Volver


LA SEXUALIDAD Y EL ESTUDIO DEL HOMBRE

Sexualitaet und Menschendenkunde, del libro „Sexualkunde in der Waldorfpaedagogik”

Autora: Doctora Michaela Glöckler

Traducción: Ana Maria Rauh

LA SEXUALIDAD Y EL ESTUDIO DEL HOMBRE

 

En el caso del estudio de la sexualidad en el mundo animal llama la atención, de qué manera natural se encuentran integrado aquí, el acto de la procreación y el comportamiento social en el ciclo evolutivo de cada especie. En ocasión de un modo de vida acorde a la especie y en el caso de animales domésticos con un mantenimiento acorde, no se evidencian desviaciones significativas del comportamiento sexual ni un déficit del instinto, todo transcurre de una manera “natural”. En el caso del ser humano esto no es así. Su comportamiento sexual abarca por una parte formas de vida asexuales, como la no práctica durante toda la vida, abstención voluntaria, o impuesta. La anchura de banda de la actividad sexual va desde lo erótico hetero y homosexual hasta las formas violentas y el abuso sexual. Ya ese hecho nos revela, que para el ser humano no existe un comportamiento sexual “natural”. Cada uno tiene que hallar por su cuento lo “correcto” y lo “afín” para él. Puede suceder así mismo, que el comportamiento sexual cambie fundamentalmente en el curso de la biografía. Cobra validez el comprometerse con un proceso de aprendizaje, que se evidencia en el encuentro con una persona a través de la cual se ha despertado el deseo sexual. Dado que recién al estar junto a una persona se podrán descubrir fehacientemente las posibilidades sexuales propias y los modos de reacción para luego ser desarrolladas. Cuando con mayor claridad se dedica que rol y en que forma asumirá la sexualidad en la relación, con tanta mayor productividad servirá también este ámbito al desarrollo de facultades específicamente humanas.

 

¿QUÉ ES LA NATURALEZA HUMANA ?

En su libro “ LA ORGANIZACIÓN EN LA NATURALEZA Johannes Scotus Eriugena ya en el siglo 9ª ha llevado a cabo una contemplación acerca de la naturaleza humana. Constata de que en el hombre en el sentido físico, las sustancias minerales y cristalinas son las dadoras de forma y de estructura. Esas cualidades son idénticas con aquellas de los minerales. Los procesos de vida en cambio, se corresponden ampliamente con aquellos de las plantas. Con respecto a su vida de los instintos y de los deseos (hambre, sed, impulso sexual) así como los clásicos impulsos basales y los reflejos, (huída, temor, expresiones de placer y de dolor, satisfacción, tristeza, tampoco posee originalidad: comparte todas esas facultades con muchas especies animales. Scotus Eriugena en su reflexión comparativa avanza empero un paso más y pregunta – a modo de platónico cristiano -, qué es lo que el hombre comparte con los ángeles: Es la facultad del pensar. Los pensamientos son extremadamente delicados y sutiles, y son empero los acompañantes más poderosos en la vida. Consuelan, brindan apoyo y sostén, cuando sea que lo necesitemos. Poseen la liviandad de las alas, son transparentes y sin embargo poseen contornos, poseen calor, pudiendo asimismo poseer la transparencia incolora y son, sobre todo, perfectos. Lo perfecto que en la vida jamás existe, en el pensar lo encontramos. IDEALES, METAS en el desarrollo, y ESTADOS de perfección, pueden ser anticipados a cada instante en el pensar, pudiendo así ser integrado al presente como futuro posible. Correspondiente a ello, en la tradición cristiana, el Ángel no solamente es representado como guardián y acompañante del ser humano a lo largo de su vida, sino también en sentido espiritual, como la imagen de su futura perfección. Por lo tanto, para Scotus es apasionante la pregunta: ¿Existe entonces algo, que el hombre posee solamente él mismo, sin compartirlo con ningún otro ser que lo rodea? ¿Una cualidad, que puede desarrollar únicamente por el hecho de hallarse ENTRE animal y Ángel, ENTRE los reinos naturales y los ámbitos del ser espiritual en su evolución? Y llega a la conclusión de que existe una facultad humana especial: EL JUICIO AUTÓNOMO. No puede asombrar, que su imagen del hombre, orientada hacia el individuo libre, con juicio propio, fuera combatido vehemente, poco después de su muerte, de modo tal, que sus libros fueron llevado al índice de las lecturas prohibidas por el catolicismo. No asombra empero tampoco, que en el curso de las teorías sociales de la liberación en contexto con la Revolución francesa y la auto determinación filosófica a través del esclarecimiento y el idealismo alemán, exactamente esa idea fue retomada, ocupando un lugar central. Toda forma de vida moderna y post-moderna, en el ínterin se edifica sobre la idea del auto determinación humana. Hoy empero, para un número cada vez mayor de personas, se agrega el incontenible deseo de integrar la búsqueda del camino espiritual a la auto determinación y la formación de la opinión propia, aún, cuando existe la perteneciente a un credo religioso u otras ligaduras religiosas colectivas.

Para ello es empero indispensable, elaborar una imagen humana que nos brinda la posibilidad de “formarnos” a partir de la misma y a desarrollarnos. En el marco de una tarea de esa índole, es que sexualidad recién adquiere su verdadero valor dentro de una imagen humana tal.

Dado, que a través de la misma, el hombre y la mujer, en un principio se vivencian coerción y falta la libertad, que en ese contexto son vivenciados especiales dolorosas. Experiencias de máxima entrega y dicha pueden estar seguidas abruptamente por la vivencia de ser víctima del abuso, o, los sentimientos del ser favorecido pueden ser relevados por la vivencia de la humillación y la pérdida de la dignidad.

Friedrich Schiller, quien en sus obras filosóficas e históricas, ha estudiado las condiciones de la evolución humana con una escrupulosidad inigualable, llega a la conclusión lapidaria: Existe en el fondo UNA sola menta de aprendizaje, UNA sola virtud para el hombre: conocer la diferencia entre el bien y el mal. Con respecta a la sexualidad, justamente esa pregunta constituye el mayor desafío y crea la necesidad del desarrollo de la instancia individual de la consciencia. ¿Cómo aprendemos a comportarnos soberanamente a comportarnos soberanamente frente a reglas perfectas de comportamiento e ideales que llegan a la consciencia a través del pensar, y la confrontación con los impulsos de los instintos y de los deseos vehementes del cuerpo? ¿Cómo logramos, no dejarnos dominar ni por un lado ni por el otro? Las investigaciones neurofisiológicas lo confirman: al existir un instinto, el impulso de una idea o de un acto, existe la posibilidad, pero no una coerción para su ejecución. Un período de latencia de alrededor de 150 milisegundos, en los cuales puede interrumpirse la acción. “natural” incipiente, a través de la voluntad conscientemente manejada del hombre, brinda su protección. Al no lograr mantener situativamente abierto este espacio de evolución y decisión anímico entre los modos de comportamiento inducidos por el instinto y las decisiones morales, se pierde lo típicamente humano: Perdemos la capacidad PROPIA del juicio y de la acción. Entramos en dependencia del estado de deseo vehemente del cuerpo y/o de los consejos y opiniones de los demás. Comportarse HUMANAMENTE significa en cambio: estar en evolución, no dejarse inducir ni por la lejanía de la meta, ni por la proximidad de la sensualidad, descuidando así, el potencial evolutivo propio.

Con ello, la cuestión del ente humano de la sexualidad se aproxima a una vecindad inmediata a la cuestión de la salud y la enfermedad. La sexualidad, felizmente integrada a una estrecha relación humana, puede brindar frescura corporal y puede sanar fisiológicamente. Puedo empero asimismo traumatizar y socavar la salud, al lesionarse la integridad corporal y anímica.

