Qué relación puede tener entonces el niño hacia su cuerpo?.

En segundo lugar, observo con frecuencia cada vez mayor en los niños que hacen la siesta en el jardín de infantes, que al dormirse o al despertar, acarician o frotan la región genital con mayor o menor ímpetu. En algunos niños se produce una excitación de mayor o menor grado, llegan al jadeo y a la sudoración. Al decirle al niño, que coloque las manos sobre la colcha, dado que estaba tan transpirado, esto casi siempre tuvo éxito. Naturalmente, luego permanecí junto a su cama y le acaricié un poco la cabeza y las manos, hasta que se quedase dormido.

Ya hemos recibido muchos consejos médicos al respecto. Entre otros hubo la opinión de mirar el asunto de modo objetivo, tal como otros niños se chupan los dedos, o meten el dedo en la nariz. Es difícil poder constatar si esa autosatisfacción infantil (?) es un suplemento por una carencia de aceptación, atención o contacto físico. Posiblemente, es de todo un poco; posiblemente, -así creo- es señal de una deficiencia en el ámbito interhumano. En la charla con los padres, estos a menudo reaccionan con inseguridad o con desagrado.

En la cama este comportamiento puede ser resuelto con relativa facilidad, pero, en medida cada vez mayor observo los mismos síntomas –tal vez, un poco atenuados- durante los juegos. A menudo, se trata de los niños a los cuales les cuesta participar de los juegos, que se aburren, o que no tienen ideas ingeniosas con respecto a los juegos. Vestimenta demasiado estrecha o calurosa, que tal vez provoquen escozor, muy pocas veces ha sido la causa.

Y como tercera acotación: me atrevo a dudar que esto puede ser evitado o prevenido mediante explicaciones acerca del tema.

Si aquí algo puede ayudar, es un fortalecimiento de la personalidad del niño, acorde a su edad. Y esto, en definitiva, es la meta de nuestra pedagogía. Al ser apremiado, el niño casi siempre se rinde frente a la superioridad física y espiritual del adulto. Cómo empero se maneje con este hecho, dependerá esencialmente, de la cultura del diálogo entre el niño y los padres, o el niño y la maestra jardinera.

Creo que la revelación sexual en el jardín de infantes es un ámbito pedagógico, que debe seguir siendo tratado intensivamente.