 

EL ASPECTO DE LA SALUD

 

La pregunta: ¿Qué es la salud?, en los últimos treinta años ha llegado a la medicina, la psicoterapia positiva y la ciencia social, social, sino también un creciente mercado de la salud. Como especialmente evidente ha mostrado ser al respecto, el concepto de la coherencia de Aarón Antronowsky. A consecuencia de sus investigaciones medicinales – sociológicas, Antonowsky ha descubierto en la Universidad de Beersheba / Israel, que los hombres pueden mantener la salud en mayor medida, al poseer un fuerte sentido de la coherencia.

Al respecto descubrió así mismo la invalorable importancia de un desarrollo infantil y juvenil, que posibilita la formación del sentimiento de la coherencia. Coherencia significa relación, vivenciarse en relación, estar adherido, identificado. La correspondiente cobra validez así mismo para la salud: Todas las funciones tienen que coincidir. ¿Cómo se forma empero el sentido de la coherencia? En el curso de la infancia y de la juventud, esto acontece en tres planos:

  • En el plano del pensar, cuando el niño aprende a comprender lo que está viendo y lo que está vivenciando,
  • En el plano del sentir, cuando el niño, el joven, el adulto, en medida cada vez mayor vivencia el sentido de aquello que fuera comprendido y vivenciado,
  • El plano de la voluntad al aprender a manejar lo comprendido y lo vivenciado pleno de sentido de una manera propia, o, por lo menos saber como lo hacen aquellos que entienden ese manejo.

 

En el lenguaje profesional de la investigación de Salutogénesis de Antonowsky se habla de SENSE OF COHERENCE en forma de COMPREHENSIBILITY, MEANIGFULNES y MANAGABILITY (comprensión, plenitud de significado, factibilidad de manejo). Lo asombroso resultó ser para Antonowsky en sus investigaciones, que entre las más sanas de las personas consultadas, se hallaban también aquellas, que durante años habían permanecido en campos de concentración y que a causa de circunstancias felices contaban entre los sobrevivientes del holocausto. Al hallar el recurso salutogenético, que hace posible no quebrarse aún bajo las condiciones más crueles de la prisión, ni físicamente, ni anímicamente, tuvo la evidencia, así como también la tuvo su contemporáneo, el psicólogo humanista Maslow, de lo inesperado: que transmite la seguridad interior, de modo tal, que espiritualmente no podemos perdernos en este mundo a menudo tan cruel en apariencia en lo espacial – temporal. Esta experiencia había podido otorgarle a esas personas, la fuerza de resistencia. Ese lugar pudo ser ocupado empero también, por el amor hacia una persona íntima, pudiendo ejercer el mismo efecto protector. Quien intenta explicar la integridad del ser humano únicamente en el contexto científico-natural o psicosomático, no podrá dar en la tecla. Queda en evidencia que la dimensión espiritual – también en forma de pensamientos que orientan la vida – es la decisiva fuente interior potencial y de inspiración. En sus investigaciones, Abraham Maslow habla del así llamado PEAK EXPERIENCE (vivencia espiritual cumbre) como del punto de transición decisivo y la fuente de renovación para la vida del hombre. Aún, cuando una vivencia tal se ha producido una sola vez en la vida, puede verter su radiancia sobre una vida entera, sobre la biografía toda y ayudar a la persona a conservar la calma y no naufragar en la suerte cambiante de la vida. La investigación de la coherencia muestra, que la condición humana y la salud se condicionan mutuamente. Cuánto más limitada es la salud de una persona, en tanta menor medida puede ostentar y manifestar su condición humana. La investigación de la coherencia muestra empero a su vez, que el ser espiritual – anímico del hombre es la fuente de la cual parten los impulsos de mayor curación, integradores y unificadores. Al mismo alemán Meister Eckhart se le atribuye el aforismo: SI FUESE UN REY Y NO LO SUPIESE, NO SERÍA REY.

Lo mismo puede decirse aquí, con respecto al ser espiritual del hombre: Si fuese un yo-humano perfecto, creado por Dios y no lo supiese, ¿De qué me valdría? Esta simple pregunta puede recordarnos, de que no pasa un solo día en el cual no pensemos algo nuevo, experimentemos algo nuevo, mediante lo cual a su vez tomamos consciencia asimismo un poco más siempre, de nuestro propio ser, de nuestras posibilidades.

¿Acaso, toda la vida terrenal, visto de esta manera, no podría ser una especie de evolución embrional con respecto a la consciencia de nuestra entidad espiritual? En sus Himnos a la Noche , Novalis nos dice con respecto al Cristo:

EN LA MUERTE , LA VIDA ETERNA SE REVELÓ, TU ERES LA MUERTE Y ERES LA QUE RECIÉN NOS TRAES LA SALUD.

Tales palabras se tornan comprensibles junto al trasfondo de su experiencia de iniciación: Novalis sabe, que durante la vida se trata de aprender a morir y entrar al mundo del postmortem con la mayor consciencia posible del propio ser. Para ese camino del despertar de la consciencia, es imprescindible el trabajo evolutivo en dirección hacia las metas esenciales de la realización humana propia. Lo que de modo filosófico – abstracto es pensado como ideales de la verdad, del amor y de la libertad para Novalis en la experiencia de la iniciación se manifiesta como encuentro esencial con el Cristo.

En la FILOSOFÍA de la LIBERTAD de Steiner y en LOS ENIGMAS DE LA FILOSOFÍA , se indica el camino hacia una vivencia de la fuerza espiritual del pensar. En su libro, ¿CÓMO ADQUIRIR CONOCIMIENTOS DE LOS MUNDOS SUPERIORES? Se describe en cambio el camino de la iniciación hacia la vida. En ese camino de iniciación a través de la vida con sus vivencias cumbres y sus abismos, el trato con la sexualidad conforma un rol central. A causa de represión y de transfiguración mística que de conducir a experiencias en las cuales ya no puede ser discernido claramente, si nos encontramos frente a vivencias corporales o espirituales. Cobra vida luego en ampulosas proyecciones dentro de mundos de fantasía erótica. El estudio antroposófico del hombre con su concepto de los miembros del ser – cuerpo físico, cuerpo etérico (organización de la vida), cuerpo astral (organismo del sentir, o bien, del ama), organización del yo (capacidad de la voluntad, los consciente) – puede aportar justamente aquí lo esencial para una clarificación y un saludable trazo de límites (GA 9)

 

LA SEXUALIDAD Y LA ACTIVIDAD DE LOS MIEMBROS DEL SER

 

En una de sus conferencias para médicos, R. Steiner dice: El cuerpo astral humano es un organismo muy diferenciado, y cuando tomamos conocimiento de ese cuerpo astral humano, vemos, que se adapta fuertemente al cuerpo etérico, con respecto a todos los órganos que se encuentran detrás de los órganos sexuales en dirección al tracto renal y que hacia arriba se encuentran limitados por el tracto pulmonar y cardíaco. De modo tal, que en realidad podemos decir: para ese tracto, el cuerpo etérico es lo determinante.

En sus movimientos, en sus formas, el cuerpo astral adopta aquello, que el cuerpo etérico está haciendo. Algo muy diferente sucede en el tracto sexual. En el tracto sexual el cuerpo astral cobra una fuerte actividad propia y en cierta manera somete la actividad del cuerpo etérico. (Lo fisiológico – terapéutico sobre el fundamento de la ciencia espiritual, GA 314).-

Con ello queda dicho, de que el hombre en el campo sexual tiene que enfrentarse sobre todo, con su naturaleza astral: en ella imperan polaridades y estados de tensión que se alteran con relajamiento.

Los órganos del metabolismo: el tracto estómago – intestino con el sistema hígado – bilis – bazo adheridos y el sistema de los miembros, subyacen, con respecto al estímulo y al cuidado a través de la comida y la bebida, según el grado de madurez de la personalidad, en mayor o menor grado al autocontrol más, o menos fuerte. En el caso de la cultura de la comida y del descanso, el cuerpo astral se somete ampliamente al dominio del yo despierto y consciente. En el caso de la sexualidad en cambio, los miembros del ser se hallan en mayor medida bajo la influencia directa del cuerpo astral, que aquí, constitucionalmente, se retrotrae en medida mayor del control ejercido por el yo. Sobre la base de la naturaleza polar del cuerpo astral puede generarse un espacio para la función de un tercero, céntrico, armonizador, curador. Ese hecho de equilibrio acontece en el hombre, ya sea fisiológicamente en forma del desarrollo del sistema rítmico en medio de la constitución polar de los procesos con apoyo nervio – sensorio y metabólico – de los miembros, o, mediante el trabajo anímico – interior, que solamente puede partir del yo. En el acto de la procreación empero, se equilibran las polaridades de lo astral de modo INMEDIATO y completo en forma del principio masculino y femenino, sobre el plano físico – etérico. De esta manera, se posibilita una sensación de armonía y de dicha en lo físico, que a su vez involucra la experiencia de punto culminante y final, puesto, que lo perfecto a su vez siempre es terminante. Es por ello, que la sexualidad a su vez siempre se encuentra acompañada con fantasías de muerte. En su fuerza y su potencia natural, esta experiencia es única. El yo se vivencia integrado en ese proceso y ampliamente “llevado”.

En crasa oposición a ello, tenemos la auto – vivencia en el pensar: posee plena libertad anímica. Aquí, el yo se encuentra con la pureza y la docilidad de sus pensamientos etéricos – libres de lo corporal. En el sentir se encuentra con la naturaleza, la condición en parte libre y en parte sujeta a la organización de su yo. (Ver. M. Glöckler, Salud y Escuela, Dornach 1998) Para los interesados en el efecto recíproco de los miembros del ser y su accionar en el organismo, a continuación damos un esquema procedente de una de las agendas de Rudolf Steiner.

De ello se desprende, qué efecto qué miembro del ser posee sobre el respectivo otro miembro del ser.

Sobre este trasfondo del Estudio del hombre es que recién podemos comprender, el por qué en la era pre-cristiana y aún en la actualidad en las culturas del espacio.

 

El cuerpo de yo en lo

 

Físico = forma

Etérico = movimiento interior

Astral = vida interior

Espiritual= brinda alma

 

El cuerpo astral en lo

 

Físico = movimiento

Etérico = deseo

Astral = sentimiento

Espiritual= pensar

 

El cuerpo etérico en lo

 

Físico = auto vivencia

Etérico = auto conocimiento

Astral = auto conservación

Espiritual = memoria

 

El cuerpo físico en lo

 

Físico = egoidad = estar dentro

de uno mismo +

Etérico = imaginación: +

A Astral = sensibilidad, sentimiento +

Espiritual= percepción

 

Oriental – asiático, donde el matrimonio individual constituye la excepción frente al matrimonio familiar y tribal.

Allí, la sexualidad se encuentra aún inserta en la relación físico – etérica de la sangre y de la familia. La autovivencia y el valor propio (autoconocimiento, conservación, memoria, egoedad e imagen propia) se encuentran sujetos a la sangre, se vivencian en unión y lealtad a la familia, al pueblo del que se procede. La consciencia propia individual en desarrollo en cambio, no es dejada a solas con el amor sexual. Por el contrario, le han sido, coordinado y se le siguen coordinando otros campos de práctica individuales y sociales. El campo sexual ha quedado ampliamente al vacío al respecto y ha estado y sigue estando bajo un severo control social. Con referencia a la tradición y lo enunciado en el Testamento Antiguo y en el Nuevo Testamento, así como en la investigación espiritual del Rudolf Steiner, GA 13, el hombre de la actualidad ya no se encuentra solamente frente a la tarea impuesta en las épocas primarias de manejarse con el árbol del conocimiento y aprender a diferenciar el bien y el mal. A través del advenimiento del cristianismo se ha sumado en cambio, la segunda misión: el debate con el árbol de la vida. Es menester, llegar al esclarecimiento de un modo completamente personal, acerca de la posibilidad de la “vida eterna” y emprender el camino hacia la consciencia espiritual, individual. Con esta cuestión vital está ligada empero de un modo central, también la sexualidad, dado, que los dos árboles paradisíacos muestran en la imagen la doble función del cuerpo etérico como portador de los pensamientos y de la actividad pro creativa y de la vida. (Dietz, K.M – Mesmer B.” Ampliar límites, descubrir la realidad, perspectivas de la investigación antroposófica, Stuttgart 1998). (Compárese al respecto: Glöcker M. “Obtención de conocimiento a través del trato práctico con resultados de investigación antroposófica en el ejemplo del doble aspecto de la organización etérica, del hombre). Mientras que el comer del árbol de la toma de conocimiento era orientador para la época pre – cristiana, la manera del trato con el árbol de la vida será aquel, que determina la segunda mitad de la evolución humana, señalando hacia un lejano futuro.

Es menester, adoptar responsabilidad con respecto a la vida de este planeta Tierra y con respecto a la convivencia de los hombres – responsabilidad que va mucho más allá de la pertenencia a una familia o a un pueblo determinado. La creciente necesidad con respecto a ello se evidencia también en el hecho de que niños y adultos tienen una necesidad de esclarecimiento con respecto a la sexualidad.

 

SEXUALIDAD Y PROCREACIÓN

 

En el caso del hombre, la sexualidad no posee la finalidad primaria de la procreación. La naturaleza nos muestra muchos seres vivientes “que se han multiplicado y mantenido su especie mediante división, retoños, gemas ligaduras, sin intervención del sexo, o, hasta como en el caso de algunas lagartijas a través de partenogénesis, vale decir, reproducción virgen. Es así, que desde algún tiempo resulta un quebradero de cabeza, la explicación, acerca de qué provecho brinda la reproducción sexual, muy complicada “intensiva en los costos” en su construcción, para el mantenimiento de la especia (o los genes) […] Un esfuerzo aún mayor le resulta a los biólogos de la actualidad, para explicar el motivo por el cual los genes en algún momento han tenido la idea de construir el container o vehículo masculino de diferente manera a aquello de la mujer y qué ventaje pudieron haber logrado a través de ello. De hecho, existen animales que se procrean sexualmente, siendo hermafroditas, varón y mujer en un solo cuerpo, y luego hay otros, que durante algún tiempo son de un sexo y luego son del otro sexo – masculino y femenino – y finalmente hasta hay aquellos, que biológicamente no poseen sexo alguno y que recién a causa de determinados cambios en su mundo exterior, se constituyen en masculinos o en femeninos. Podemos destacar entonces: los diferentes géneros no se han hecho para la práctica sexual, y esta no está al servicio de la procreación. (G. Hüther: La evolución del amor. Lo que Darwin ya intuyó y lo que los darvinistas no quieren reconocer. Göttingen 2003).

Así y todo, la sexualidad cumple un rol importante para la procreación humana: la multiplicidad máxima y nueva combinación de valores heredados. Fomenta en medida extrema la individualización con el sentido físico, creando de esa manera la base para la consciencia del yo, cada vez más individual y personal. Mediante la bisexualidad del hombre, a su vez es posible de que se enfrenten polaridades de lo más extremas de realización existencial humana, lo cual acrecienta aún mucho más, el desarrollo de la consciencia propia y la vivencia propia.

En el encuentro anímico y físico con lo completamente diferente, se destacan en medida mucho mayor, nuestras particularidades personales. Hüther acota al respecto:

-“Por diferentes que puedan ser las experiencias concretas que un niño tuvo oportunidad de realizar en su camino de la búsqueda de identidad en todas las épocas y en todos los lugares de la tierra, una cosa existe, que se ha mantenido siempre igual: todo ser humano en crecimiento siente, o sabe con certeza, que existen aún otras experiencias, experiencias que únicamente hubiese podido realizar, en ocasión de pertenecer al sexo opuesto. Es así que todo varón siente, una vez que se ha hecho hombre, que el mundo de las experiencias masculinas al cual ha decidido pertenecer, es tan solo la mitad del mundo. Y así lo siente también toda joven, una vez hecha mujer, que el mundo por ella conocido no es el mundo entero. Ambos tienen la intuición de que dentro de sí pueden portar al mundo entero al unirse el uno con el otro. Solamente de esa manera pueden lograr de amalgamar las experiencias complementarias, realizadas en dos mundos diferentes, de los cuales cada uno conoce una mitad y que así y todo determina todo su sentir, pensar y querer, para llegar a una experiencia única, común. Es aquello, que ya los antiguos griegos han denominado “amor erótico” y lo que ya en su concepción, no exclusivamente debía generarse entre un varón y una mujer. Una relación erótica tal entre dos seres humanos dura hasta tanto, que entre ellos ya nada existe para amalgamar. En algunas parejas, ese deseo de amalgama no tiene una duración mayor que finaliza con el desnudo abrazo sexual.

Su relación se quiebra una vez realizado este acto, apagándose definitivamente ese deseo. En otras parejas se produce en cambio un amalgamado cada vez más amplio de ambos mundos diferentes, de sus sentimientos y de su pensar. Cuando ambos mundos son lo suficientemente grandes, de hecho ese proceso puede extenderse mucho más allá de lo sexual, hasta después de la muerte de uno de los integrantes de la pareja, el sobreviviente intentará de profundizar aún más, el mundo de los sentimientos y de los pensamientos del otro”.

 

SEXUALIDAD Y DESARROLLO ANIMICO – ESPIRITUAL

 

Como ya mencionado, el aporte especial de la sexualidad al hecho de la procreación se basa en que así se produce la mayor multiplicidad de tipos. En medida cada vez menor, el ser humano es determinado por los factores hereditarios de UNA familia, de UN pueblo. Las posibilidades de mezcla y de individualización no tienen límites. Así, cada ser humano puede ser “su propio tipo”, diferenciándose ampliadamente de los demás. ¿Sobre que se basa empero, la importancia de la sexualidad para el desarrollo anímico y espiritual del hombre? Dado, que es evidente, que justamente ese desarrollo anímico – espiritual a causa del estar expuesto a esas fuerzas sexuales, con demasiada frecuencia experimenta un significativo impedimento. Puesto, que la mayoría de las pérdidas de controles, irritacionalidades, interrupciones biográficas, actos de violencia y los delitos que pueden llegar hasta los fanatismos y excesos, justamente y exclusivamente de este mundo de las experiencias corporales, sujeto a la sangre y al instinto, sustraído a la intervención del yo y su mundo de los pensamientos y sentimientos plenos de pureza. Para el esclarecimiento de esta cuestión más oscura de la sexualidad, Rudolf Steiner nos ha dado valiosos incentivos.

En un principio puede asombrarnos la manera crítica e inequívoca, mediante la cual se refiere a proyecciones y sublimaciones claramente reconocibles de fuerzas sexuales en el arte y en la literatura. Los efectos de una sexualidad fuerte, pero replegada a la fuerza por motivos religiosos o personales, son calificados por Steiner como con necesidad de prevención, o bien de tratamiento – por más “bellos” que pudiesen ser las obras de allí surgidas. A tales proyecciones de ansias sexuales y sus resultados, con el deseo de llegar al mundo de los deseos y los pensamientos espirituales, los denomina como “mística sensual”, viendo por ejemplo también los escritos de Swedenborg en ese contexto. ¿Por qué? Porque con respecto a la EVOLUCIÓN del hombre, justamente depende de que tome consciencia de su inserción CONSCIENTE CON PLENITUD DE DISCERNIMIENTO entre animal y ángel, entre cuerpo y alma, sin mezclar un mundo con el otro, con inconsciente proyección o con ansia sensual (R.Steiner: Problemas de la convivencia en la sociedad antroposófica, GA 253, Dornach 1989). Al acontecer esto, no sería posible el hallazgo individual y colectivo de la verdad. Cada cual - voluptuosamente, o dolorosamente – estaría apresado dentro de su propio mundo del pensar y del sentir. La experiencia anímica- espiritual pura, libre de lo corporal, el ser espiritual objetivo del hombre que posee independencia de los físico, quedaría inconsciente. Sobre las vías de las proyecciones de inspiración sexual – inconsciente, el yo – aunque de modo refinado – quedaría esclavo de sus estados anímicos sujetos al cuerpo. De esta manera quedaría persistentemente impedido en la búsqueda de su identidad espiritual.

Correspondientemente problemáticos son los caminos esotéricos, que tienen como punto central la sublimación de la sexualidad. Son tan tentadores, dado que justamente en las antiguas culturas y tradiciones, los símbolos de la fertilidad, óvulo y miembro viril han sido venerados como símbolos de máxima fuerza creadora – divina y de competencia evolucionaria. En la capacidad de la procreación y la fertilización de las plantas, los animales y los hombres, naturalmente se reproduce en lo sensorio – físico, la fuerza creadora divina dentro de la evolución terrenal. Por lo tanto, en la entrega sexual puede ser vivenciado de un modo único, la consonancia con esa creación en lo físico – sensorio, pudiendo colmarse puntualmente la añoranza infantil originaria del amparo. Es importante empero, tomar en cuenta de que estas posibilidades de vivencia son DADIVAS de la naturaleza, de la evolución y con ello, del pasado. ¿De qué manera avanza empero la evolución del hombre? Las nuevas posibilidades evolutivas yacen en su naturaleza que encuentra la emancipación del cuerpo, de índole anímica espiritual y consisten justamente en el hecho de alcanzar la mayor independencia posible del cuerpo y llegar a la autonomía. Cuando a partir de una interpretación excesivamente estrecha de numerosas afirmaciones en los Evangelios del Nuevo Testamento y de las Cartas de Pablo se señala al cristianismo como enemigo de las mujeres y de la sexualidad, esto se debe precisamente a un mal entendido con respecto a los hechos aquí bosquejados.

Dado que, cuando los ideales centrales apuntan a que el hombre como individuo se entiende de un modo puramente espiritual en su entidad por Dios querida, al reconocer claramente su dependencia del cuerpo, trabajando concretamente en la consciencia de su naturaleza espiritual liberada del cuerpo, esto significa tan sólo de que esa meta evolutiva también debe ser claramente recibir su denominación. Una nueva castidad en él trato con la sexualidad y la procreación podrá generarse por el hecho, de que este ámbito no se mezcle con sus vivencias – con aquellas que tienen lugar en el dominio espiritual – anímico. Solamente así, puede desarrollarse una evolución espiritual, conscientemente conducida, sin el impedimento por la vida sexual. Y solamente de esto se trata. Lo uno no debería entrar en rivalidad con lo otro. Lo uno no puede reemplazar lo otro ni puede subliminarse para ser lo otro.

 

 

 

 

 

Amor y Psique, con referencia a la novela “Metamorfosis”

O, “El asno dorado” de

Apuleius

2ª siglo de

La era cristiana

 

 

 

DIBUJO

 

LA SEXUALIDAD Y EL AMOR

 

Dentro del mundo sensorio, le es esencial a la consciencia humana, que el sentimiento propio del alma (la vivencia de su yo) a pesar de que tiene que estar en existencia, debe atenuarse. De esta manera, el alma tiene la posibilidad de vivenciar dentro del mundo sensorio, la formación de la fuerza sensorial más noble, la COMPASIÓN (el poder sentir con, o junto con los demás). En el caso de que el vigoroso sentimiento del yo elevase dentro de las conscientes vivencias del alma dentro del mundo sensorio, entonces los impulsos y las concepciones morales no pueden desarrollarse adecuadamente. No podrían aportar al fruto del amor. La entrega, ese impulso natural del mundo elemental, no debe ser considerada como idéntica a aquello que en la vivencia humana señalamos como amor. La entrega elemental se basa en un vivenciarse uno mismo en el otro ser o proceso; el amor es una vivencia del otro en el alma propia. Para que esa vivencia pueda desarrollarse, el sentimiento propio (vivencia del yo) tiene que estar cubierto, ciertamente, por un velo sobre ese sentimiento presente en sus profundidades; en el alma, aplacada en sus propias fuerzas, se genera por ese hecho la capacidad de poder sentir dentro de sí, las penas y las alegrías del otro ser; germina el amor, del cual crecerá la auténtica moralidad en la vida humana. Para el ser humano, el amor es el fruto más significativo dentro de la vivencia del mundo sensorio.

Al compenetrar la esencia del amor, de la comparación, hallaremos en ellos la manera como lo espiritual en su verdad cobra vida en el mundo sensorio. […] Podemos decir, que con la consciencia supra – sensoria, el alma humana despierta en el mundo espiritual; tenemos que decir del mismo modo, DE QUE EN EL AMOR, LO ESPIRITUAL DESPIERTA EN EL MUNDO SENSORIO.

(Se habla de Mitgefühl – no es exactamente compasión sino acompañar, estar con el otro a través del sentimiento positivo, abierto con amor. Sigo colocando compasión porque no encuentro otra palabra – Ana María) – Donde ese amor, ese acompañar con el sentir aparecen en la oída, percibimos el hechizo del hábito del espíritu que compenetra la vida. ¡Es por esa razón, que jamás puede embotarse la clarividencia correctamente desarrollada de esa “com – pasión”!, el amor. El alma, cuanto más penetro al mundo espiritual con su vivencia, en medida tanto mayor percibirá la ausencia de amor, la carencia de “compasión”, como una negación del espíritu mismo. (R. St.. “El umbral del mundo espiritual, GA 17, Dornach 1987).

El escollo más difícil y complicado en aquello que “le es esencial para la consciencia humana dentro del mundo sensorio (el aprendizaje de compasión y amor) (aquí se dice compasión) es la confrontación con el egoísmo y la auto – compasión.

Recién, cuando en la consciencia aparece claramente la dimensión de esas fuerzas egoístas referidas al amor y la compasión, la vivencia del yo necesario para el mundo sensorio experimenta el grado de aplacamiento a consecuencia de lo cual, este fruto más noble de actividad es espiritual en lo sensorio – el desarrollar compasión y amor – puede madurar.

Ningún dominio de la experiencia humana con respecto a este escollo es tan pujante, tan instructivo y con todo el dolor que causa, tan benéfico, como lo sexual – erótico.

Quien se encuentra dichosamente enamorado, se vivencia dentro de un estado más o menos fuerte de embriagues, sin drogas: la vida se muestra de su lado más fácil, agradable, exento de problemas, cosas, que antes nos han causado un enorme dolor de cabeza, de pronto parecen ser fáciles de resolver. También acontecimientos y procesos, que con anterioridad al estado del enamoramiento se evitaban indefectiblemente, aparecen ahora como en otra luz, somos tolerantes, y las podemos tomar con mayor soltura, estamos “de acuerdo”. Ese estado encantador dura todo el tiempo, hasta que aparecen irritaciones, que circunstancialmente nos hacen caer abruptamente de la altura de las nubes doradas. El motivo puede ser por ejemplo, de que preocupaciones personales no son compartidas por el amado de la manera que lo desearíamos – sobre todo, cuando aparecen de manera crónica. A ello se agregan luego otras observaciones: tal vez, desacuerdos con respecto al dinero, distribución del tiempo, planificación de las vacaciones, la educación de los hijos, el amoblamiento del hogar, etc., donde de pronto ya no es “lo mismo”, si la opinión compartida se logra a través del ceder, o mediante la lucha del uno contra el otro y el triunfo así obtenido. Aquí, a menudo juega también un rol, la clásica diferencia entre el pensar masculino y el femenino y su sentir de diferente manera. Repentinamente, se abre el abismo:

Acaso ¿el otro alguna vez nos ha entendido realmente?

Y cuando a ello luego se adiciona una amistad intensiva de un miembro de la pareja con una tercera persona, puede suceder, que la relación rápidamente alcance su punto más bajo, siendo, que los celos pongan en duda el último resto del amor existente anteriormente. Ese bajón lo podemos comparar con la imagen del cielo y del infierno.

Frente a ese abismo entre el cielo de la relación del pasado y el infierno de la relación del presente existe una única posibilidad salvadora para no caer en el alcohol, la droga, el camino hacia un derrumbe aún mayor de la relación o la separación, y es el recuerdo de aquello, “que es esencial a la consciencia humana dentro del mundo sensorio”. Cuando dentro de ese caos anímico se logra escuchar aún, el mensaje del amor, como conocimiento central de la evolución humana, entonces, se podrá comenzar a poner orden dentro del caos, llegando a la comprensión de uno mismo, de una nueva manera. Para una comprensión tal de nosotros mismos cobra especial importancia, la descripción de la esencia del amor, dada por Pablo en su primera carta a los Corintos (corintos 1 – 13, versículo 4 – 8, traducido por Micaela Glöckler)

El amor posee amplitud del corazón,

es bondadoso.

El amor no tiene envidia

el amor no se jacta,

no es soberbio,

no lesiona la dignidad,

no busca lo suyo

no se irrita

no guarda rencor a nadie

no se regocija por la injusticia,

sólo se regocija por la verdad.

reviste todo

posee plenitud de confianza

plenitud de esperanza

plenitud de tolerancia

El amor jamás puede caer en el pecado.

 

 

Justamente la última oración de estas explicaciones ofrece el punto de partida para la autorreflexión: ¿Qué es aquello del amor que no se pierde, que JAMÁS puede caer en el pecado? ¿Qué no se perdería, aún, cuando nos vivenciamos engañados, traicionados, maltratados, tratados “in – mente? Es el tramo de la vida que hemos compartido.

Es, aún el más ínfimo elemento que en la percepción mutua ha sido motivo de aprender algo del otro, o algo para el otro. Es cada instante de sinceridad cada momento de apertura, del comprender, del acompañarse – sin importar, lo que aconteció antes, ni lo que pasó después. Lo que de hecho HA SIDO, eso es lo que perdura, porque sigue viviendo en los seres que se hallan unidos por ese acontecimiento. Es la imagen y el destino del otro, en la medida en la cual ha quedado grabado en el alma propia, en los pensamientos, los sentimientos, en la memoria, los recuerdos, lo que no puede perderse. Aún, cuando queremos separarnos de ello, y cuando durante años esa imagen permanece allí sin que le demos importancia. Aún así, nada de ello se ha perdido. Puede cobrar nueva importancia al cabo de años o puede “estar presente” en una nueva vida terrenal.

Aquí, no es el lugar de poder interpretar esta cantar de los cantares al amor y referirlo en sus por menores a la sexualidad. Es evidente empero, que la capacidad amorosa allí esbozada nada, pero nada en absoluto tiene que ver con la sexualidad. La allí expuesta capacidad del amor en cambio puede descender a las regiones de la sexualidad, y, tal como R. St. lo expresa tan bellamente en una de sus conferencias, “santifica” a la misma.

PARZIVAL, la gran epopeya de Wolfram von Eschenbach, del siglo 13, está dedicada por completo a ese interrogante, acerca de cómo la sexualidad puede ser santificada por el amor y poder cerrar así, las heridas y los abismos que se han abierto a causa de extravíos sexuales.

 

SEXUALIDAD E IDENTIDAD

Al meditar acerca del extraordinario poder y la fascinación que la sexualidad ejerce sobre el hombre, una y otra vez aparece el motivo de la identidad. En el caso de las crisis matrimoniales, los consejos para parejas, o las charlas referidas a las separaciones lo más humanas posibles en el caso de un divorcio, se trata DEL concepto central. Dado que ¿qué torna tan dolorosa en definitiva la separación imaginada o real del otro – en el caso de que lo hemos amado realmente? O visto en una imagen: ¿Qué herida comienza a sangrar allí?

En el trato con la sexualidad, podemos aproximarnos de manera especialmente impresionante a ese misterio de la evolución humana. Dado que aquí la vivencia de la identidad puede extenderse a la pareja de una manera tal, que una ruptura de la relación – al menos pasajeramente – puede significar la pérdida de la identidad. Por más que podamos lamentar la ruptura de la relación y la pérdida y tal vez por años podamos padecer a causa de la misma – no existe un remedio mejor para diferenciar el interrogante de identidad en su peligrosa confusión de amor por uno mismo y el amor por otra persona, como a consecuencia de una separación conscientemente elaborada. Cuando en el consultorio se nos cuenta, de que la vida sin el otro ya no tiene sentido, de que se sienta como vaciado, como ahuecado, que el mundo pinta gris sobre gris, o, de que una y otra vez aparece una rabia terrible, una ira y hasta un odio contra el otro, entonces, por supuesto que no es fácil decir de modo lapidar: TODO ESTO, SON MANIFESTACIONES DE TU EGOISMO – no es la AUSENCIA DEL OTRO, SINO, QUE ES LA PÉRDIDA DE LA BELLA SENSACIÓN PROPIA QUE HAS EXPERIMENTADO ESTANDO CON LA OTRA PERSONA , Y ES LO QUE AHORA ESTES FURIOSO Y DESESPERADO. ES EL AMOR POR TI MISMO, QUE SE HABÍA INFLAMADO EN EL OTRO. HAS PROYECTADO A TI MISMO Y A TUS NECESIDADES EN EL OTRO, DE MODO TAL QUE AHORA, CUANDO APARENTEMENTE – O DE HECHO – SE SEPARA DE TI, LO VIVENCIAS COMO UN VACIAMIENTO, UNA PÉRDIDA PROPIA. Una verdad así, naturalmente en un comienzo es completamente indigesta. Generalmente, es menester un proceso más bien largo de acompañamiento y de charlas, hasta que la persona en cuestión SÍ MISMA llega a esa conclusión, y en el lenguaje de Wagner en su Parsifal – puede cerrar la herida con el mismo arma, mediante el cual fue abierta: con el poder del propio yo.

En sus conferencias referidas al karma, R. Steiner también ha hablado acerca de la pérdida de relación, al exponer, de que esto es la consecuencia de un excesivo egoísmo en la relación. Mediante la elaboración de la pérdida, este egoísmo puede ser superado, de modo tal, que la relación en una futura vida terrenal podrá ser armoniosa.

 

PERVESIONES SEXUALES

 

Especialmente oscuras e impenetrables muestran ser las así llamadas perversiones. En la Sexología Clínica (P.Herthoft, Sexología Clínica, Editorial de los médicos alemanes, Köln 1989), se ha llegado a un acuerdo, de que no existen descripciones definitorias de un modelo de comportamiento sexual, que podría describirse o calificarse como perverso, o no perverso. En la actualidad en cambio todo acto sexual llevado a cabo en la pareja sin su consentimiento es vivenciado y considerado como perverso. Esto ya comienza en el caso de una caricia o un beso, que el otro no puede responder y mediante lo cual se siente acosado. Y finaliza en las más aberrantes escenas de abusos que pueden llegar hasta el asesinato con motivación sexual. Queda empero la pregunta del por qué está dado en la naturaleza de la sexualidad, que conjuntamente con ella puedan producirse tales abismos de conducta desatinada y desenfrenada práctica de poder sobre otras.

A ello, R. Steiner coordina asimismo a esas perversiones al nacionalismo y al odio a los “extraños”, los “otros”.

Dado, que el cuerpo astral, sujeto a lo físico, actúa en los instintos y los impulsos ligados a la constitución corporal y la constitución nacional y las relaciones sanguíneas que de allí provienen. En lo anímico, el cuerpo astral vive en la tensión polar entre la simpatía y la antipatía. Es portador de la vida del sentir, en parte ligada a lo físico y en parte libre del mismo y de esta manera también de las formas vivenciales musicales en intervalos y en estados de armonía y falta de armonía en las personas, las cosas y los seres. Las leyes numéricas del macro – cosmo y todo aquello hacia lo cual el ser humano establece una relación consciente en la Tierra , conforman su círculo vivencial y el de sus actos. En el cuerpo humano físico, efectúa movimientos, atracción y rechazo, tensión y relajamiento. En el caso de que sus fuerzas son excesivas, puede desplazar la fuerza del yo, cuando la misma no ha podido desarrollar la suficiente fuerza propia, mediante la educación y las vivencias en la vida: entonces, el hombre se encuentra en un estado en el cual puede ceder a reacciones hacia las cuales lo impulsa el respectivo medio circundante.

Lo significativo para la constitución humana es también siempre su labilidad y su variabilidad en todos los planos: adaptación fisiológica al clima y las zonas del tiempo, formación de los hábitos, adopción de nuevas formas de vida y de trato social. En lo anímico es la lucha con el agrado y el desagrado y en lo espiritual, la búsqueda de identidad y autonomía de los actos. Cuánta menor seguridad de identidad y autonomía de los actos. Cuánta menor seguridad de identidad existe en lo espiritual, tanta mayor es la añoranza por amparo y estabilidad en lo anímico – corporal.

La necesidad de amparo en el grupo, la añoranza por reconocimiento o el miedo por exclusión, pueden constituirse en el móvil para comportamientos destructivos.

En el nacionalismo y en el fanatismo se evidencia una identidad débil, o no existente en lo personal. Por lo tanto, toda forma de gesta grupal con apoyo ideológico, involucra el peligro de la pérdida de personalidad e individualidad. Apoya la des – individualización y la entrega y la dependencia de otros, ocupando el lugar del yo individual.

Tiene lugar un proceso evolutivo opuesto con respecto a aquello que se ha presentado en los tres primeros capítulos de este aporte, en forma de los tres ideales que pueden estimular el desarrollo hacia los valores humanos: verdad, amor, libertad.

A menudo, cuando nos hallamos frente a alguien que cumple una pena

por asesinato, abusos u otras atrocidades, nos cuesta creer, que esa persona ha cometida ese acto. Parecen ser tiernos, sentimientos y están marcados por la auto – conmiseración. Requerimientos infantiles frente a la vida y el accionar con brutalidad frente a sus víctimas, se contrastan. El viejo proverbio nos dice: CUANDO LOS DIOSES SE ALEJAN DEL TEMPLO, IMPERAN LOS FANTASMAS, cobrando validez también con respecto al cuerpo humano: cuando el yo se retrotrae, o no puede encarnarse debidamente, ese lugar es ocupado por otros poderes. Los pensamientos, los sentimientos y las motivaciones son realidades – lo aceptemos o no lo aceptemos así. El mundo espiritual penetra con sus fuerzas y con su ser al alma humana, que es el escenario del desarrollo del espíritu humano, o, tal como Schiller lo hace decir, siendo el joven aún, a Kart Moor en su obra “die Rauber”:

“YO MISMO SOY MI CIELO Y MI INFIERNO” Reconoce, que depende de él mismo y de la actividad de su yo, en qué dominio del alma y del espíritu se mueve”.

 

SEXUALIDAD, Y EL INTERROGANTE CON RESPECTO A LA REALIDAD DEL MAL

 

Existe una serie de transmisiones verbales, según las cuales R. Steiner ha respondido a la pregunta: ¿qué es el sentido del mal?: “no el hecho de que lo hagamos, sino, que al hombre lo lleve al camino de la iniciación. A su libro instructivo ¿CÓMO OBTENEMOS CONOCIMIENTOS DE LOS MUNDOS SUPERIORES? (GA 10), aparecido antes de la Primera Guerra Mundial, lo llamó “libro anti – guerra”.

Tomar a la auto – educación y al auto – desarrollo como tarea de paz efectiva, podrá sorprendernos a primera vista. Al profundizar empero esta afirmación, descubriéremos, que es la única forma con fundamento. Aún, cuando mediante la fuerza, exteriormente el mal puede ser mantenido dentro de límites, retornando “el orden y la calma”, - no podrán tener duración. Dado que los hombres que son obligados a esta calma y ese orden, sin querer comprenderlo también en su interior, cuidándolos y siguiendo su desarrollo, rápidamente todo retundará en un fracaso. Del mismo modo, como los niños en un principio tienen que aprender a acomodarse a las buenas costumbres y a las reglas existentes, antes de poder ellos mismos impartir buenas costumbres y reglamentos, tienen que co – existir las dos formas de las tareas de la paz interior y la consolidación de la paz exterior, hasta que el grado de madurez de la humanidad en su conjunto adquiera un nivel diferente al ahora existente. Es así, que el estado cultural de los hombres depende en máxima medida de la atención que se le presta al trabajo educativo y evolutivo individual. Cada individuo puede aprender a diferenciar el bien y el mal, situativamente, reconociendo las inclinaciones destructivas y los modos de reacción en el interior, neutralizándolos, antes de que puedan convertirse en acción.

¿Cuáles son empero las inclinaciones hacia el mal? ¿Cómo es posible diferenciar al bien y al mal? Esta pregunta puede ser contestada únicamente con la ayuda de la ciencia espiritual y es menester un conocimiento exacto del así llamado “umbral hacia el mundo espiritual”. (GA. 17).

_ El cuerpo físico le otorga al hombre una forma sólida en el mundo sensorio, mediante la cual está insertado en ese mundo, como un ser personal, determinado. De esta manera, no está insertado al mundo elemental, mediante su cuerpo etérico. Para poder ser hombre en un sentido pleno, tiene que poder adoptar las formas más diversas. […] En el caso de que el alma humana desarrollase la necesaria capacidad de transformación para el mundo elemental, estando en el mundo sensorio, perdería su entidad personal.

Un alma de estas características viviría en contradicción consigo misma. La facultad de transformación para el mundo físico, debe ser una fuerza que yace en las profundidades del alma; una fuerza, que le otorga el alma, su afinación fundamental, que empero no llega al desarrollo en el mundo sensorio. La consciencia suprasensoria debe cobrar vida dentro de la facultad transformadora; de no lograrse, no podría realizar observaciones en el mundo elemental. […] La consciencia suprasensoria tendrá que observar siempre el LÍMITE de ambos mundos; con las facultades adecuadas a un mundo suprasensorio, no debe adoptar una actividad en el mundo sensorio. En el caso de que el alma al saberse en el mundo sensorio, permitiría la prosecución de las fuerzas de transformación de su cuerpo etérico, entonces, la consciencia común se colmaría con concepciones que no se corresponden con entidad alguna en el mundo sensorio. El alma entraría en la confusión de la vida conceptual. La observación de los límites entre los mundos es una condición previa importante, indispensable, para el correcto efecto de la consciencia suprasensoria. […]

También la segunda fuerza, indispensable del cuerpo etérico – el fuerte sentimiento del yo – no puede penetrar en la vida del alma dentro del mundo sensorio de manera tal, como es apropiado para el mundo elemental. Cuando así y todo lo hace, en el mundo sensorio se convierte en una fuente de inclinaciones inmorales, dado que estas están relacionadas con el egoísmo. En este punto, la ciencia espiritual encuentra el origen del “mal” en el accionar del hombre. Se trataría, desconocer el orden mundial, al entregarnos a la creencia de que este orden del mundo podría existir asimismo sin las fuerzas que conforman la fuente del mal. Si no existiesen estas fuerzas, la entidad etérica del hombre no podría llegar a su desarrollo en el mundo elemental. Estas fuerzas, por cierto que son fuerzas buenas, cuando llegan a su acción UNICAMENTE en el mundo elemental; promueven al mal por el hecho, de que no permanecen en calma en las profundidades del alma, regulando allí, la relación del hombre hacia el mundo elemental, sino, que son trasladadas a la vivencia del alma en el mundo sensorio, transformándose por ese hecho, en impulsos de egoísmo. De esta manera, ejercen una acción opuesta a la capacidad del amor, convirtiéndose de este modo en los orígenes del accionar inmoral. Cuando el vigoroso sentimiento del yo del cuerpo etérico pasa al cuerpo físico, esto no solamente promueve un aumento del egoísmo, sino también un DEBILITAMIENTO del cuerpo etérico. La consciencia suprasensoria tiene que hacer el descubrimiento, que al entrar al mundo suprasensorio, el necesario sentimiento del yo es tanto más débil en la medida que el egoísmo es tanto mayor en la vivencia dentro del mundo sensorio. El egoísmo no lo fortalece al hombre en las profundidades del alma, sino, lo debilita. Y cuando el hombre pasa por el umbral de la muerte, entonces, el tiempo entre nacimiento y muerte, se produce de manera tal, que el mismo debilita al alma con respecto a las vivencias del mundo suprasensorio.-

 

Lo mismo sucede en el caso de la relación entre la enfermedad y la salud en el organismo humano. La enfermedad la podemos describir de manera tal, que en ella transcurren procesos – ya sea físicos o anímicos – que ciertamente son procesos saludables. ¿Por qué razón se produce un desplazamiento tal de los procesos? ¿Qué actividades tienen lugar aquí en el sitio equivocado? En su curso para jóvenes médicos, Steiner denomina a la enfermedad como IMAGINACIONES FÍSICAS DE VIDA ESPIRITUAL. Vale decir, en los procesos de la enfermedad se plasma algo y adquiere configuración de aquello, que en realidad debería ser parte de un proceso de naturaleza puramente anímico – espiritual.

Este principio puede ser demostrado fehacientemente y de manera significativa en las enfermedades de nuestra época, la epidemia del SIDA y el cáncer: ¿EL SIDA, de qué es una imagen, vale decir, qué vida espiritual es imaginada aquí en lo físico, reproducida en la imagen de la enfermedad? Es la cualidad espiritual del desprendimiento. Cuando su dinámica se reproduce en el cuerpo, se disuelven sus límites inmunológicos. La apertura frente a otras cosas y la entrega a los asuntos del medio circundante, se evidencian – en el lugar no apropiado, - como dinámicas destructivas en lo físico. Lo que en lo espiritual es una cualidad esencial máxima en el camino evolutivo, se conforma en flagelo de la humanidad, cuando se manifiesta en la contra – imagen física, a modo de enfermedad. Correspondiente, la enfermedad del cáncer se manifiesta como capacidad de emancipación y de libertad llevada a lo orgánico. Vivenciarse en libertad, poder desligarse de todo lo pre – establecido, hacer las cosas de modo completamente diferente a lo habitual, en otro lugar, a otro momento, etc.- exactamente esto acontece fisiológica – orgánicamente a consecuencia de la enfermedad del cáncer.

Una consideración tal de la enfermedad – por desacostumbrada y alarmante que pueda parecernos en un principio – agrega al conocimiento científico – natural, acerca de la generación y el tratamiento, el lado del conocimiento científico – espiritual, dándole al hombre de esta manera la posibilidad de desprender de esa su enfermedad, esenciadísimos mensajes para su auto conocimiento y evolución.

Y no solamente sucede que, cuando el ser humano en cuestión se interesa por la parte opuesta, espiritual de su enfermedad, él mismo puede participar desde lo anímico – espiritual en su curación. Esta manera de consideración contiene asimismo el consuelo, de que inconscientemente, en el cuerpo tienen lugar los procesos durante el curso de la enfermedad, que son acordes a su ser como hombre – por así decirlo, el bien, en un lugar que no corresponde.

Sin darse cuenta, en la enfermedad está vivenciando los pasos para su evolución positiva. La enfermedad se convierte en inconsciente vivencia de iniciación. En lo post-mortem, esto tiene el significado de que, lo que se ha padecido durante la enfermedad en la vida, vigoriza la consciencia espiritual después de la muerte, estando a disposición como posibilidad perceptiva. Aquellos, que actualmente están muriendo a causa de la epidemia del SIDA, que de una manera tan trágica está asociada a la sexualidad, están llevando consigo, el tan necesario impulso para la próxima vida terrenal, con respecto al desprendimiento para la sucesión del desarrollo de la humanidad. Han adquirido esa cualidad de manera acrecentada, a través del destino de su enfermedad, para traer a la próxima vida la voluntad de desarrollar esa cualidad conscientemente, practicándola. Los cientos de miles y hasta millones que están muriendo en África, por la epidemia del SIDA, se están preparando para traer a la humanidad del mañana que se encuentra en peligro de quiebra a causa del egoísmo, la necesaria ayuda e inspiración para hábitos culturales más cordiales para la humanidad.

¿Por qué nos referimos a este tema, escuetamente, en un capítulo que busca aportar esclarecimiento con respecto a perversiones sexuales y el mal, originado por lo sexual? El acto sexual mismo es también una imaginación física de la vida espiritual. ¿Qué se reproduce a través del mismo? Es la actividad espiritual de la intuición y la comunión, vale decir, la COMPENETRACIÓN PLENA DE CONOCIMIENTO de un proceso o de un ser. Lo que anímico – espiritualmente vivenciado en la liberación de lo corporal es lo sublime, se convierte en bajeza total y hasta en contra – imagen perversa, cuando el otro es atacado en su integridad corporal o cuando es penetrado en contra de su voluntad.

El sano cuerpo físico es, en su bíblica semejanza a Dios, una imagen de saludable vida anímica y espiritual. Es por ello, que en nuestro lenguaje tenemos tantas palabras tales como: “¡arriba la cabeza!”, “¡afírmate sobre tus propios pies!”, “esa persona tiene una fuerte columna vertebral”, “es una persona vertical”, etc. En la enfermedad, en la imagen de la enfermedad, se reproduce físicamente una determinada facultad moral, o una cualidad, que va más allá de la vida anímica y espiritual y que corresponde a una facultad moral superior, o bien, se corresponde a la voluntad de la persona en cuestión, de querer aprender o querer manejar mejor, esta, o aquella capacidad, en razón de su situación evolutiva, o del destino personal.

¿De qué manera se ubica la sexualidad en este campo de discrepancia de salud – enfermedad? A ella le incumbe una particular posición intermedia. No es manejable simplemente por naturaleza, ni es una enfermedad, que debe ser curada. La función de los órganos de la procreación reproduce en lo físico, la misión espiritual de la toma de conocimiento y la comprensiva penetración. Visto biológicamente, es necesaria para la procreación de constituciones corporales individuales y puede servir en esa oportunidad a la vivencia del goce total en el cuerpo propio con la correspondiente activación positiva de muchos parámetros fisiológicos. Por tal razón, es elogiado asimismo como “saludable”.

Es evidente empero, de que incontables personas viven sanas también sin esa experiencia. Dado, que existe un estímulo de una envergadura aún mayor y sobre todo más duradero, en su efecto, de todas las funciones corporales: aquella, promovida por la actividad espiritual. Esta puede consistir en forma de una aceptación cordial y del tratamiento de los intereses de la vida diaria, o, en un trabajo espiritual independiente.

Es interesante a su vez, que cada una de las células de nuestro cuerpo, estando sana, está en condiciones de desarrollar hormonas sexuales en una dosis ínfima. (Gauer, Kramer, Jung: Fisiología del hombre, tomo 17, Viena 1972).

Puesto, que cada célula necesita para su segmentación, la presencia de vestigios de hormonas sexuales. Cuando luego las gonadas maduran, se desarrollan las características sexuales secundarias y el aumento hormonal promueve la pubertad y la madurez sexual, existe un exceso de aquello, que como ser humano precisamos necesariamente. Es por ello, que también p.ej. la menopausia no es una enfermedad que necesita un tratamiento, aún cuando pueden surgir problemas que requieren tratamiento.

La sexualidad del hombre puede ser tomada como símbolo real del hecho, que todos los hombres comparten: el hecho, de que aún no son seres humanos realmente, sino que están en camino a serlo. No solamente la diferencia entre varón y mujer promueve, de que tengamos consciencia del hecho de que tomemos en cuenta muchas cualidades, que aún no tenemos, que aún tenemos que adquirir.

Es menester reconocer asimismo en lo espiritual y llevar a la realización aquello que podríamos denominar: la continuación de lo creado por la naturaleza, mediante un trabajo anímico – espiritual, la creación de un ser humano que quisiéramos ser. Al respecto, Steiner nos dice:

“La naturaleza hace del hombre tan sólo un ser natural; la sociedad, un ser que actúa según las leyes; solamente él mismo puede constituirse en un ser libre”. Y: “Un ser libre es aquél, que puede QUERER (hacer) aquello que toma por correcto él mismo. (La filosofía de la libertad,GA 4).

En la rehabilitación de culpables y en los que cumplen una pena, estamos frente a difícil tarea, reconstruir, en penosos, pequeños pasos, la identidad humana perdida. En el tiempo del post-mortem, la consecuencia de los actos destructivos se encuentra de un modo tan impresionante frente al alma del así afectado, conjuntamente con la imagen espiritual, opuesta, que no fue alcanzada, habiendo sido entregada al abuso, que el ser humano en cuestión trabaja en condiciones para su re-encarnación que le brinden la oportunidad de un aprendizaje elemental, nuevo, de la humanidad. Sabe entonces, lo que tiene que buscar, y lo que le debe a sus víctimas – aún, cuando puede pasar mucho tiempo hasta que haya adquirido las facultades que necesita, para equiparar lo sucedido.